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La siguiente es una breve historia en la que se omite la identidad de los protagonistas porque no hay un documento que la certifique. Pero todos saben que ocurre en muchas de las negociaciones entre empresarios de radio y televisión, y en una buena parte de dirigentes de partidos políticos y candidatos a puestos de elección popular. Y por supuesto que no son ajenos a esa simulación los candidatos presidenciales. Todos saben que así ocurre cotidianamente, pero todos, incluidos los consejeros del IFE, hacen como que no ven ni escuchan. Un buen día, de finales de 2005, una joven vendedora de espacios publicitarios, sea de alguna influyente cadena de radiodifusoras o de alguno de los poderosos canales del duopolio televisivo, se acercó a los encargados de difusión de uno de los siete partidos políticos con registro. La plática, es decir, la negociación, fue parecida a lo siguiente: "Quiero los spots que le corresponden a tu partido, del paquete contratado por el IFE... Te propongo un superprecio... Pero además, el paquete incluye (tantas o cuantas) entrevistas en vivo con tu candidato, en los noticieros estelares". Todos saben -directores de comunicación social del o los gobiernos federal o estatal, jefes de prensa, de difusión o de campaña de los presidenciables, y hasta presidentes de partidos políticos- que esa es la forma en que operan comercialmente la mayoría de los grandes grupos de la radiodifusión en México, y los influyentes consorcios de la televisión. Y también lo saben los consejeros del IFE, el árbitro de la contienda electoral. Pero todos juegan el juego de la simulación, porque legalmente no hay manera de comprobar que el pago de publicidad en medios electrónicos, radio y televisión, se traduce en difusión de tal o cual candidato en las barras informativas. ¿Quién de los dirigentes partidistas, de los candidatos presidenciales, de los aspirantes a jefes de gobiernos, a gobernadores, a diputados federales, senadores y hasta candidatos a alcaldes, se va a negar a la multiplicación geométrica, en imagen, de su dinero o del dinero público invertido en radio y televisión? Ese, el de la simulación de la publicidad electoral en radio y televisión, es el centro del debate en las elecciones federales de 2006, de las que surgirá el nuevo presidente de los mexicanos, un presidente que en realidad surgirá de esa dualidad entre el dinero y la popularidad mediática. Lo demás, es lo de menos. Todos coludos o todos rabones Y viene a cuento el tema -a riesgo de que se enojen grupos de radio, cadenas de televisión, partidos políticos y hasta candidatos presidenciales- por el uso y abuso que los ciudadanos hemos presenciado de los medios electrónicos de comunicación en tiempos electorales. Al final de cuentas, les guste o no a los partidos políticos, a sus candidatos y a la autoridad electoral, la dualidad dinero-medios de comunicación al final de cuentas se convertirá en la clave del proceso electoral que vivimos, en el verdadero y único elector. El pasado domingo nos ocupamos en este espacio de una de las más burdas maniobras para que dos cadenas de radio -Radio Fórmula y Radio Centro-, y el poderoso grupo Televisa, se quedaran con la "tajada del león" en materia de patrocinios electorales. Frente al escándalo que se generó por esa evidencia de la grosera intromisión mediática en los procesos electorales, y de que frente a esa irregularidad el IFE parece ser parte interesada -sea por omisión, por simulación, o porque legalmente no puede hacer nada frente a esa maniobra comercial y publicitaria-, hoy se conocen las cifras que confirman lo aquí expuesto. En efecto, como lo marca el Cofipe (artículo 47, párrafo 1, inciso c), para las elecciones federales de julio de 2006, el IFE contrató para los partidos políticos y las coaliciones un total de 10 mil promocionales en radio y 400 en televisión. Según el Instituto Federal Electoral, "es una prerrogativa de los partidos políticos y coaliciones decidir las radiodifusoras o televisoras, los programas, horarios y las plazas donde desean las transmisiones de los promocionales adquiridos por el IFE. El instituto no interviene en esta decisión y únicamente se reúne con los concesionarios de radio y televisión para realizar las contrataciones correspondientes. Son los representantes de los partidos y coaliciones ante la Comisión de Radiodifusión del IFE quienes indican al instituto el número de promocionales en radio y televisión a transmitirse en cada medio