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Corte!... y Confesión
Ysabel Gracida
06 de febrero de 2006

Un Ariel para el CUEC

El Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) será reconocido con un Ariel de Oro en el próximo mes de marzo, durante la ceremonia anual de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

El hecho de premiar a una institución escolar es más que meritorio de parte de los miembros de la academia y da cuenta de una mirada de conjunto a la hora de evaluar el fenómeno cinematográfico en México.

El CUEC fue la primera escuela de cine en México y también en Latinoamérica; la propuesta relativamente temprana (1963) de establecer un centro que formara de manera integral a estudiantes interesados en distintas áreas del lenguaje fílmico evidencia el hecho de que, a pesar de los grandes talentos que, de manera autodidacta o con algunos cursos en el extranjero, tenían las herramientas para hacer cine, éstas no eran resultado sino de la emergencia, los gustos personales e incluso el azar.

La Universidad Nacional Autónoma de México, con el carácter plural que la caracteriza, pronto entendió la necesidad de formar a futuros cineastas, en una época en la que el gran boom de la llamada época de oro del cine nacional había pasado y se requería la formación de nuevos seres interesados en desentrañar el fenómeno cinematográfico desde sus propias raíces. Así, el centro de estudios empezó por llamar, a partir de la iniciativa de su director fundador Manuel González Casanova, a distintas personalidades de la cultura nacional en la que se incluían seres variopintos con un objetivo en común.

Intelectuales y artistas de la talla de Manuel Álvarez Bravo, Luis Alcoriza, Rodolfo Halffter, José Revueltas, Rosario Castellanos, Emilio García Riera, José de la Colina, Paul Leduc, entre otros, iniciaron una aventura intelectual que ha dado distintos frutos dentro del ámbito de la cultura nacional, una producción que no se mide solamente en el número de películas, que en términos generales, son escasas, sino que tiene su dimensión más en los campos de la investigación, de la difusión de la cultura, y, en la nada desdeñable formación de mujeres y hombres que delante o detrás de las cámaras, se han encargado de hurgar en los muchos pliegues de la cultura nacional para externarla de distintas formas.

Aunque la producción del CUEC referida a largometrajes es más bien escasa por la sencilla razón de que la UNAM no puede ser productora de gran calado, hay en el acervo ya una identidad de lo producido que tiene un sello de búsqueda, de proposición, de vanguardia que podría calificarse, si esa fuera la idea, de cine universitario. Rito Terminal, Un mundo raro o El mago son películas en las que existe un sello propio de la producción fílmica nacional.

Pero hasta ahora, quizá lo que resulte más notorio, sobresaliente por distintas causas, es el prestigio de sus egresados con una proyección nacional e internacional. Gran parte del sustento de quienes hoy son poseedores de distintos premios y reconocimientos en el país y fuera de éste, ha sido en parte porque se han formado en un centro que más que enseñar cosas, enseña a hacerlas, a moldearlas, a construirlas, a imaginarlas.

Jorge Fons, Jaime Humberto Hermosillo, Rafael Montero, Alejandro Gamboa, María Novaro, José Luis García Agraz, Carlos Bolado, Luis Estrada, Emmanuel Lubezki, Alfonso Cuarón, Julián Hernández, Fernando Eimbecke, Alfredo Gurrola, Diego López, Carlos Mendoza, Iván Trujillo, Alberto Bojórquez, Alejandra Islas, Armando Lazo, son algunos de quienes en distintas generaciones del CUEC, han aprendido de una forma de enseñanza libre aunque rigurosa, de una planta docente que transmite no sólo nociones y conceptos, sino también una pasión por el cine que es, quizá, el ingrediente fundamental de todos los que se dedican a este extraordinario oficio.

El Ariel de Oro que en breve se entregará a la escuela de cine de la UNAM no es sino el necesario reconocimiento a quienes enseñan a tejer y destejer los sueños, a quienes dotan de herramientas a los futuros hacedores fílmicos, a quienes ejercitan para la seducción. Sólo cabe esperar que no pase mucho tiempo en el que el CUEC deje de ser un centro de estudios y se convierta en una facultad universitaria que abra las posibilidades de aprender cine a más jóvenes del país.

* Crítica de cine


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Desde hace más de catorce años, Ysabel Gracida, profesora de tiempo completo de la UNAM, "conversa" con sus lectores en torno a diversos ángulos del fenómeno fílmico. Comparte su mirada personal sobre el cine y sus contextos haciendo de su trabajo un quehacer centrado en la intertextualidad. Prefiere las funciones matutinas en las que escapa (sólo un poco) de la dimensiones olfativas y auditivas que generan las "palomitas" y la brutal plaga de los celulares.
 
 

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