|
En el salón de clasesAlgunos amigos y conocidos quedaron exhaustos con las conmemoraciones quijotescas. Yo, la verdad, no. Tengo la suerte de haber aprendido a discriminar, más o menos, lo que debo leer, por la razón que fuere, de lo que nada más va a resultarme una pérdida de tiempo. A lo largo de 2005, me bastaba hojear revistas o suplementos culturales para orientarme con puntería en mis lecturas cervantinas; estoy seguro de que me ahorré cientos o miles de páginas prescindibles y leí, en cambio, un puñado de noticias útiles, refrescantes, instructivas o divertidas. Soy un cervantista aficionado y un cervantófilo empedernido. Lo primero me pone al margen del academicismo, lo cual no deja de ser una lástima en muchos casos; no suscribo el prejuicio corriente que identifica lo "académico" con lo aburrido, lo cerebral, lo formal, lo sin chiste. Entre los académicos, a semejanza de lo que ocurre en cualquier otro medio profesional, hay de todo, como en botica. Cervantófilo desde hace muchos años, leo con relativa libertad, sin obligaciones demasiado específicas -aunque a veces me las impongo por puro gusto-. En 2005, empero, emprendí nuevas tareas en salones de clases: me hicieron maestro de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). La gente suele llamar a la UACM "la universidad de El Peje"; no saben que este generoso proyecto educativo se echó a andar en tiempos del gobierno metropolitano del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. El tema de Cervantes y mis clases en la UACM están unidos porque el curso que he venido impartiendo se llama "Cervantes y el conocimiento literario". No sólo no me puedo quejar: me felicito de dar clases con regularidad, a un ritmo fijo, por primera vez en mi vida. Antes, sólo di cursos anuales en diferentes lugares de provincia (lo que algunos alumnos llamaban "el curso de noviembre"). Alguien me advirtió que dar clases cada semana puede resultar agobiante a la larga. No creo que será mi caso. Es más: estoy seguro de ello. Dar clases me gusta de veras (Nada más espero que a los alumnos no les disguste demasiado mi perorata imparable). Mi seminario cervantino seguirá en 2006. Los asistentes y yo no pensamos en ningún motivo serio para suspenderlo. ¿Que se terminó el cuarto centenario? ¡Qué bueno! Así vamos a poder leer El Quijote y los demás libros -tan descuidados, por cierto- sin tanto ruido y bullicio en el ambiente; vaya, podremos estudiar con toda comodidad. La fiesta habrá concluido para otros; no para nosotros. Para los asistentes a nuestro seminario, solamente continúa. En el segundo semestre de 2005 eché a andar otro seminario para la UACM, en el plantel de San Lorenzo Tezonco, allá en el sur-oriente (imparto el cervantino en la colonia del Valle), dedicado a analizar textos literarios (poemas, sobre todo). Quiero creer que esos trabajos contribuyen con su granito de arena a elevar el nivel intelectual de la UACM.
|