PORTADA | AVISO OPORTUNO | MINUTO X MINUTO | DISCUSIÓN | TU DINERO | MULTIMEDIA |GUIA DEL OCIO
   El Mundo  |   México  |   Elecciones 2006  |   Los Estados  |   DF   |   Finanzas  |   PyMES  |   Deportes  |   Espectáculos  |   Cultura  |   Estilos  |   Computación 
 
 
 
Itinerario Político
Ricardo Alemán
22 de febrero de 2006

DF: izquierda fracasada

LA escandalera en torno de los cadáveres que cargan cada uno de los más aventajados presidenciables -los casos de Arturo Montiel y El Precioso , en el PRI; de los Bribiesca Sahagún en el PAN, y del ex priísmo que se asaltó al PRD- prácticamente ha relegado a segundo término la elección al gobierno del Distrito Federal y su impacto en la historia político-electoral mexicana, en donde si bien aún no arranca de manera formal la contienda proselitista, ya es posible presentar una resultante: el regreso del Revolucionario Institucional.

En efecto, todos aquellos que se espantan de los escándalos Montiel y del "góber precioso", los que se asustan del potencial regreso del PRI al poder presidencial, parecen cerrar los ojos ante una terca realidad que se vive en el DF, que asoma por todas partes, que la exhiben todos los partidos con posibilidades reales, que se desborda en todas las encuestas. La realidad de que el PRI ya regresó al poder en el DF. Y peor aún, sin necesidad de haber ganado en las urnas. El PRI regresó al gobierno de la capital del país por obra y gracia del dedazo.

Como todos saben, los tres principales partidos políticos con presencia real en la capital del país ya han seleccionado a sus respectivos candidatos a la Jefatura de Gobierno capitalino. Los agraciados son -nombrados en el orden que les asignan algunas encuestas-, Marcelo Ebrard Casaubón, Demetrio Sodi de la Tijera y Beatriz Paredes Rangel. ¿Qué tienen de peculiar los tres candidatos de los más influyentes partidos? Casi nada, que los dos primeros tienen un reconocido origen priísta, y que la tercera es la candidata oficial del PRI.

Y en efecto, antes que militantes de tal o cual partido, cada uno de los tres son personas, ciudadanos con derechos plenos y aspiraciones legítimas. Pero también es cierto que la vida política de cada uno está estrechamente vinculada con un partido de origen, el PRI, del que los dos primeros salieron -por las razones que se quiera- para continuar sus respectivas carreras políticas en otras formaciones partidistas, y del que la señora Paredes nunca se ha desvinculado.

Pero lo interesante del asunto es que los tres representan, además de sus personales estilos de ver y operar la política y el ejercicio del poder, un proyecto político partidista en el que nacieron, crecieron y maduraron, a pesar de que a la vuelta de los años los dos primeros reniegan de ese origen. Es seguro que de entre los tres saldrá el próximo jefe de Gobierno -lo que supone que de cualquier manera, alguna versión del PRI regresará al poder en el DF-, pero según todas las encuestas el ganador indiscutible será Ebrard, el candidato impuesto por AMLO, el que fuera secretario de Gobierno en la regencia de Manuel Camacho durante el gobierno de Carlos Salinas.

Y por supuesto habrá quien diga que Marcelo Ebrard dejó de pertenecer al PRI desde hace años, lo cual es cierto, y hasta habrá quien defienda la definición chabacana de López Obrador, de que "la enfermedad del PRI se cura con el tiempo", lo cual no pasa de ser una broma engañabobos. En efecto, muchos de quienes hoy forman "la burbuja" de AMLO, y el mismo candidato presidencial del PRD tienen un marcado origen priísta y con el tiempo se han desvinculado de ese partido. ¿Pero han pasado la prueba del no priísmo? O mejor aún, ¿han pasado la prueba de pertenecer a la izquierda mexicana, esa que ayer combatieron con toda intensidad y de la que hoy se dicen defensores convencidos?

