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Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
09 de enero de 2006

Realineamiento

No hay que engañarse. La llegada de Ana Teresa Aranda a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) no es resultado de un golpe de Estado en la alcoba presidencial de la primera dama Marta Sahagún en contra de su esposo Vicente Fox Quesada. Tampoco es una derrota del Presidente de la República porque sus favoritos en la presunta terna para el relevo de la ex secretaria Josefina Vázquez Mota, los secretarios de Turismo, Rodolfo Elizondo, y de la Reforma Agraria, Florencio Salazar, no quedaron por la jugarreta de la señora Marta. Menos todavía es un desaire político para el candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia, Felipe Calderón. Nada de esto es real, salvo que en el contexto de la elección del 2 de julio, se está construyendo el reagrupamiento de fuerzas políticas panistas para tratar de mantener el máximo poder nacional.

Aranda, una belicosa panista de Puebla, sí es amiga de la señora Sahagún, como también es prima del subsecretario de Gobernación para medios, Enrique Aranda, y mantiene relaciones cercanas con el Opus Dei y con la extrema derecha del gobierno foxista. Pero no fue una maniobra política de alcoba por la que llegó al cargo. Desde que Vázquez Mota le presentó su renuncia al presidente Fox entre el 15 y el 19 de diciembre pasado, se perfiló el relevo. Nunca existió tal terna, y el nombre de Aranda surgió como la única posible para el reemplazo. El nombramiento se pospuso porque Fox se desconectó desde el 19 para irse de vacaciones, por lo que todo quedó en el limbo. Las complicaciones que dijo el vocero presidencial Rubén Aguilar que habían existido en el nombramiento no fueron tales, de acuerdo con personas que conocen detalles del proceso, salvo aquellas derivadas de sus propias indiscreciones y medias verdades que abrieron el camino a la especulación.

Esto no quiere decir, empero, que la designación de Aranda le haya gustado a los subsecretarios Rodolfo Tuirán y Miguel Székely, quienes tuvieron una salida atropellada de la Sedesol. El primero inclusive quiso chantajear a los hombres del Presidente, argumentando que si Aranda se quedaba, él se iba. Se fue. Székely, quien desde que formaba parte del consejo consultivo del DIF en tiempos de Aranda no se había llevado en ningún momento con la entonces directora del organismo, cuando fue informado el fin de semana pasado por el consejero presidencial Eduardo Sojo quién sería su jefa, respondió que como doctor no podía permitir que una persona que no había terminado la preparatoria lo dirigiera; se va en unos días. El tercer subsecretario, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, no tuvo problema. Desde que supo que se iba su jefa, dijo que renunciaría para buscar una diputación uninominal por Puebla.

Vázquez Mota es un invento de Felipe Calderón, y no sorprende mucho que en diciembre se haya comprometido con el candidato presidencial a irse a su campaña, aunque fuera a un nivel de segunda al no dársele, como se hubiera esperado a una secretaria de Estado, la coordinación de la campaña. Llama la atención el error táctico de su salida hacia una campaña debido a que como titular de la Sedesol estuvo a cargo del programa asistencial del presidente Fox, que sirvió para apoyar al Partido Acción Nacional a través de la designación de delegados en todo el país, y electoralmente, como sucedió en el estado de Veracruz cuando la campaña por la gubernatura, donde se puede documentar que las ayudas del programa Oportunidades se manipularon con fines políticos. Con ese antecedente, no es extraño que el primero en protestar por su incorporación a una campaña presidencial haya sido el gobernador veracruzano, el priísta Fidel Herrera, y que otros miembros de ese partido estén cuestionándola y acusándola de que la información estratégica acumulada en Sedesol se la llevará a Calderón. Ella ya respondió que no será así. Seguramente miente, pues ya usó electoralmente a Oportunidades para esos fines. Pero aunque no fuera así, Calderón tampoco la necesita para ello.

Aranda también es cercana de Calderón. Panista que ha mostrado ser bastante heterodoxa, desde la dirección del DIF, según personas con conocimiento de lo que sucedió ahí cuando era directora, utilizó recursos para campañas políticas en Puebla, y cuando vino la contienda panista por la candidatura presidencial, admitió en privado en la Secretaría de Gobernación, movilizó la estructura del organismo a favor de Calderón, y no del candidato de Los Pinos, Santiago Creel. Es decir, la llegada de Aranda a Sedesol no es una afrenta a Calderón por lo que puede significar el apoyo de Oportunidades a su campaña, sino un gesto de continuidad que subraya la asignación de recursos presupuestales para programas sociales este año, que tendrán como meses máximos de apoyos abril, mayo y junio.

Calderón no pierde con este movimiento, lo que no es lo mismo con Vázquez Mota, quien queda muy expuesta externa e internamente. Desde la oposición la ex secretaria será un buen blanco para disparar, y uno de los puntos débiles que pueden encontrar en la campaña de Calderón para deslegitimarla. Pero internamente, salvadas las formas con el candidato, le pueden empezar a cobrar facturas políticas desde Los Pinos. La señora Sahagún nunca tuvo una buena relación con Vázquez Mota, quien trató siempre de que no le creara una política social paralela, y más ríspida aún fue su relación con Aranda. En todo este rejuego, la ex secretaria es la más vulnerable por lo que puede significar una enemiga fiscalizando todo lo que hizo, y al convertirse en el objetivo más fácil en contra de Calderón. Pero este es un activo a favor de Calderón, pues al convertirse Vázquez Mota en un distractor con características de desechable, le quitan la atención a Aranda, sobre quien verdaderamente recae el peso estratégico de la política social discrecional. Vázquez Mota está políticamente neutralizada, por lo que la oposición no puede perder el objetivo central de su observación y denuncia. A Sedesol llegaron el Partido Acción Nacional doctrinario y la Presidencia foxista, unidos y sin fisuras por primera vez en el sexenio en torno a un objetivo, que es mantenerse en el poder.


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Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
 

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