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Danza de ´esqueletos´Durante semanas insistimos sobre el riesgo latente de que vieran la luz los "esqueletos" que guardaban cada uno de los presidenciales, sobre todo los tres más aventajados: Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo. Y en efecto, sólo era cuestión de tiempo para que reaparecieran ante el respetable los fantasmas "Bejarano", "Montiel" y el no menos escalofriante "Bribiesca-Sahagún". En el confuso escenario electoral, en medio de esa danza macabra en que se ha convertido la contienda presidencial, reaparecieron los tres "esqueletos" que a su sola mención suman descrédito a los más favorecidos pretendientes presidenciales. Acaso por eso resultó urgente para dos de ellos un deslinde público. Así, Felipe Calderón y su partido, el PAN, igual que Roberto Madrazo y el priísmo todo, se desmarcaron de los fantasmas "Bribiesca-Sahagún" y "Montiel", respectivamente. Pero en donde al parecer no se entiende el fuerte impacto negativo del fantasma de los "Bejarano" es en el cuartel de Andrés Manuel López Obrador. Y es que muchos creen que el impacto negativo de los videoescándalos ya fue superado -lo cual es cierto-, pero lo que no se quiere aceptar es que los Bejarano siguen vigentes, ahí están, y aparecen detrás del "otro escándalo", el de la clausura del hotel María Isabel Sheraton. ¿Y qué con eso?, podría preguntar alguien. Pues nada, que si se descuidan en el cuartel de campaña del tabasqueño, el escándalo del Sheraton se puede convertir en el Waterloo de Andrés Manuel López Obrador. Y no es una exageración. AMLO, de carne y hueso Resulta que la decisión de "meter la mano" en el escándalo de los funcionarios cubanos expulsados por directivos del hotel Sheraton, a petición del gobierno de Bush, no sólo fue un monumental error político, estratégico y electoral del PRD, de su candidato presidencial y de los gobiernos municipales de ese partido, porque le quitó al gobierno de Vicente Fox una buena parte de la responsabilidad por la presunta o real intromisión del gobierno estadounidense en asuntos de soberanía mexicana, sino que mostró ante los ojos de propios y extraños, de locales y foráneos, el carácter faccioso de los gobiernos del PRD. Es decir, que cuando en un gesto político patriotero, emparentado con una aldeana vendetta política, la delegada de la demarcación Cuauhtémoc, Virginia Jaramillo, anuncia la clausura del hotel Sheraton, más que promover una sanción al establecimiento mercantil -que sin duda se encontraba en falta-, lo que muestra es que gobiernos del PRD -como lo será el de AMLO a nivel federal, si es que gana la contienda presidencial del 2 de julio-, parecen estar dispuestos al uso del poder no como un instrumento para regular la convivencia ciudadana o para reglamentar los giros comerciales, sino para cobrar venganza de presuntas afrentas contra la soberanía nacional. De golpe y porrazo el escándalo pasó de una grosera intromisión del gobierno de Bush, y de una tibia y hasta timorata reacción del gobierno de Fox -condenables tanto una como la otra-, a una grotesca respuesta patriotera del gobierno municipal de la delegación Cuauhtémoc. La clausura decretada por la delegada Virginia Jaramillo -quien fuera una estrecha colaboradora de la señora Dolores Padierna y uno de los cuadros destacados del grupo de René Bejarano-, no dudó en acreditarse la clausura como un "acto patriótico". Para propios y extraños se trata del peor de los mensajes que se pueden enviar en tiempos político electorales. ¿Cuál es ese mensaje? Que los gobiernos surgidos del PRD son capaces de ridículos como ése, el de buscarle mamaderas a las culebras, para vengar las muy personales interpretaciones del honor patrio mancillado. Respuesta facciosa, si no es que fascista. Hoy se sabe que la locuaz delegada no actuó de motu propio, sino que por lo menos hay sincronía entre los deseos de castigos ejemplares ideadas por hombres cercanos a López Obrador, en torno al escándalo de los cubanos expulsados por directivos del Maria Isabel Sheraton, y la sanción aplicada al citado hotel. "Pero, ¿qué necesidad?", dice un clásico de Juan Gabriel. Y es que si entre empresarios mexicanos, inversionistas extranjeros y electores nacionales de a pie existía alguna duda de la forma arbitraria, facciosa y vengativa en que podría actuar un gobierno federal surgido de ese PRD que hoy dice representar a la izquierda