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La poesía de Rodolfo Usigli Al igual que Salvador Novo (su amigo y su enemigo), Rodolfo Usigli (1905-1979) fue un poeta sutil y también un epigramista implacable. Dice en una cancioncilla: "Hoy salí a vender silencio,/ silencio por la ciudad./ Vendía el silencio a gritos./ Nadie me quiso comprar". Pero también, en una sátira "A un escritor erudito", sentencia: "Tienen la talla que empinas/ y las obras que perpetras/ proporciones tan mezquinas,/ que mejor que hombre de letras/ eres hombre de letrinas". En una entrevista que le hiciera el investigador Ramón Layera, Octavio Paz valora del siguiente modo la importancia poética del autor de El gesticulador: "En la antología Poesía en movimiento se reconoce a Usigli como un poeta de indudable distinción. Siempre aprecié al poeta Usigli". Usigli es apreciado y reconocido como poeta al menos en dos antologías: La poesía mexicana moderna (1953), de Antonio Castro Leal, que Paz encuentra bastante discutible entre otras cosas porque Usigli "no está representado por lo mejor y más suyo"; y Poesía en movimiento: México 1915-1966 (1966), de la que el propio Paz es artífice principal. Rodolfo Usigli sólo publicó un breve poemario (Conversación desesperada, 1938), pero este aprecio y reconocimiento como poeta lo comparten al menos, declaradamente, Paz y José Emilio Pacheco, coautor también de Poesía en movimiento, esta antología paradigmática de la segunda mitad del siglo XX en México. En 1981, Pacheco se ocuparía del prólogo y la edición de los "poemas reunidos" de Usigli que publicó la UNAM: Tiempo y memoria en conversación desesperada (Poesía 1923-1974), y en 1994, el autor de Tarde o temprano advierte que la poesía de Usigli "está por encontrar a sus lectores". Refiere, también, que aquella edición de sus poemas selectos "se quemó casi toda en el incendio de la Cineteca". En el prólogo a Poesía en movimiento, Paz lo llama un francotirador, y añade el siguiente juicio: "Más conocido y aplaudido como autor dramático (con él comienza nuestro teatro) y por algunos ensayos feroces, arbitrarios y brillantes (todos estos adjetivos son elogios), Usigli introduce en la poesía mexicana un personaje desconocido: un señor vestido con elegancia un poco raída, muy inteligente, muy tímido y muy impertinente, a ratos sentimental y otras veces cínico. Un señor que se peina con desesperación, un señor absurdo, un poeta. Es Prufrock perdido en la ciudad de México". Usigli estaba fascinado por T. S. Eliot (a quien traduce extraordinariamente), y a Paz le fascinaba Usigli, sobre todo como personaje que se representaba a sí mismo. En la entrevista a Layera, Paz explica: "Desde muy joven (Usigli) se había impuesto unos modales corteses y secos. así como un lenguaje a un tiempo cortante e irónico. Todo en él hacía pensar más en un dandy británico que en un escritor de nuestra crepuscular clase media. Amaba la provocación intelectual, los desplantes y las paradojas. Le gustaba desconcertar; pensaba que es mejor escandalizar a la mayoría que ser aplaudido por ella". Sobre la traducción que Usigli hizo del Canto de amor, de J. Alfred Prufrock, de Eliot, Paz advierte que es memorable y producto de una afinidad, pero aclara que no lo es "porque Usigli se pareciera a Eliot sino a Prufrock". José Emilio Pacheco lo llama "poeta de la pasión y la inteligencia, la rabia y la ternura, el odio y la amistad admirativa, el juego y la confesión". Ahora que se ha cumplido el centenario natal de Usigli, bien valdría considerar los aprecios de Paz y Pacheco, y reflexionar si, como escribió este último, la poesía de Usigli aún está por encontrar a sus lectores. Escritor |