de comunicación". Hasta aquí el asunto parece caminar no sólo conforme a la ley, sino en condiciones de equidad. Pero cuando se comparan los montos de los promocionales asignados a los grupos radiofónicos y televisivos, aparece el problema, la inequidad, la trampa y la simulación. Vemos. El IFE asignó a los partidos políticos, del dinero público, un total de 358 millones de pesos, en números cerrados para la compra de 10 mil 400 spots de 20 segundos cada uno, destinados a las campañas electorales de julio próximo -que son 20% del financiamiento público correspondiente a los partidos políticos para las campañas en el año de elección presidencial-, y que lo partidos políticos manejaron a su arbitrio. De ese gran total, Radio Fórmula alcanzó 128 millones 500 mil pesos, que significa 45.59% del total; Radio Centro se llevó 77 millones 391 mil pesos, que representa 27.45%, y el Grupo Imagen consiguió 40 millones 242 mil pesos, que son equivalentes a 14.28% del total. Sumados los tres anteriores grupos, se llevan casi 90% del total del patrocinio que por esa vía destinan los partidos a la radio. En el caso de la televisión, el consorcio Televisa se quedó con 50.6 millones de pesos, que significan 78.6% del presupuesto a la televisión, y Televisión Azteca se quedó con 16.3 millones de pesos, que representan 21.3%. Las televisoras estatales, como son los canales 11 y 22, y el mexiquense, 34, no alcanzaron ni un solo centavo, a pesar de que su influencia entre los televidentes, más que cuantitativa, es cualitativa. Pero además, grupos de radio como Acir, MVS, Monitor, Televisa Radio, Radiorama y Radio 13, entre muchos otros, se quedaron con migajas, si no es que en ceros. Pero si vemos el asunto por familias, resulta que los Azcárraga son los verdaderos "ganones". Radio Fórmula, de Rogerio Azcárraga, se lleva casi 46% del presupuesto asignado a radio, mientras que Televisa, de Emilio Azcárraga, se queda con 78% del presupuesto para televisión. En los tiempos de la hegemonía del PRI, la familia Azcárraga presumía de ser el asiento de los "soldados del presidente y del PRI", y en los tiempos de la alternancia, de la naciente democracia mexicana, los Azcárraga siguen siendo, acaso no los soldados del poder público, pero sí los constructores de ese poder. Y estamos hablando sólo de 20% del financiamiento público correspondiente a los partidos políticos, ese que según la vigente ley electoral fue creado para garantizar la equidad, el equilibrio, la distorsión entre el poder de los medios y los partidos políticos. La trampa y la simulación Y nadie duda de la influencia mediática de los grupos radiofónicos Centro, Fórmula e Imagen, y mucho menos de Televisa. ¿Pero realmente son los más influyentes? No hay duda que lo son en determinados sectores y en estratos sociales, pero la pluralidad social en México ha sido posible, en buena medida, gracias a la pluralidad mediática. O si se quiere ver en sentido contrario, la pluralidad mediática es producto de la pluralidad social. De hecho, en elecciones como las del año 2000 -e incluso en otras anteriores como las de 1997 en el DF, y en distintas entidades del país-, el triunfo de la alternancia y la pluralidad del poder fue posible gracias a que candidatos como Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox, en sus respectivos triunfos electorales, acudieron a todos o casi todos los medios, respondieron a la pluralidad social a través de la pluralidad mediática. Pero el problema resulta doblemente preocupante, más allá de la arrogancia de los partidos políticos y de sus candidatos -que acuden a los medios en donde los tratan bien, en donde les dan mejores precios, y en donde los apapachan, y por tanto en donde invierten su dinero publicitario-, porque detrás de las preferencias que muestran por tal o cual medio aparece una gigantesca trampa mediática, que no es otra cosa que la simulación mediática en tiempos electorales. Esto es, que los grupos de radio y las cadenas de televisión que se llevan la "tajada de león" consiguen esa preferencia gracias a acuerdos comerciales y políticos "bajo cuerda". Es decir, que esos grupos y esas cadenas se comprometen con los candidatos y los partidos no sólo a ofrecer precios más bajo sino que como parte de esos paquetes publicitarios se convierten en verdaderos promotores de tal o cual candidato, del presidenciable que mejor les paga. Y aparece la pregunta obligada: ¿cómo comprobar esa negociación oculta? Legalmente parece imposible. Por eso declaraciones risibles como