mexicana, las dudas quedaron despejadas. Y el escándalo es mayúsculo, igual que el error político, electoral y estratégico, porque la aldeana guerra lanzada por ese PRD no fue contra una miscelánea o un hotel de mala muerte que no cumplía las normas, sino contra un establecimiento mercantil que simboliza las multinacionales estadounidenses. Es una muestra de lo que podría hacer un hipotético gobierno de López Obrador. Un gobierno de locuaces que usa el poder para sus muy personales venganzas ideológicas. Y no, no justificamos aquí la grosera intromisión del gobierno de Washington en territorio mexicano. Está claro que se trata de un asunto que compete a la diplomacia mexicana, harto cuestionada por la forma timorata en que reacciona frente al imperio del norte. El escándalo debió quedar en ese terreno, el de la protesta diplomática y la sanción política, con el saldo negativo para el gobierno federal y con las repercusiones para el candidato presidencial de Acción Nacional, que nos guste o no aparece como el representante del continuismo. Pero cuando la torpeza de los operadores políticos de López Obrador ordena meter la mano en el tema, cuando exaltan de esa manera el supuesto "patriotismo", lo único que consiguen es no sólo mostrar la visión aldeana del candidato perredista y de sus cercanos, sino convertirlo en el enemigo público número uno de quienes, de dentro o de fuera, hacen negocios en México. El efecto ya es visible entre organizaciones empresariales, entre sectores financieros y, sobre todo, entre pequeños empresarios nacionales quienes recuerdan, como un ejemplo para cerrar el círculo, la forma facciosa en que fue tratado el caso de los videoescándalos, que llevaron a René Bejarano a prisión, a una prisión de lujo y con un juicio a modo, mientras que el otro responsable, el empresario Carlos Ahumada, es tratado prácticamente como un preso político. Quienes idearon la torpeza de meter la mano al asunto del Sheraton, desde la campaña presidencial de López Obrador, debían ser despedidos de esa campaña, porque al parecer, sin darse cuenta, pavimentan el camino de la derrota electoral del tabasqueño. Juegan con fuego. Ay mis hijos... Y en el otro flanco las cosas no andan mejor. Aquí advertimos del riesgo que para Felipe Calderón significaba el escándalo del repentino enriquecimiento de los hijos de la señora Sahagún. Sin que exista una indagatoria judicial, sin que existan pruebas contundentes, y a partir de una defensa a ultranza desde el poder presidencial, los jóvenes Bribiesca Sahagún aparecen ante la opinión pública como un puñado de beneficiados del tráfico de influencias que da el poder presidencial, el mismo que durante décadas cuestionaron los panistas custodios, y que fue una de las banderas del entonces candidato Vicente Fox. ¿Cuál era el mensaje que enviaba antes de julio de 2000 el candidato Vicente Fox, cuando apelaba a "aplastar las víboras prietas, las tepocatas y los alacranes güeros"? El mensaje era ése, el de acabar con los abusos sexenales, con las "camadas de ricos" que salían de cada gobierno sexenal. Y precisamente eso es lo que hoy ve la opinión pública en la familia Bribiesca Sahagún. Está claro el explosivo florecimiento empresarial de los jóvenes Bribiesca Sahagún, está claro que ese crecimiento empresarial se debió a la influencia de la señora Sahagún. Pero lo que no está claro es la salida legal que se le deberá dar a ese escándalo. Pero resulta contundente el impacto que en la opinión pública, entre los electores, tiene esa campaña mediática contra los jóvenes Sahagún Bribiesca, quienes no sólo no han podido eludir el escándalo y la presunta responsabilidad, sino que aparecen ante la opinión pública como los protegidos del poder. Cuando el presidente Vicente Fox insiste de manera pública que no hay nada ilegal en la actividad empresarial de los jóvenes Sahagún Bribiesca, y cuando la señora Marta Sahagún declara que sus hijos "pueden hacer lo que quieran", lo único que se consigue es reafirmar la irritación social y abonar puntos negativos a la campaña presidencial de Felipe Calderón. Por eso, el pasado lunes se produjo un encuentro, casi secreto -pero que a pesar de sus fuertes implicaciones político-electorales fue revelado por el diario La Jornada-, entre el presidente Fox y el candidato Felipe Calderón, con intermediación de la dirigencia del PAN. El tema tratado fue precisamente el escándalo provocado por el éxito