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Panorama Norteamericano
Eduardo Valle
25 de febrero de 2006

Primero dos y luego tres. Es decir: primero un diálogo bilateral entre los presidentes Bush y Fox, en Washington, por ahí del 24 de marzo. Y luego una reunión a la cual asista también el nuevo primer ministro canadiense Stephen Harper, a celebrarse en Cancún una semana después. En el primer encuentro se discutirían asuntos de violencia criminal en la frontera mexicano-estadounidense, y cómo consolidar una propuesta del presidente Bush en materia de migración y, en la segunda, el marco general sobre comercio y seguridad de los tres países, en función de la alianza norteamericana por la seguridad y la prosperidad. No parecen ser reuniones de protocolo y menos de despedida para el presidente Fox. Más aún si se toma en cuenta que en el presupuesto del gobierno federal de EU para el próximo año fiscal, ya hay partidas específicas destinadas para una propuesta migratoria de empleo temporal. Es decir, el presidente Bush tiene alguna seguridad de salir adelante con cierta variante de su solución de empleo temporal. Ya sea la extremista, la cual exige que la solicitud se haga desde fuera de EU, o la moderada, la cual demanda una multa para quienes decidan promover en EU su legalización como trabajadores externos.

La propuesta Bush, en cualquiera de sus variantes, no abriría paso a la residencia permanente de los trabajadores, como lo proponen algunos congresistas, ni mucho menos a una "amnistía"; una palabra rechazada con horror por los republicanos. "Los ilegales violaron la ley y no pueden ser recompensados con una amnistía; los ilegales, en el fondo, son criminales". Nada más que son millones de "criminales" necesarios y hasta indispensables en varias de las industrias básicas y en la agricultura. Por ello, para subsanar de alguna forma su criminalidad, deben mostrar cierto grado de arrepentimiento y redención pagando una buena suma de dólares. Y así: a trabajar en forma legal por algunos años. Como a los "criminales" eso es exactamente lo que les importa en el fondo -y no votar por republicanos o demócratas, la paz parecería llegar a los corazones al norte del río Bravo. Y Vicente Fox ganaría así un punto de gran importancia para el corto y el largo plazos. No habría obtenido la "enchilada completa" pero, en momentos de especial importancia, habría alcanzado una meta. A menos, ya conoce usted a los republicanos tan apegados "a la política local", que el Capitolio deje el tema pasadas las elecciones de medio término. Y le dé una bofetada a Bush en un asunto interno de gran relevancia; ahora, cuando la situación en el Medio Oriente se deteriora a ojos vistas, a pesar de los esfuerzos de una renovada confluencia estratégica trasatlántica.

Por lo pronto, para los tres mandatarios norteamericanos, la vida cotidiana los obliga a atender el asunto de las empresas criminales del narcotráfico. Los lectores atentos (si existen)de esta columna saben muy bien que la mariguana más potente del mundo, la de mayor calidad y precio, se cultiva en el estado de Washington y en la Columbia Británica. Desde hace años hemos llamado la atención en relación con este fenómeno criminal (la producción de mariguana) que afecta a toda la Costa Oeste de Estados Unidos. En el estado de Washington, la buena mariguana es la octava cosecha en valor, desplazando a las dulces y sabrosas cerezas. De igual forma, aquí para nadie resulta una sorpresa o novedad el involucramiento de las reservas indias fronterizas con Canadá en el contrabando de drogas, armas y personas. Como tampoco es nuevo el hecho de que la Patrulla Fronteriza, durante décadas, se concentró en combatir a los narcotraficantes mexicanos, de a pie o en aviones o en tractocamiones y camionetas, mientras la enorme, gigantesca frontera con "los primos del norte", los canadienses, quedaba prácticamente abierta y desprotegida. Cuestiones harto sabidas para casi todos. ¿Las excepciones?: el Congreso de EU y los planificadores de la Patrulla Fronteriza, quienes hasta hace poco tomaron conciencia del asunto.