Lo cierto es que nadie puede asegurar que Ebrard es un político formado, identificado y emparentado con la izquierda, a la que combatió desde su trinchera de priísta-salinista, en los tiempos en que era el brazo derecho de Manuel Camacho. Y ese signo distintivo, el que los tres más aventajados candidatos a la Jefatura de Gobierno sean de origen priísta, y que el casi seguro ganador de la contienda sea un reconocido priísta-salinista, como Marcelo, no es más que la mejor señal del fracaso del más importante partido político que ha dado la izquierda mexicana.

En 1997, con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, un joven PRD le arrebató al PRI el gobierno del DF, la plaza política y de gobierno más importante después de la Presidencia de la República. Ese triunfo detonó las posibilidades electorales de la entonces naciente izquierda mexicana. Pero, por paradójico que parezca, también marcó el inicio de un proceso de transvase que casi una década después terminará en el regreso del PRI, o de un sector de ese partido, al poder en el DF, sólo que a través de las siglas del PRD.

A nueve años de distancia, ¿qué queda del PRD que echó al PRI del gobierno capitalino? Nada. Numerosos grupos de ese PRI desplazado en 1997 asaltaron literalmente al PRD, con la ayuda de López Obrador y de grupos como Los Chuchos, entre otros, al grado de que esos clanes del viejo PRI están de vuelta sin siquiera tener que competir por el gobierno que los capitalinos les arrebataron en las urnas. ¿Por qué no es candidato al GDF un político surgido de la izquierda, o heredero de esa izquierda que echó al PRI del poder en el Distrito Federal?

Porque el proyecto de lo que hoy conocemos como el PRD, el de AMLO, no es de izquierda, sino una mentirosa versión del PRI que, una vez que se apoderó del control del partido de la izquierda, impulsa desde esa plataforma las mismas ambiciones personales que anidaban en el PRI, y lleva adelante sus muy íntimos ajustes de cuentas. Por eso el realineamiento en las siglas del PRD de todo ese PRI resentido del gobierno de Salinas y enemigo del gobierno de Zedillo. Por eso se puede afirmar que la izquierda mexicana ha fracasado en el DF y fracasará, como fracasó el PAN con el gobierno de Fox, en su lucha por alcanzar el poder presidencial.

Sólo los ilusos creerán que el eventual gobierno de AMLO podría ser un gobierno de izquierda, del PRD. Sería, en todo caso, el regreso del PRI anterior a Salinas y Zedillo. Y si no se cree, al tiempo.

En el camino

Bernardo de la Garza, el "cachirul" candidato presidencial del Partido Verde, se quejaba, en público y en privado, que los cartonistas de los diarios lo dibujaban "como una prostituta", luego de que al estilo del mejor postor declinó sus férreas y congruentes aspiraciones presidenciales para apoyar a Roberto Madrazo. Pobre hombre, víctima de la maldad de los insensatos caricaturistas. Luego dijo que no, que Madrazo siempre no era el mejor, y decidió salir de la candidatura del tabasqueño para escuchar ofertas del PAN, el partido que a estas alturas cree que Bernardo de la Garza tiene un gramo de credibilidad. Y sí, al final, el humor de los cartonistas era más que justificado... Por cierto que en las elecciones locales del estado de México, que tendrán lugar el 12 de marzo, el diputado federal del PRI, Adrián Fuentes Villalobos, es un aventajado candidato al municipio de Huixquilucan. Y dicen los que saben que tiene todo para "hacer la chica".

aleman2@prodigy.net.mx


El Universal| Directorio| Contáctanos| Avisos Legales| Mapa de sitio
© 2006 Copyright El Universal-El Universal Online, México.


 
Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
 

  • Se derrumba Madrazo
    21-febrero -2006
  • Marín: la otra historia
    20-febrero -2006
  • Antipolítica, los mandamientos
    19-febrero -2006
  • Primera batalla
    16-febrero -2006
  • ¡Basta de secuestros!
    15-febrero -2006

  •  

    Enviar por email
    Versión para imprimir
    Agrandar tipografía