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El Observador
Samuel García
27 de enero de 2006

Olegario Vázquez y Excélsior

El lunes se anunció la venta del periódico Excélsior al empresario Olegario Vázquez Raña, dueño del Grupo Empresarial Ángeles. Aunque no se dio a conocer el monto total de la operación, las agencias informativas reportaron que el empresario realizará un pago de 586 millones de pesos, adicionales a las deudas fiscales que mantenía el rotativo con el gobierno federal.

El anuncio era esperado desde hace tiempo. Después de una serie de largos e infructuosos intentos, Vázquez Raña se salió con la suya. Y lo hizo al precio que los cooperativistas habían establecido como mínimo a todos los postores interesados en hacerse de la propiedad de uno de los diarios más representativos de la prensa mexicana: alrededor de 50 millones de dólares más las deudas acumuladas.

Desde 2002, en que los cooperativistas dispusieron su venta, desfilaron personajes diversos interesados en el periódico como el dueño de Monitor, José Gutiérrez Vivó; el mismo ex director del diario depuesto en 2000, Regino Díaz Redondo; Miguel Aldana Ibarra -ex director de Interpol México; el controvertido empresario regiomontano Alfonso Romo; el dueño del Grupo Ángeles, Olegario Vázquez Raña; el ex propietario de Ovaciones, Fernando González Parra; y también el director y socio de El Economista, Luis Enrique Mercado; entre otros más.

Excélsior era un atractivo para todos estos personajes. Para algunos, Excélsior se convertiría en la punta de lanza o en el complemento ideal para su grupo de medios, para otros más sería una buena herramienta de negociación con el poder político en turno y empresarial, especialmente de cara al periodo electoral. De cualquier manera Excélsior es una marca que no se ha perdido del todo.

Pero, ¿cuánto podía valer en el mercado el nombre Excélsior?, era la pregunta recurrente de los empresarios serios que se acercaron con interés a preguntar por el diario. Ciertamente que los bienes inmobiliarios del periódico son valiosos por la privilegiada ubicación que tienen en el corazón de la ciudad de México -en la esquina de Reforma, Bucareli y avenida Juárez-, pero también es cierto que el abandono en que se vio sometido el edificio y su proyecto original durante años, demeritaron su valor original. A lo anterior hay que añadir la obsolescencia de los talleres, de las rotativas y del equipo en general, obsolescencia que se ha reflejado en la calidad de impresión, en el diseño y en los contenidos editoriales del diario en los últimos años.

Y es que Excélsior, como empresa periodística, vivió una larga cuesta abajo desde 1976 con la salida forzada de Julio Scherer para -dos décadas después- ingresar en un tobogán acelerado hacia el deterioro y, prácticamente, la ruina. El lanzamiento a la calle de su director, Regino Díaz Redondo, en octubre de 2000, y los largos pleitos internos, fueron el puntillazo que enterró al diario de la vida nacional y prácticamente fue borrado del mapa de los lectores de diarios en las grandes ciudades del país, comenzando por la ciudad de México.

Alguna vez un asesor financiero de un importante empresario del país interesado en el diario, argumentaba por qué el ´cabezal´ de Excélsior no valía más allá de los 30 millones de dólares, en lugar de los 50 que pedían los cooperativistas. Su razón principal era precisamente el largo y profundo deterioro en su imagen, que no significaba nada para las nuevas generaciones de lectores entre los 18 y 40 años. Más aún, en este grupo de lectores se identificaba -me decía- a Excélsior con las viejas prácticas del periodismo asociadas a los regímenes de los gobiernos priístas. Pero incluso para los lectores más maduros -mayores a 40 años- que vieron a Excélsior como uno de los periódicos líderes del país hasta entrados los años 80, su nivel de contacto con el diario se deterioró fuertemente siendo reemplazado por su tradicional competencia, EL UNIVERSAL, o por los diarios de reciente aparición en la última década y media como Reforma y Milenio.

