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Propuesta para discutirEl grupo financiero BBVA-Bancomer presentó hace unos días una propuesta de programa de gobierno que bien vale la pena que se discuta con seriedad. Restan poco más de cuatro meses para la elección presidencial y es tiempo de separar la paja del trigo. Me temo que habrá más paja que trigo en este lapso. Y es que las campañas electorales, desafortunadamente, no son los mejores momentos para el planteamiento de propuestas económicas inteligentes y realistas que apuntalen el bienestar de los ciudadanos en el largo plazo, que es el fin de toda política pública. Se trata de ganar la elección y en esa guerra todo se vale: se implementan discursos ligeros e insustanciales, llenos de promesas que la gente quiere escuchar aunque estén alejados de la realidad, y ataques al contrario con argumentos falaces pero de alto impacto mediático. Solo revise lo publicado por la prensa en estos últimos días y no tardará mucho en reconocer dónde está la arena de combate electoral: ¿En los argumentos y las propuestas o en la mercadotecnia y guerra verbal? En la construcción democrática que nos hemos empeñado como sociedad, un factor fundamental de éxito es el grado y la calidad de información que poseen los ciudadanos para elegir, para evaluar y para demandar a los gobernantes cuando se requiera. Es allí en donde los medios de comunicación juegan un papel relevante como ´puentes´ entre la sociedad a la que informan y los círculos de poder que transmiten sus mensajes. El cuestionamiento crítico -esencia misma del quehacer periodístico- se convierte en una poderosa herramienta de información ciudadana para descubrir los abusos en el ejercicio del poder, la frivolidad en la actuación pública, y el populismo seductor que corroe las instituciones. La posesión ciudadana de una mayor calidad en la información para tomar decisiones se convierte -entonces- en un factor crucial de cara a la elección presidencial. Pero quitar la paja del trigo no es una tarea fácil porque los intereses del poder político hacen todo lo posible por evitarlo. Esa es la historia del llamado Pemexgate -una mezcla de incapacidad y de complicidad entre PRI y PAN-; del caso de enriquecimiento inexplicable del ex gobernador priísta Arturo Montiel en el estado de México; de los abusos e ilícitos cometidos por el ex secretario de finanzas del gobierno perredista en el Distrito Federal, Gustavo Ponce; o, ahora, del caso de enriquecimiento de los hijos de Marta Sahagún, la primera dama del país. Todos estos son casos de grandes titulares periodísticos, pero que en ninguno de ellos se avanza más allá de los insultos y de las acusaciones mutuas. Al final, el silencio conveniente para los grupos de poder es el que prevalece. Productividad, clave del debate Los ciudadanos corren el riesgo de llegar a las urnas sin información sustantiva que les permita tomar una decisión razonada. Con más paja que trigo en las manos y, por lo tanto, con el riesgo de que aquello de "la decisión del pueblo es la voz de Dios", sea una farsa orquestada desde la conveniente posición de quienes aspiran a la silla presidencial. Por ello es que se requiere insistir hasta el fastidio -con candidatos y equipos de campaña- por las ideas de gobierno, por las agendas de políticas públicas y por las propuestas y acciones específicas sobre cada una de ellas. Hay que insistir hasta el cansancio por el debate de ideas: ¿cómo van a dar a la ciudadanía mayores empleos?, ¿cuál es su propuesta para mejorar el ingreso de las familias mexicanas?, ¿cómo van a atraer la inversión extranjera al país?, ¿qué harán para incrementar los escasos ingresos fiscales que tiene el gobierno federal?, ¿cuál es su propuesta concreta para darle viabilidad a las pensiones de las instituciones de seguridad social?, ¿cuál es su postura respecto de la educación básica en nuestro país, qué acciones específicas emprenderán y de dónde sacarán los recursos para financiar la transformación y el impulso educativo y tecnológico que requiere México?, ¿qué acciones hacia la mediana y pequeña empresa se implementarán para aprovechar los tratados comerciales que tiene firmados México con diversos países del mundo?, ¿cómo piensan garantizar el abasto de energía para las próximas décadas? El Grupo Financiero BBVA-Bancomer presentó en días pasados un planteamiento ("Diez acciones para impulsar la productividad y el bienestar", véase en www.bancomer.com) que es un buen punto de partida para que los candidatos presidenciales discutan ideas centrales que requieren respuestas y posicionamientos inmediatos por su trascendencia. La pregunta central que se hacen los economistas del grupo financiero es, ¿cómo mejorar el bienestar de los mexicanos? La respuesta que encuentran es simple: La disponibilidad de los recursos y la capacidad productiva con que éstos se utilizan, son factores fundamentales para el crecimiento económico. Y dado que México es un país con una gran disponibilidad de población joven, con una ubicación geográfica estratégica para los negocios y con una abundancia de recursos naturales, está claro que "la baja capacidad productiva de México es la principal barrera para su desarrollo". Un dato que arroja la investigación del economista del FMI, Ebrima Faal, es revelador en este sentido: "desde 1980 la productividad del país ha sido negativa, mejorando solo tras su apertura comercial y otras medidas económicas". En el periodo 1980-2003 la aportación de la productividad al crecimiento de la economía fue de -0.5 puntos porcentuales, cuando la economía creció en 2.6 puntos porcentuales. El asunto ahora es qué se requiere para generar ganancias en productividad en la economía. Según el planteamiento de los economistas de BBVA-Bancomer, un factor es indispensable: el marco institucional que provee el Estado y que abarca por lo menos tres áreas: "la suficiente provisión de bienes públicos por parte del Estado (seguridad, justicia, estabilidad macroeconómica y creación de infraestructura básica), la eficiente operación del sector público y la ampliación de oportunidades de producción o libertad económica para los particulares". Si bien en México se ha avanzado en estos ámbitos, éste avance es insuficiente y los obstáculos a la productividad han adquirido diversas formas. "En México éstos aún van desde medidas de protección a ciertas industrias hasta prohibiciones a la participación de particulares en diferentes sectores económicos, pasando por controles de precios, impuestos que generan altas distorsiones, trámites burocráticos y complejas y excesivas regulaciones federales y locales. Frente a estos obstáculos, el Estado debe de reasumir su papel central en el desarrollo y fortalecer sus instituciones para garantizar a los particulares la igualdad de condiciones para producir y competir en la economía formal. Ello crearía incentivos adecuados para una mayor producción, inversión y empleo, pero también abriría nuevas oportunidades y generaría recursos para que el Estado pueda atender de manera más eficiente las necesidades de la sociedad y en especial de la población más pobre". Si la baja productividad es efectivamente el punto de partida para abordar el escaso crecimiento económico y la distribución del ingreso y, en esto existe coincidencia plena entre las diversas posturas de los equipos de campaña; será importante analizar y confrontar cómo cada uno mata sus pulgas para generar ganancias en productividad y en el marco institucional del país. Es allí en donde está el debate. En el ámbito económico; en el bienestar que esperan obtener los ciudadanos y sus familias en los próximos años, y en cómo cada aspirante presidencial afronta los retos del rezago productivo que vive el país. sgarcia@elsemanario.com.mx
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