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Efraín recuperadoEstamos en el tiempo de escritores y poetas puestos a la gloria de los cuatro vientos para gozo de quienes ya estamos hartos de estatuas de militares y políticos llevados a las plazuelas, las placas callejeras y todo tipo de monumentos funerarios. Pero este nuevo tiempo de cumpleaños y cumplelibros y cumple todo, tiene sus riesgos, ya que bien podemos dejarnos llevar por unas ciertas modas y por unos ciertos panegiristas y aun por ciertos aplaudidores por conveniencia. Quiero decir que no me parece mal que se celebren tantos aniversarios literarios, pero siento que a fuerza de iluminar ciertas zonas, otras se están quedando en tinieblas. Hoy encuentro entre mi cargamento de libros un ejemplar editado por Joaquín Mortiz en 1977 titulado Circuito interior. Lo firma y me lo dedica el poeta Efraín Huerta en febrero de ese mismo año. No es que Efraín esté sumido en esa oscuridad a la que me refiero, pero sí parece que lo tenemos alejado del aplauso de academias y organizaciones literarias. Así que tomo el libro, editado en pastas blandas y verdes, y entro en el gozo que con los aparentes poemas menores iba dejando a lo largo de su camino este creador tan pospuesto ahora. Nuestras vidas son los ríos que van a dar al amar. Que es el vivir . Decía Efraín, sonrisa entre torcida y burlona. Y también decía que los bares lo acosaban como viejos leones. Tengo el libro entre las manos y bien pudiera buscar nuevos versos que a mí me dicen mucho. Pero no quiero entrar en el laborioso sistema de ovaciones para las más bellas letras. Bienvenidos, aceptemos los hechos sin denunciar un cierto pudor maltratado, pero era hoy irremediable que apareciera, de pronto, este libro entre mis manos. Un libro editado con una portada verde que acabo de convertir en un monumento breve, como a Efraín le gustaban los versos.
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