la del consejero electoral del IFE, Antonio Gómez Alcántar, quien dijo: "Que no haya duda ni sospecha, nosotros no tenemos preferencias. El IFE no pueda favorecer a ningún medio y ni siquiera sugerir cuál ofrece mayores ventajas o cuál tiene desventajas. Los partidos, vía sus representantes ante la Comisión de Radiodifusión, tienen libertad de solicitar al que más les convenza". En efecto, el IFE no puede decirles a los partidos o a los candidatos con quién contratar, pero también es cierto que el IFE, por mandato constitucional, tiene la facultad de garantizar la equidad. Lo que señala el consejero Gómez Alcántar no es más que desconocer que, según la Constitución, el IFE tiene la facultad de garantizar la equidad en los procesos electorales y, en todo caso, el propio consejero reconoce que el artículo 47 de Cofipe no es más que una simulación. Valiente árbitro. ¿Acaso no sabe el consejero Alcántar, todos los consejeros, y el propio presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, que las empresas de radio y televisión dan entrevistas, difusión a candidatos, a cambio de promocionales pagados? Claro que lo saben. Entonces la pregunta que sigue es: ¿cómo comprobarlo? Como ya se dijo, no existen pruebas, no hay un contrato, ni los partidos, ni los empresarios de la radio y la televisión lo van a reconocer. Pero hay medios para comprobarlo. ¿Cómo?, muy fácil, con el monitoreo de medios. ¿Cómo fue posible detectar que, por ejemplo, López Obrador favoreció económicamente a medios como La Jornada y Detrás de la Noticia, con fines político-electorales, en sus tiempos de jefe de Gobierno? De esa forma, mediante el monitoreo, favoritismo que luego fue confirmado con los documentos oficiales de patrocinios a esos medios. El IFE puede confirmar que, por ejemplo, estaciones de radio o cadenas de televisión a los que tal o cual partido político o candidato presidencial destinó la mayor cantidad de patrocinios, es al que le ofreció el mayor número de entrevistas, la mayor cobertura informativa. Bueno, hay casos como el de Televisión Azteca, que tiene un acuerdo con el candidato presidencial del PRD, Andrés Manuel López Obrador, que ha llegado al extremo de ofrecer informativos en los que presenta a los taxistas conocidos como panteras, como el modelo de organización social a seguir. ¿Qué es eso? ¿Qué no fue ese abuso mediático el origen de escándalos como el Pemexgate y Amigos de Fox? Olvidos y omisiones Pero además, el consejero Gómez Alcántar olvida que el espíritu fundacional del IFE es, precisamente, el de garantizar la imparcialidad de los procesos electorales, además de que el espíritu del artículo 48 del Cofipe -que es la ley reglamentaria de los preceptos constitucionales- ordena al IFE impedir los abusos comerciales de los concesionarios de la radio y la televisión, en cuanto a las tarifas. A ese respecto, el Cofipe regula los abusos hacia arriba, es decir, en el cobro excesivo, pero la letra no dice nada respecto de los precios hacia abajo, de regalar el tiempo, pero el espíritu del ordenamiento es el mismo. A ese respecto, el ejemplo más escandaloso es el del programa televisivo de López Obrador, en Azteca, en donde prácticamente se le regala el tiempo. Pero también hay otro ejemplo, y es el que se percibe en el caso del candidato del PAN, Felipe Calderón, quien de manera nada clara dice que utiliza tiempos oficiales, cuando en el Cofipe ningún artículo habla de la eventual disponibilidad, para partido o candidato alguno, de 30 minutos de tiempos oficiales en una estación de radio. ¿Por qué el IFE no quiere entrar a esa discusión? ¿Por qué no aclara, si es que se trata de vacíos legales, los hoyos negros de la ley, en cuanto a la intromisión de la radio y la televisión en los procesos electorales? No es posible que grupos de radio como Fórmula, Centro e Imagen regalen tiempo disfrazado de coberturas informativas, a cambio de llevarse los patrocinios oficiales, sin que el IFE sea capaz de cuestionar esa práctica de la alternancia y la democracia mediática, práctica que no es otra cosa que una gran simulación electoral. Para fortuna de todos, ya hay empresas privadas que monitorean no sólo los spots, sino las coberturas informativas de los medios, respecto de tal o cual candidato presidencial. Y ahí aparecerá quién es quién, a cambio de qué se favoreció a Radio Centro, Radio Fórmula, Imagen y Televisa. Y entonces el IFE no podrá hacerle de avestruz. Al tiempo.
aleman2@prodigy.net.mx
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