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Las dos izquierdasMADRID.- El mundo observó este domingo a Evo Morales al asumir la presidencia de Bolivia. Algunos volvieron a resaltar que no sólo es el primer indígena en ocupar ese cargo en su país, sino que es el primero desde 1960 en llegar con la mayoría del electorado. Otros continuaron subrayando la superficialidad de su suéter multicolor que, tampoco es de extrañarse, generó una especie de Evomanía . Pero muchos más apuestan sobre su llegada al poder como la señal histórica de que la ola de la izquierda latinoamericana está bañando al continente y girando la geometría política de la derecha en que se encontraba desde los 80, en una ruta inexorable hasta el río Bravo. Morales, el nuevo icono, ganó la presidencia y viajó a Cuba para entrevistarse con Fidel Castro. Fue a Caracas, donde dialogó con Hugo Chávez, quien inyectó recursos a su movimiento, que generó disturbios en Bolivia, provocando una inestabilidad que tumbó a tres gobiernos consecutivos, y lo colocó en la silla presidencial. Con Castro y Chávez formó un "eje del bien", mofándose del gobierno de George W. Bush que identifica a sus enemigos en el mundo, Corea del Norte, Cuba, Irán y Siria, como el "eje del mal". Su retórica antiimperialista estimuló titulares en medios panfletarios y primitivos, o críticas onomatopéyicas entre derechistas decimonónicos, demostrando que hay culturas políticas, como la mexicana, aún muy silvestres. La llegada de Morales a la presidencia no es un caso de justicia poética para cuatro décadas de revoluciones en América Latina que, salvo los casos específicos de Cuba y Nicaragua, no llegaron al poder por la vía de las armas. Mal análisis se haría del líder indígena y sindical, y de la realidad latinoamericana si se trivializa el fenómeno y se piensa que la "teoría del dominó" de Henry Kissinger finalmente se está concretando. Morales no representa una izquierda que es única en la región, sino una de las varias izquierdas que están tomando cuerpo en Latinoamérica. Una es la izquierda radical de Castro, emulada hoy en día por Chávez, quien está tratando de exportar subversión a varios países del subcontinente a través de su revolución bolivariana, y seguida por Daniel Ortega quien, con apoyos económicos del presidente venezolano, está buscando regresar al poder en Nicaragua por la vía de las urnas. Otra es la de Morales, quien pese a ser sumado normalmente a ese grupo, ha mostrado tener diferencias significativas. Un recuento puntual sobre su reciente gira intercontinental publicado por la revista británica The Economist, le detectó dos diferentes mensajes. Uno, pronunciado ante Chávez, denunciando el "neoliberalismo" y el "imperialismo" a cambio de 30 millones de dólares para arrancar su gobierno, y otro en Brasil y España, que tienen fuertes inversiones en gas boliviano, donde afirmó que la nacionalización del sector que ofreció no significaba expropiaciones, prometiendo además seguridad para los contratos. El último punto en su gira era Irán, el gran enemigo de Washington, pero decidió cancelar esa visita y regresar a La Paz para entrevistarse con el embajador de Estados Unidos en Bolivia, con quien se comprometió a una relación "basada en el respeto". Es decir, el presidente Morales hizo a un lado la retórica de los primeros días y se inclinó hacia la izquierda socialdemócrata y económicamente responsable de otros líderes latinoamericanos, cuya principal figura es el presidente chileno Ricardo Lagos, que está próximo a dejar el poder a su sucesora, también de izquierda, Michelle Bachelet, quien no ha dudado en asegurar que mantendrá la disciplina económica de sus predecesores. Esta izquierda democrática tiene otros adherentes, como el presidente uruguayo Tabaré Vázquez, cuyo gobierno acaba de anunciar que buscará un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos pues en el Mercosur, del cual son fundadores, el acceso al gran mercado brasileño es meramente teórico. La izquierda socialdemócrata es la opción por la que varios países de latinoamericanos están optando y que, a decir del presidente Lagos en una entrevista que publicó este domingo EL UNIVERSAL, responde a la democratización de los pueblos que están pidiendo más políticas sociales. Este grupo es al que parece se trató de acercar el candidato del PRD a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, al arrancar su campaña la semana pasada en Guerrero, donde hizo a un lado su beligerancia retórica y rectificó su postura sobre el libre mercado y la globalización, sin abandonar el énfasis en la política social. López Obrador se alejó de las posturas populistas de Chávez a las que estaba imitando, y pareció montarse en el tren de mayor viabilidad de la izquierda latinoamericana. Lagos es un buen caso de éxito, así como el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien pese a venir de las bases sindicales y radicales, lejos de romper con los mercados y dislocar la economía, jugó con sus reglas para beneficiar a los brasileños. Por ejemplo, la disciplina macroeconómica le trajo como resultado que bajara su calificación de riesgo-país, con lo cual la tasa de interés de su deuda fue menor, utilizando esos recursos que se ahorró en el pago para inyectarlos a programas sociales. La nueva izquierda latinoamericana no está reñida con el capital ni con las reglas que rigen el mercado mundial. Al contrario, los aprovechan. Evo Morales puede ser una sorpresa tal y como lo fue Lula en su momento, y tener el éxito del brasileño o del chileno. La izquierda no es una forma ideológica dañina. Lo son los radicalismos, que no distinguen entre derecha o izquierda, como muchas naciones latinoamericanas, como México, pueden atestiguarlo.
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