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Arranca, ¿el fin?Roberto Madrazo arrancó su campaña presidencial con toques mediáticos y simbólicos. En la víspera dio a conocer su declaración patrimonial, y en su primer día formal como candidato hizo una guardia de honor ante el busto de Luis Donaldo Colosio en la ciudad de México, se trasladó al bastión priísta en Ecatepec para un acto multitudinario, y remató con otro en Izúcar de Matamoros, una plataforma poblana de expatriados. Pero Madrazo va a necesitar mucho más que eso, pues al iniciar la contienda por la Presidencia amaneció tercer lugar en todas las encuestas de preferencias electorales, debajo del puntero Andrés Manuel López Obrador del PRD, y Felipe Calderón del PAN. Lo interesante es que no parece haberse dado cuenta. Quienes lo han visto en los últimos días cuentan que Madrazo está tranquilo y confía en la victoria. Le fue bien en diciembre, donde al apoyar iniciativas de ley que beneficiaban a los empresarios y estar con ellos en la derrota ganó credibilidad ante ese sector que lo veía con recelo, aprovechando que la indecisión de Calderón para sumarse a la causa empresarial les metió dudas sobre su compromiso futuro con ellos. Pero enero es diferente y ya empezó a notarse en la recomposición de las fuerzas del PRI y los realineamientos clientelares que se están dado en el mosaico político nacional. Madrazo ha estado tejiendo acuerdos cupulares, sosteniendo reuniones con figuras y negociando posiciones políticas a cambio de apoyo. La apuesta es conseguir que los 17 gobernadores priístas en el país vayan con él y comprometan a la maquinaria política del partido en favor de su causa. El cálculo es que si los gobernadores operan como sus brazos políticos, Madrazo mantenga a 39% del electorado que gobierna el PRI a nivel nacional, que será suficiente para reconquistar la Presidencia. La estrategia reconoce el federalismo generado tras la victoria de Vicente Fox en las elecciones presidenciales de 2000, que fortaleció los caciquismos regionales encarnados en los gobernadores. Pero al mismo tiempo margina a los sectores que, históricamente, han sido el sustento del voto duro del PRI. El realineamiento estratégico pasa por el atropello de los sindicatos más importantes del país. Conocida es la fractura con el magisterio oficial que encabeza Elba Esther Gordillo, que está respaldando al Partido Nueva Alianza, organizado fundamentalmente por los maestros y que ungió como candidato al ex priísta Roberto Campa. Menos visible es lo que está sucediendo con el sindicato del IMSS, donde según información que circula en los gremios, tiene aproximadamente un 80% de su base comprometida en este momento con el PRD, con su líder Roberto Vega Galina por conseguir una candidatura plurinominal para el Senado. A los dos sindicatos, que se encuentran entre los más beligerantes del ámbito gremial, se le tiene que sumar uno estratégico, el de los petroleros, cuyos líderes sienten un profundo resentimiento con Madrazo porque consideran que en las acusaciones en su contra derivadas del Pemexgate no los defendió convincentemente. Su dirigente Carlos Romero Deschamps ha hecho declaraciones críticas de Madrazo y mostrado públicamente la molestia de los petroleros contra el candidato que antes fue líder nacional del PRI. Los petroleros no han enarbolado otra causa partidista todavía, pero la lealtad al partido del que son miembros ya no existe desde 1988, cuando el entonces líder, Joaquín Hernández Galicia, La Quina, se enfrentó al entonces candidato priísta Carlos Salinas, e inyectó recursos financieros y humanos a la causa del entonces Frente Democrático Nacional que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas. Los petroleros son un gremio poderoso en zonas de influencia madracista, como Tabasco y Campeche, y pesan en algunas comunidades importantes de Veracruz, donde el PRI enfrenta al PAN. En todo el episodio del Pemexgate los principales aliados de los petroleros no se encontraron dentro del PRI, y la solución de sus conflictos legales tuvo que ser a base de chantajes, presiones, amenazas y la intermediación de figuras fuera de su partido. El abandono que sintieron de Madrazo no se lo van a perdonar fácilmente, como tampoco sucederá con otro grupo que había sido fiel al ahora candidato, el Movimiento Territorial (MT), cuyo líder Carlos Flores Rico fue excluido de los invitados el domingo pasado al registro oficial en el IFE. La actitud contra el MT parece obedecer a una represalia directa por la actitud que tuvo su dirigente en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez, quien cuando se pusieron en juego los liderazgos del PRI en la capital y la repartición del pastel político, se enfrentó violentamente a la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FTSE). La exclusión de Flores Rico y el MT también le podrá costar a Madrazo, no sólo en el país, sino en la capital y la zona conurbada, donde se encuentra casi un cuarto del voto nacional. Aunque los madracistas lo llaman "un grupo minoritario", tiene decenas de miles de afiliados en el país que se pueden inclinar a dos vertientes. Una es la del PRD en la capital federal, y la otra, quizás más cercana, es hacia Nueva Alianza, pues el magisterio oficial está enfrentado abiertamente contra la FTSE. No se sabe con certeza cuáles son los cálculos finales de Madrazo al relegar a los sectores. Otro priísta, Carlos Salinas, demolió a los sindicatos, que habían sido pilar del sistema político mexicano, para imponer el modelo neoliberal al país, que le costó el desajuste con guerrillas y asesinatos en 1994. El priísmo quedó tocado pero no murió. Madrazo, muy vinculado a Salinas, retoma ahora el golpeteo. ¿Morirán junto con el PRI? Es pronto para vislumbrar ese futuro. Pero lo que sí se puede prever es que sin ellos, el PRI se alejará cada vez más de recuperar la Presidencia, lo que para no pocos es una buena noticia.
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