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Ariosto y Micó Termina el año 2005 y se prodigan las encuestas sobre lo ocurrido en el terreno cultural y artístico en estos 12 meses. Una de las preguntas de esos balances más bien melancólicos tiene que ver con el libro más importante que uno haya leído (o los tres mejores, o los cinco o los 10 más llamativos.). Se solicitan pareceres y se arman curiosas listas que serán olvidadas en menos de una semana, entre los percances de la cruda de enero. Comoquiera, aquí doy noticia acerca del mejor libro, según yo, que se publicó en 2005. En mi opinión, el libro más destacado de 2005 fue la traducción hecha por José María Micó del Orlando furioso, el inmenso poema de Ludovico Ariosto (1474-1533), aparecido con el sello editorial de Espasa en la colección llamada Biblioteca de Literatura Universal. Es una obra en la que el crítico, filólogo y poeta Micó se embarcó durante tres años, de 2002 a 2004. El Orlando apenas se lee hoy. Desde hace largos años, lo estudian y lo valoran, sobre todo, los universitarios y los aficionados a la literatura no tocados aún por las modas. Uno de esos lectores independientes fue el gran fabulista Italo Calvino, quien hizo una extraordinaria recensión comentada de la obra máxima de Ariosto, en forma de "narrado" del poema. El auténtico mar de historias del poema ariostesco fue un acervo inagotable para los escritores del último renacimiento y del pleno barroco. Los admiradores y seguidores de Ariosto se contaban por miles en la Europa ilustrada de aquellos siglos; en España, su mejor continuador se llamó Miguel de Cervantes Saavedra. Al lado de este nombre, hay que poner el del poeta cordobés Luis de Góngora: del poema de Ariosto extrajo éste el tema de su romance "de Angélica y Medoro", personajes de la épica burlesca del Orlando. La forma en que está escrito el Orlando me inspira viva simpatía: es la resonante octava real, utilizada también por Góngora en uno de sus grandes poemas, la Fábula de Polifemo y Galatea. Muchos otros poetas utilizaron también la octava, desde luego; pero el más grande octavista italiano fue Ariosto y el mayor entre los españoles, sin duda, el propio don Luis. Otros poemas famosos, como La Araucana de Alonso de Ercilla, echan mano de esa estructura poética: es ideal, según la preceptiva, para abordar temas épicos o mitológicos. La traducción de José María Micó es de todo punto admirable. Ya había demostrado su seriedad intelectual y su tino literario en diversas tareas de orden filológico y crítico, junto a Francisco Rico. Al lado de Jaime Siles, también poeta, Micó preparó una excelente antología de los siglos de oro, titulada Paraíso cerrado. Pero su versiónde Ariosto es una obramaestra. La historia del Orlando pertenece, por un lado, a la épica emanada de las hazañas de los ejércitos de Carlomagno; por otro, es fruto de la imaginación libre y a veces delirante de poetas como el genial Ariosto.
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