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Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
02 de enero de 2006

Los nuevos ciudadanos

PARÍS.- El frío es la novedad en Francia, víctima de la onda gélida que acota Europa. Los franceses se congratulan, por otra parte, del lanzamiento del Galileo, un satélite experimental europeo puesto en órbita espacial la semana pasada para competir con el Sistema Global de Posicionamiento estadounidense conocido por sus siglas GPS, que es un negocio millonario que ayuda a la navegación terrestre. Y también se empiezan a preocupar por sus atletas en los Juegos Olímpicos de Invierno en Turín y por el cómo van a conseguir uno de los dos millones de boletos disponibles para la Copa Mundial de Futbol en Alemania cuando hay una demanda superior en 500% a la oferta. La vida cotidiana, pues, continúa, pero sin olvidar la crisis social que estalló aquí en noviembre pasado cuando el fuego de la inconformidad en los suburbios parisinos se extendió al resto de la nación y del continente.

La muerte de dos jóvenes africanos que se electrocutaron cuando huían de la policía galvanizó una molestia incubada entre los inmigrantes de las viejas colonias francesas a quienes en más de dos generaciones no les han provisto de la igualdad que tanto proclaman. La violencia, sin organización ni líderes, fue vista originalmente como un nuevo choque de religiones, pero pronto se vio que el germen era socioeconómico. La calma social volvió a los suburbios, al resto del país y del continente, pero en Francia la herida que supuró generó un fenómeno interesante. Los hijos de los inmigrantes, quienes más han sufrido de la desigualdad en esta nación, están optando por ejercer sus derechos políticos y tener una voz en la decisión sobre quién gobernará Francia después de las elecciones presidenciales de 2007.

Increíblemente, aunque de Francia se trate, lo que generalmente produce una decepción con los gobernantes se está traduciendo en una efervescencia electoral que está revirtiendo la apatía política, que es una enfermedad de la democracia. Los franceses hijos de inmigrantes todavía no son mayoría en ningún lado, pero su fuerte presencia en las provincias sí puede modificar una elección. El fenómeno de la activación política empieza a llamar la atención en Francia, donde en las últimas semanas se ha visto un registro de estos nuevos ciudadanos en porcentajes nunca antes vistos. Sólo para efecto de colocar en su dimensión el fenómeno, en la comunidad de Clichy-sous-Bois, donde comenzaron los disturbios de noviembre, el registro de nuevos votantes subió 300% en un mes, mientras que en la segunda ciudad francesa, Lyon, se elevó 27%, y en la sureña Burdeos 62% en comparación con el mismo periodo en 2004. Un reportaje en Le Monde el viernes pasado mostró que la ebullición para el registro electoral no está asociada con la participación de las figuras del futbol francés o las estrellas del espectáculo, que animaron la movilización, sino con la molestia o aprobación por la forma como se comportaron los políticos tras los disturbios de noviembre y la convicción -finalmente franceses- de que violencia llama a violencia, y que una mejor manera para cambiar las cosas es a través de las urnas.

Los jóvenes entrevistados por Le Monde expresaron su molestia y temor de que llegue a la Presidencia el ministro del Interior del gobierno de Jacques Chirac, Nicolás Sarkozy, quien decidió apelar a los votantes con un discurso radicalizado y subrayando los antagonismos. El carismático Sarkozy, considerado de derecha, puede haber conquistado algunos corazones de la extrema derecha, pero no a quienes buscan alternativas. En cambio, aunque los jóvenes consideran conservador al primer ministro Dominique de Villepin, otro precandidato presidencial, su forma de abordar el origen de los disturbios, con nuevos programas educativos y planes de empleo que reduzcan las diferencias, le generó más expectativas a quienes ven en esos factores una posibilidad de mejoría. Acciones, más que retórica, están comenzando a marcar las aparentemente lejanas elecciones presidenciales, y el seguimiento de lo que sucede puede ser un estudio de caso útil para otras latitudes.

Los jóvenes se han convertido en el segmento más buscado por todos. Los mercadólogos estudian sus patrones de comportamiento y de consumo para que las empresas produzcan su ropa, música, bebidas y todo aquello que les estimule, les genere sueños y expectativas. Los medios de comunicación en el mundo no saben exactamente cómo apelar a ese grupo, al cual ven que pierden cada vez más porque ni leen periódicos, o revistas, ni escuchan radio y están dejando de ver televisión, porque sólo les atrae internet y aquellos derivados de la revolución cibernética. Los políticos tampoco han sabido cómo conquistarlos. Han utilizado colores, como el azul de la frescura, o el verde de la esperanza, o multicolores, intentando la conexión cromática. Pero mucho más, no ha sucedido. Hay, incluso países más retrasados en la seducción del nuevo electorado, como México, donde de plano los políticos no saben ni cómo acercárseles, ni pareciera que les interesara tanto su conquista.

En las últimas elecciones, de la apatía total, grupos importantes de jóvenes transitaron hacia la beligerancia, con Cuauhtémoc Cárdenas como su primer icono y más adelante con Vicente Fox. Ido uno, decepcionados del otro, hoy no está claro para dónde jalarán. El PRI, simplemente, les causa escozor; el PRD miedo; del PAN mejor no hablan. Las campañas presidenciales comienzan en unos días y será interesante ver qué traen los candidatos para ellos. Absurdo sería que no traigan nada, pues los nuevos ciudadanos políticos, como en Francia, no son mayoría pero sí pueden hacer la diferencia. Para las elecciones del 2 de julio próximo, casi tres millones de votantes irán por primera vez a las urnas. Esto significa que están en juego casi cinco puntos porcentuales del padrón, suficiente para ganar una elección si, como todos anticipan, será cerrada. Pero los jóvenes no llegarán voluntariamente. Sarkozy y Villepin, inopinadamente, se lo están gritando a México.


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Reconocido periodista y analista, Raymundo Riva Palacio ha obtenido dos Premios Nacionales de Periodismo. Durante su fructífera carrera, ha escrito para numerosos periódicos de México, España, Canadá y Estados Unidos. Es autor de "Centroamérica: la guerra ya empezó", "Más allá de los límites: ensayo para un nuevo periodismo", y coautor de "Aún tiembla" y "La cultura de la colisión". Su último libro se titula "La prensa de los jardines". Actualmente es director editorial de El Gráfico, El M, y coordinador de asuntos internacionales de EL UNIVERSAL.
 
 

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