Pues bien; resulta que el muy importante diario The New York Times, a partir del 19 de febrero, publicó una serie de artículos bajo el título "El bajomundo tribal", el cual trata en extenso de las relaciones entre personas influyentes en las tribus de indios del norte estadounidense con las empresas multinacionales del tráfico de mariguana, cocaína, metanfetaminas y otras drogas. En realidad, para el lector constante de esta columna (si lo hay) no aporta mucho de nuevo. Pero sí confirma algo que ya sabíamos, y trae al conocimiento público un nuevo fenómeno de amor y comprensión en el genero humano. Edward Barrett, un agente retirado de la Patrulla Fronteriza, narró a la reportera Sarah Kershaw una conversación sostenida con un traficante de drogas mexicano, cuando Barrett trabajaba como agente encubierto en la frontera mexicana con Texas. El narcotraficante le aseguró a Barrett que si no se podía hacer negocio en la frontera sur, él podía mover fácilmente la mercancía a través de Canadá y el "hoyo negro"; el nombre que los traficantes asignaban para las tierras de los indios Mohawk. El movimiento estaba garantizado en la reservación; no problema.

Pero lo más llamativo en el primer artículo de la serie es el descubrimiento, en esos días del amor y la amistad, de que en un creciente número de reservaciones, los narcotraficantes, en especial los mexicanos, se casan con mujeres de las tribus para establecerse con mayor firmeza y seguridades en esos territorios. ¡Oh, el amor!; todo se vale. Pero más allá de las flechas de Cupido en terrenos con algún grado de autonomía, lo cierto es que las fronteras de las tres naciones están sujetas a las presiones de las empresas multinacionales del narcotráfico y el crimen organizado. Vale la pena anotar que en el caso de la frontera canadiense, las drogas van al sur, mientras las armas van al norte, mientras en el caso mexicano, las armas van al sur y las drogas van al norte. Un fenómeno de desarrollo desigual y combinado, diría León Davidovich Bronstein (a) Trotsky.

En función de estas circunstancias reales y documentadas día con día en todos los niveles, resultan indignantes las tesis simplonas y hasta ofensivas del actual gobierno mexicano. Primero nos dijeron que la violencia criminal desatada en muchos lugares del país era producto de reacomodos y luchas por rutas y territorios de los cárteles. Esta "tesis" comenzó a derrumbarse cuando, por ejemplo, periodistas de El Imparcial y El Mañana de Nuevo Laredo fueron secuestrados y desaparecidos. O simplemente asesinados. ¿Qué tienen que ver estas desapariciones y muertes con "la lucha por el control de rutas"? ¿Cuál es la relación de los trabajadores de los diarios como El Mañana de Nuevo Laredo, ametrallado su local, con los conflictos entre gángsteres? Podrían dar algún dato sobre esto las autoridades como Eduardo Medina-Mora Icaza, el titular de la SPP federal? Y ahora, llegó lo nuevo con el nuevo año: "La disputa violenta entre cárteles de la droga por controlar diversas plazas del país no está fuera de control". ¡No está fuera de control! Que vayan Medina-Mora y el procurador Cabeza de Vaca (no el alcalde de Reynosa, tan bien relacionado con los Pedros y Pablos de Monterrey) a Veracruz, donde hasta el gobernador exige que la PGR no sólo "atraiga" los múltiples homicidios y hechos de violencia, sino deje de imitar al Lonje Moco y los resuelva.

Como resulta evidente: a un duro profesional como Dimitri Negroponte, el director de inteligencia de EU, no se le pueden regalar paletas de dulce para su cumpleaños. Y si Bush y hasta Perry, el gobernador de Texas, le dicen al presidente Fox y a los gobernadores del norte mexicano, que ya hay muy poco oculto y la situación en la frontera se deteriora ante los ojos del mundo, con todos los elementos a la mano para que las autoridades actúen, y hasta Fidel Herrera en Veracruz reclama con razón, aunque al diputado Jorge Uscanga no le guste, entonces las tesis simplonas y hasta ofensivas debilitan al jefe de Estado y de gobierno mexicano en esas conversaciones. Aun cuando no se note en el más alto nivel diplomático.

mvalle131@aol.com


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Eduardo Valle se graduó en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM. Fue dirigente del Partido Mexicano de los Trabajadores, diputado federal y asesor del procurador general de la República, Jorge Carpizo. Desde hace algunos años reside en los Estados Unidos.
 
 

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