Contra todas estas percepciones, el monto solicitado por los cooperativistas no fue la razón más importante por la que la venta no se había cerrado. La verdadera negociación se dio con el gobierno federal representado por Hacienda, el acreedor más importante del diario. Los adeudos no han sido revelados, pero suman cantidades millonarias en términos de impuestos no pagados, cuotas al seguro social y diversas obligaciones de carácter laboral.

Evidentemente que el empresario Olegario Vázquez Raña llegó a un acuerdo sumamente favorable con el gobierno federal en términos del cumplimiento de estos adeudos; de otra manera difícilmente se entiende una operación tan costosa. Y es que más allá del desembolso inicial acordado con los cooperativistas de alrededor de 55 millones de dólares, el Grupo Imagen todavía requerirá de una fuerte inversión en materia de equipamiento, de rotativas, de recursos humanos y de una estrategia agresiva de reposicionamiento del producto editorial. Hoy Excélsior es un cascarón. Lo que compró Vázquez Raña es la marca, pero todo lo demás habrá que construirlo desde abajo como si fuese un proyecto periodístico nuevo y que requerirá, dadas las dimensiones del proyecto que se han planteado los Vázquez Raña y Ernesto Rivera, un monto nada despreciable que podría ir de los 20 a los 25 millones de dólares adicionales.

Una cantidad necesaria como para competir -como se ha dicho- frente a marcas posicionadas en el mercado nacional.

Más allá de la polémica que desata este tipo de operaciones en el gremio de periodistas del país, los nuevos dueños de Excélsior enfrentarán desde el inicio el reto de la credibilidad en un país escaso de lectores y con una posición de desconfianza frente a la prensa, como lo revelan los diversos ejercicios de opinión pública que se tienen a la mano.

Olegario Vázquez Raña es un empresario polémico en sí mismo; desde las fuertes diferencias públicas con su hermano -también empresario de medios- Mario Vázquez Raña, hasta su conocida relación con la familia presidencial y con el gobierno en turno. Todos éstos serán objeto de escrutinio para el nuevo proyecto periodístico.

A diferencia de Alejandro Junco o de Francisco González, cuando se trasladaron de Monterrey a la capital para fundar Reforma y Milenio Diario, respectivamente, Olegario Vázquez Raña tendrá que ir más lejos en la demostración de que viene por un periodismo profesional.

En ese intento de dar un paso de credibilidad es que el dueño de la red hospitalaria privada más grande del país publicó, al día siguiente de cerrada la operación, diversos desplegados en los periódicos comprometiéndose a construir una prensa profesional. Sin embargo -y el empresario y quienes se han comprometido en ese proyecto lo saben- se necesitará mucho más que eso para construirla en un país que lo requiere a gritos.

SÍGALE LA PISTA.

Finalmente la planta de Ford en Cuautitlán Izcalli no se cierra. No al menos en esta primera ronda de anuncios que hizo la compañía desde su sede en Michigan. La noticia deja tranquilos, por ahora, a sus mil trabajadores, en una decisión que parece sensata por parte de la empresa del óvalo azul que reconoce a sus plantas en México como importantes para salir del bache en el que se encuentran sus operaciones en Estados Unidos.

Sin embargo -y eso también hay que decirlo lamentablemente- aún estamos lejos de conocer la real dimensión de la crisis que vive Ford. Sólo el tiempo lo dirá.

sgarcia@elsemanario.com.mx


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Actualmente es director general de Prensa de Negocios, S.A. de C.V., una empresa periodística de reciente creación. Además, fue fundador y director editorial de Negocios del Grupo Reforma (1997-2000), fundador y director editorial de Infosel (1990-2000), así como director de Negocios de EL UNIVERSAL (2003-2004). Asimismo, ha sido columnista especializado en economía y negocios de El Financiero (1999), Reforma (1993-2003), Expansión (2001-2002) y EL UNIVERSAL. Es licenciado en Economía con posgrados en Economía y Política Internacional, así como en Finanzas.
 
 

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