empresarial de los hijos de la esposa del Presidente, y la estrategia a seguir para desactivar sus efectos negativos para el candidato presidencial de Acción Nacional. Y se decidió otra brillante idea. Deslindar al candidato Felipe Calderón y a la dirigencia del PAN de los jóvenes Bribiesca Sahagún, quienes según se dijo, "no son hijos del candidato, no son panistas, y no son funcionarios públicos". Brillante conclusión la del presidente del PAN, Manuel Espino. Pero además, y como parte de ese deslinde, desde la casa presidencial se ordenó a la Secretaría de la Función Pública -pomposo nombre que en el gobierno del cambio se le impuso a la Contraloría-, que llevara adelante las indagatorias sobre las presuntas irregularidades en las empresas de los hijastros del Presidente. Más aún, la SFP designó como investigador a un funcionario de extracción priísta, como para darle validez a las indagatorias. Pero todo indica que es demasiado tarde, ya que el caso Bribiesca Sahagún se vincula de manera directa con el fantasma que en su propia candidatura presidencial carga el señor Roberto Madrazo Pintado. Montiel por Montiel Resulta que gracias a un acuerdo cupular, el PRI y el PAN decidieron en la Cámara de Diputados terminar con las indagatorias del caso Bribiesca Sahagún. Ese acuerdo fue a cambio de que también desde lo más alto del poder se terminaría con la persecución del ex gobernador mexiquense, Arturo Montiel, a quien le aparecen propiedades un día sí y otro también. Un buen día la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, de los negocios de los hijos de Marta Sahagún, dio por terminadas sus indagatorias, en tanto que cesó la persecución judicial contra Arturo Montiel, a quien exoneraron la PGR y la Procuraduría del estado de México. Pero otro buen día, los acuerdos se rompieron, y en tanto que el PRI en San Lázaro anunció que restablecía la Comisión Investigadora de los negocios de los jóvenes Bribiesca Sahagún, aparecieron nuevas propiedades presuntamente de la familia Montiel-Versini. ¿Qué pasó? ¿Qué se rompió? Que si Madrazo no quiso pagar el costo del acuerdo, que si Montiel se negó a ser el chivo expiatorio, que si influyó la presión de Andrés Manuel López Obrador, quien bajo la manga tendría cartas explosivas. Son muchas y muy variadas las especulaciones sobre el tema, pero lo cierto es que reaparecieron los "esqueletos" que deben cargar los candidatos presidenciales Felipe Calderón y Roberto Madrazo. Al final de cuentas sigue viento en popa la guerra en torno a los Bribiesca Sahagún y Montiel. Al tiempo que Roberto Madrazo teje acuerdos con sus otrora adversarios irreconciliables como Francisco Labastida Ochoa y Diódoro Carrasco, a quienes incorpora en su campaña y les ofrece cargos de elección popular, en el PRI cierran filas en contra de Arturo Montiel, a quien nadie quiere en el PRI y menos en la candidatura de Madrazo. El propio candidato presidencial del PRI dijo que en ese partido no hay lugar para el ex gobernador mexiquense, a quien no le tocará ni una candidatura a diputado local, los otrora apoyadores de Montiel, quienes se agruparon en el llamado Tucom, también se deslindan. Montiel parece destinado a ser el chivo expiatorio del PRI de Roberto Madrazo. Los deslindes Por lo pronto, entre los estrategas de los tres más aventajados candidatos presidenciales se hacen evaluaciones sobre el impacto de sus respectivos "esqueletos" y son muchos los que apuestan a que en breve el candidato López Obrador se deslindará del escándalo de la clausura del hotel Sheraton, en tanto que Felipe Calderón romperá de manera definitiva con una parte del grupo Guanajuato, es decir, de la familia Sahagún, en tanto que Roberto Madrazo reclamará que se investigue a fondo a su otrora adversario cómodo, Arturo Montiel. Pero es muy probable que los "esqueletos" de los "Bejarano", los "Bribiesca Sahagún" y los "Montiel" sigan danzando en torno a los presidenciables hasta el final de la campaña presidencial. ¿Por qué? Porque más que de propuestas, la contienda se centrará en la guerra sucia, en esa guerra en donde todos parecen interesados en lanzar estiércol al ventilador. Y frente a esa danza de "esqueletos", vale la pregunta: ¿Y a quién le importa el futuro de México y de los mexicanos? Todo indica que no les importa a los candidatos presidenciales del PRD, del PAN y del PRI. Al tiempo. aleman2@prodigy,net.mx
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