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Candidatos y TelevisaEN una demostración más del poder político del Grupo Televisa -por si hiciera falta conocer su fuerte influencia en la construcción de los poderes del Estado mexicano-, el presidente Vicente Fox y los tres más probables sucesores a la jefatura del Estado y del gobierno mexicanos acudieron, en sendos encuentros privados, al llamado del jefe real del más importante poder fáctico mexicano, Emilio Azcárraga Jean. Encuentros amables, según los escasos reporteros de prensa, que sin embargo dejaron ver un cambio dramático y radical en los tradicionales usos y costumbres de la política mexicana. Antaño los empresarios de cualquiera de los ramos productivos, por poderosos que fueran, hacían gestiones para ser recibidos por el representante del poder en turno, el Presidente de la República, y buscaban a quienes, con posibilidades reales, aspiraban a la primera magistratura. En una paradoja de la política y el poder en México, "los patos parecen disparar a las escopetas", ya que quien convocó en privado y por separado al propio Presidente y a sus potenciales sucesores fue el señor Azcárraga Jean, el jefe real del poder fáctico que representa Televisa, la más importante e influyente empresa de medios electrónicos de habla hispana y, por tanto, de México. Pero además, en los tiempos en que el poder público y los cargos de elección popular se construyen a partir del marketing, del rating y de la popularidad, Televisa es la más importante empresa para la construcción o la destrucción de los liderazgos políticos en México. Por eso no es un asunto menor que, en plena contienda electoral, al arranque del proceso en el que los mexicanos deberán elegir a su nuevo presidente, Televisa decida convocar en privado, a uno por uno, a los más aventajados presidenciables, y al propio Presidente saliente, en una suerte de pasarela privada. Como si bastara que fueran suficientes las propuestas y los proyectos de gobierno que exhibirían los señores López Obrador, Calderón Hinojosa y Madrazo Pintado para que el poder fáctico los "palomeara", para dar su aval, como si no importara que constitucionalmente el voto del señor Azcárraga es igual que el voto de cualquiera de los mortales mexicanos. Y en efecto, parece que los señores López Obrador, Calderón y Madrazo -citados por orden de preferencias según las encuestas-, y hasta el propio presidente Fox, tienen claro que, antes que a los millones de electores, deben rendir cuentas al monárquico poder de la televisión, y en especial al de Televisa. La primera señal que dan unos y otros es que Vicente Fox y los candidatos reconocen la nueva jerarquía de los poderes. Es decir, que el Poder Ejecutivo se pliega al poder fáctico de Televisa, y que los aspirantes a la Presidencia deben rendir cuentas a ese poder, aun antes de ser ungidos por el voto ciudadano -o acaso por eso deben recibir el aval de ese poder fáctico-, mientras que el otro, el jefe de Televisa, envía la señal de que el suyo es un poder mediático que tiene bajo control a los poderes del Estado. Se confirma la nueva jerarquía de los poderes. Pero si los señores políticos ya decidieron reconocer la nueva jerarquía de los poderes; los ciudadanos, los electores, los verdaderos y reales mandantes no podemos permanecer ajenos a los acuerdos "cupulares", en lo "oscurito", que habrían pactado el gobierno saliente y quienes aspiran a la jefatura del nuevo gobierno con Televisa. Nadie en su sano juicio puede suponer, imaginar o esperar que en los respectivos encuentros entre los señores Fox, López Obrador, Calderón y Madrazo con el señor Azcárraga Jean, se habló del clima, se jugó matatena, se recurrió a adivinos o pases mágicos para pronosticar el futuro de la democracia mexicana y de los grandes negocios que supone la sucesión presidencial. No, el sentido común recomienda que se habló de mucho más que las ambiciones personales y las preocupaciones de los que se van y de los que quieren llegar, mucho más que el futuro de la poderosa industria del entretenimiento, del rentable negocio de la televisión. Por eso los ciudadanos, que le guste o no al señor Azcárraga, al Presidente saliente y a los presidenciales, son los mandantes, tienen el derecho, por lo menos, a una explicación del presidente Fox y de los señores Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo, sobre lo que se trató en esas muy privadas reuniones. Según algunos, también sería mucho pedir que el señor Azcárraga ofrezca una explicación pública de su interés por tener en privado, en exclusiva, en horario "AAA", al Presidente y a los presidenciables. Pero resulta que las frecuencias de radio y las señales de televisión, que son el pilar que sostiene al poder de Televisa, son propiedad de los mandantes, de los ciudadanos, quienes a través de sus mandatarios, que son los gobernantes, entregan en concesión esas frecuencias y esas señales a particulares, como es el caso de Televisa. Pero lo más sorprendente es que para muchos parece natural, incuestionable y hasta un asunto de todos los días el sometimiento de los poderes del Estado y de instituciones de interés público, como son los partidos políticos, al poder fáctico de Televisa. ¿Dónde está la izquierda mexicana que dice representar el candidato Andrés Manuel López Obrador?, una izquierda que desde siempre cuestionó esa perversa alianza de Televisa con el PRI, y que denunció que dicho partido se perpetuó en el poder gracias a la simbiosis con Televisa. Hoy el señor AMLO se encierra, "en lo oscurito", para negociar "quién sabe qué" con Televisa. ¿Esa es su propuesta, la de los acuerdos al estilo del viejo PRI? En 1988, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J. Clouthier encabezaron un boicot contra Televisa, por la apertura de los mensajes opositores en las señales de Televisa. Hoy López Obrador y Calderón Hinojosa, los herederos de esos formidables luchadores sociales y políticos que fueron Cárdenas y Clouthier, parecen y aparecen sometidos de nueva cuenta por Televisa, que los tiene en un puño, que los lleva y los trae, que les condiciona su acceso al poder. ¿Esa es la democracia que ofrecen a sus potenciales electores? Del PRI ya nada sorprende, pero sí de los que dicen representar los valores de la izquierda verdadera y de la derecha doctrinaria. ¿Qué negociaron los señores Vicente Fox, Andrés Manuel López Obrador, Felipe Calderón Hinojosa y Roberto Madrazo Pintado con el señor Emilio Azcárraga? Nada dicen los presidenciables porque están en manos del poder fáctico de Televisa, pero nada bueno podemos esperar los ciudadanos, los potenciales electores, los verdaderos mandantes, desde que el convocante fue el poderoso jefe de Televisa, y desde que con una pasmosa debilidad acudieron al encuentro los señores Fox, López Obrador, Calderón y Madrazo. Y sobre todo nada bueno podemos esperar si nada dicen quienes acudieron al convite, y mucho menos cuando algunos, como Andrés Manuel López Obrador, se adelanten a explicar, sin que nadie se los pregunte: "No, no fuimos a negociar la nueva ley de radio y televisión". Habrá quienes pregunten ¿qué tiene de malo ese encuentro? Pero habrá quien les responda: "Es lo mismo que decían los candidatos y gobernantes del PRI hace no muchos años". Pero falta un actor central, el Instituto Federal Electoral, para cuyos consejeros Televisa es, si no el verdadero árbitro, sí el verdadero poder. La nueva jerarquía de los poderes. ¿O no? Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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