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Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
13 de febrero de 2006

Fox: la democracia soy yo

El presidente de este país parece empeñado en pasar a la historia como una copia ranchera de Luis XIV. San Cristóbal igualito a Versalles, no más que acabe de fincar. Aunque es muy probable que todo sea obra de la casualidad y que don Vicente no tenga ni la más remota idea de quién fue don Luis. El caso es que de cualquier manera parece una pésima copia de aquel autárquico que pasándose por el arco del triunfo pueblo, Iglesia, leyes y Corte se definió simple y llanamente: "el Estado soy yo".

Fox está terminando su gobierno de la peor manera posible: como una caricatura de monarca caprichudo; cuando podría haber perdurado como un hombre de Estado que entendió su papel en la reafirmación democrática del país. Eso y nada más es absolutamente exigible al Presidente y eso es precisamente lo que no está haciendo.

Todo lo contrario: Fox está traicionando a la nación y a la democracia; más aún, lo hace con recursos que nos pertenecen a todos y cada uno de los mexicanos, por lo que cabe añadir el agravante de estafa. Eso y no otra cosa significa la campaña burda dispendiosa y asfixiante con que el todavía habitante de Los Pinos nos agrede y aturde mañana, tarde y noche. Un aplastante alud de spots publicitarios por radio y televisión que, además, ofenden a cada instante nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia. Porque cualquiera, con un mínimo grado de discernimiento, advierte la trampa que su campaña encierra. Primero la autoexaltación impúdica de logros reales o ficticios en caminos, escuelas, viviendas o lo que sea. Eso es lo de menos. Lo grave es que cada "mensaje a la nación" termina igual, con las mismas frases odiosas y ya para nada subliminales: "Si seguimos por este camino, mañana México será mejor que ayer". Conste "que ayer", porque la maña del fraseo evita la comparación con el hoy o el ahora que a Fox corresponden. De cualquier manera, lo que está diciéndonos el Presidente es que votemos por el continuismo y que evitemos el pasado representado por el PRI -durante 70 años-, pero también por el PRD. Y es que el esposo de la señora Marta se atribuye dotes adivinatorios y asegura que un gobierno de izquierda reeditaría una versión al estilo de los años 70. Por eso una y otra vez nos harta con sus cantaletas sobre el populismo. Ni modo, es su aldeana interpretación de nuestra etapa contemporánea.

El caso es que sólo le falta decir -porque no se atreve- con todas sus letras: "Voten por Felipe Calderón, el candidato del PAN... mi candidato". Sería el colmo, pero desnudaría su verdadera intención. Mientras tanto, por abuso o por ignorancia, Fox está atizando una hoguera de incalculables proporciones: en lugar de refrendar la democracia, nos encamina a una elección de Estado; él sí intenta regresarnos al autoritarismo del pasado, al México predemocrático. Y eso es inaceptable. Porque Fox es, aunque sus limitaciones le impidan reconocerlo, un mandatario. Y entre los mandatos que recibió de la mayoría de los mexicanos en el 2000 está la preservación del tránsito democrático. Ahora se comporta como un absolutista que pretende prolongarse en el poder sin límites jurídicos.

Su desfachatez ha llegado a niveles de escándalo: además de que ya no lo soportan los habitantes de este país a los que ha llevado a la náusea audiovisual, ahora también los opositores han agotado su paciencia. Apenas este jueves el pleno de la Cámara de Diputados aprobó un punto de acuerdo para que se inicie una controversia constitucional en contra del Ejecutivo federal, por el uso de los tiempos del Estado para difundir programas sociales con tintes electorales. Está claro que la propuesta fue impulsada por las bancadas de PRI y PRD y que los panistas, como era de esperarse, se opusieron. Simultáneamente los priístas empujaron otro punto de acuerdo para que Vicente Fox conteste la carta de Roberto Madrazo, en la que le plantea no entrometerse en el proceso electoral. En tanto el PRD adelanta que el próximo miércoles planteará ante el IFE y la Fepade una denuncia en el mismo sentido y documentada con monitoreos y tarifas sobre los cientos o tal vez miles de millones de pesos que Fox ha dispuesto de las arcas públicas para promover al candidato del PAN y combatir a los de PRI y PRD. El propio Andrés Manuel López Obrador le ha espetado tres preguntas demoledoras: ¿dónde está el demócrata Fox utilizando el gobierno, la institución presidencial con mensajes en radio y televisión para ayudar al candidato de su partido? ¿No le parece que eso es una falsedad, una hipocresía, un cinismo? ¿No le parece que un hombre de Estado no debe actuar de manera facciosa?

Lo peor del caso es que la respuesta de la Presidencia a esta creciente indignación general y de los contendientes es una aberrante y gigantesca provocación: "El Presidente tiene una clara concepción de lo que conviene a este país", ha dicho el vocero, justificando nada menos que una elección de Estado, una nueva versión -ahora blanquiazul- del fraude patriótico priísta.

En suma, de cuándo acá Vicente Fox ha demostrado la mínima cultura, conocimiento de la historia y entendimiento de México y su circunstancia como para pretender erigirse en gurú iluminado o dictador embozado.

Y aunque así fuera, nada le da derecho a intentar influir en el resultado de una elección que el país demanda equitativa y transparente y que él se empeña en seguir deformando y ensuciando.

Eso es inadmisible. Así que más vale que lo piense dos veces.


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Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
 

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