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´Munich´En el arte, como en la vida, no puede existir una posición ideológicamente neutra, pues la llamada neutralidad es en sí misma una elección ideológica. En todo caso, lo que sí puede haber, debe haber, es una postura equilibrada que permita evitar al máximo los prejuicios. Pero como este mundo no es el país de las maravillas, lo anterior no sucede, por el contrario, es a fuerza de avivar racismos, posturas extremas, prejuicios que, lamentablemente, se sobrevive en el día a día. El director estadounidense Steven Spielberg, rey Midas de la industria de su país, ha hecho de la fórmula Made in America un éxito de marca, éxito de público y comercial que ha contribuido a avivar, reafirmar, subrayar algunas posturas ideológicas, por lo menos cuestionables. Por todo ello, es una gran sorpresa Munich, un trabajo en el que cualquiera pensaría que sus inclinaciones serían más obvias, y resulta que no, y no sólo eso, sino que se nota una clara postura crítica hacia muchos de los lugares comunes, de miradas que durante mucho tiempo se han enunciado como la verdad. Basado en la novela Vengeance, de George Jonas, Spielberg aborda lo sucedido después de la matanza en Munich en 1972 durante las Olimpiadas que se anunciaban como las de la paz y que, en más de un sentido, pretendían borrar la memoria colectiva de los juegos olímpicos durante el dominio nazi. La incursión del grupo Septiembre negro para denunciar la ocupación del territorio palestino de parte de Israel y pedir la liberación de más de 200 presos políticos y la matanza de atletas israelíes, dan como resultado la operación "La ira de Dios" para que miembros de la Mossad exterminen a los 11 nombres visibles de la responsabilidad. Spielberg ha hecho el trabajo más arriesgado de su carrera y no precisamente en el terreno estético; se ha planteado, cuestionado, la validez de la famosa ley del Talión que lo único que origina es que la venganza, al funcionar en círculos, crezca como una espiral que en algún momento se vuelve incontrolable. Abandonar el maniqueísmo, incluso la simplicidad con la que había abordado algunos asuntos en sus películas, sin duda le ha costado al director un gran esfuerzo y le está costando, sobre todo de parte de su comunidad, una serie de críticas que nunca hubiera pensado para su status de gente mimada por Hollywood. Los riesgos que ha tomado le dotan de una madurez que se pensaba no llegaría nunca, pues si bien el director ha dado grandes trabajos en el terreno fílmico, todos ellos de alguna manera estaban bajo la sospecha de siempre llevar agua a su molino ideológico y cultural sin sopesar demasiado posturas distintas a la suya. Con Munich se ve el crecimiento de un director que vivió más que cómodo en su personaje de Peter Pan y que ahora decide crecer con todas las consecuencias. Spielberg quiere que los espectadores se asomen a un pasado reciente con la intención de mirar de otra manera el presente en el que habitan. La invitación da como resultado una mirada inquietante sobre un tema con suficientes aristas que no puede ser visto en blanco y negro, con buenos y malos. Quizás el crecimiento del director todavía no sea el adecuado, pues nos receta algún momento burdo como el del cierre de la cinta donde aparecen las torres gemelas para subrayar la importancia de este tiempo, pero son elementos mínimos si lo que ha conseguido es un filme en el que las cosas se acomodan de una manera menos chauvinista, menos maniquea, para permitir que los espectadores asuman su propio punto de vista. El guión de Tony Kushner y Eric Roth, y las excelentes actuaciones de Eric Bana, Daniel Craig, Geoffrey Rush o Mathieu Kassovitz dan la sensación de que se les empieza a hablar con mayor honestidad sobre un asunto difícil, complejo, pero que debe abordarse buscando todas sus ángulos. * Crítica de cine
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