Después de publicar el año pasado la edición aumentada y definitiva de su libro ya clásico Protagonistas de la literatura mexicana (Alfaguara, 2005), Emmanuel Carballo acaba de ver la edición de su Diario Público 1966-1968 (México, Conaculta, 2005, pero en circulación a partir de 2006).El libro ha merecido con gran justicia poética el Premio Mazatlán de Literatura 2006.
Se trata de un tomo no sólo útil, sino pleno de amenidad y de extraordinaria información para conocer ese periodo fundamental de la historia de nuestro país y, muy especialmente, de la historia cultural y literaria.
En sus más de 500 páginas, el Diario Público de Carballo aloja una gran cantidad de referencias y de opiniones y juicios sobre una etapa decisiva de nuestras letras. Por ello, no le falta razón al autor cuando advierte lo siguiente: "Los juicios y prejuicios que doy a conocer en este libro son sólo míos. Si están escritos con pasión, están pensados con absoluta frialdad. Si del 66 al 68 fueron ´chismes´, hoy son historia en mangas de camisa: son el testimonio de un protagonista incómodo pero insustituible".
El Diario público de Emmanuel Carballo es, en efecto, la visión de un protagonista privilegiado de su época, que se torna testigo e historiador del desarrollo de las letras mexicanas en ese momento clave de nuestra historia (los años y los meses previos a los sucesos políticos de 1968).
Asiste al surgimiento de escritores como José Agustín y Gustavo Sainz; ve nacer Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; participa en el surgimiento de algunos escritores, y mantiene estrechas relaciones con importantes autores y editores lo mismo de México que de otros países de Latinoamérica (Argentina, Cuba, Chile, Colombia, etcétera).
En este libro Carballo es un cronista que utilizándose a sí mismo como materia prima da cuenta de lo que le rodea. Es apasionante saber, de pronto, qué es lo que ocurría en esos años en la literatura y la política cultural de México y Latinoamérica; cómo se comportaban los grupos intelectuales y cómo se protegían o se detestaban los integrantes de las camarillas.
Hay anécdotas de generosidad y de mezquindad intelectual, contadas con buena prosa y con eficaz punto de vista crítico. Abundan los episodios que ya sólo recuerdan, en la actualidad, los propios protagonistas o que ellos mismos han querido olvidar o sepultar. Por este motivo, dicho Diario público sacude hoy el polvo de muchas historias lo mismo edificantes que reprobables. Y esto lo convierte en un libro ilustrativo.
Pese al paso del tiempo (40 años), estas crónicas todavía se leen con gran provecho de actualidad. Una de las razones de que esto sea así reside sin duda en la sinceridad intelectual que puso su autor al escribirlas. Carballo sacó de la intimidad esas confesiones incómodas muchas veces y, perjudicándose en lo personal, benefició el ambiente literario en una lección de periodismo y literatura que, como era previsible, no podía durar mucho tiempo antes de desgastar a su autor: la gente quiere consuelo no verdades.
En este Diario público está el Emmanuel Carballo más vital, en una época en la que no ignoraba, ni se esforzaba por ocultar, su conciencia de ser a un mismo tiempo testigo y protagonista de nuestra literatura. Para los críticos, los investigadores, los estudiosos de las letras y la cultura y, en general, para los lectores ávidos, la publicación de este libro será todo un acontecimiento literario. Para los escritores y los lectores jóvenes será sin duda el feliz descubrimiento de una tardía novedad irreverente, indócil, iconoclasta y gozosa.
* Escritor