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La suerte de Pepe Toño González Anaya

05/11/2017
02:03
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Resultaría difícil recordar cuándo había sido la última ocasión en que Petróleos Mexicanos (Pemex) fue colocado al centro de una buena noticia, así se trate del nuevo pozo “Ixachi 1”, que apenas contribuirá a mejorar en 1.5% las reservas del país.

El festivo anuncio parece subrayar el propósito de la administración Peña Nieto de rescatar la imagen de esa emblemática institución, nacida hace casi ocho décadas con la promesa de ser un puntal de la independencia y la prosperidad del país. El mismo Pemex que en los años recientes casi naufragó entre números rojos financieros, desplome en producción y el auge de sus escándalos por el incesante robo de gasolinas, sobornos de Odebrecht y una dirigencia sindical arrogante y corrupta.

La información disponible permite asumir que se busca igualmente ofrecer al director general de Pemex, José Antonio González, una plataforma de lucimiento personal, ante el escenario de que asuman responsabilidades mayores en el ya cercano reacomodo del gabinete. Un ajuste que será obligado por la salida de algunos de sus integrantes, sea para ser candidatos a puestos de elección, sea por otros motivos, como la gubernatura del Banco de México, que dejará vacante Agustín Carstens.

González Anaya, de 50 años, es un personaje dotado de amplios contrastes, en su mayoría ligados precisamente con Pemex, empresa que contó entre sus primeros trabajadores a su abuelo, y que tiene entre sus contratistas a su padre, el señor José Antonio González Pereyra.

Es casi ineludible que todo aquel nacido en Coatzacoalcos, Veracruz, tenga parte de su historia marcada por la petrolera. “Todo niño nacido ahí soñó alguna vez con ser el director de Pemex”, ha dicho González Anaya en entrevistas.

La larga bonanza económica y política que ha tenido su familia en aquella región (un tío materno fue alcalde de la ciudad) le permitió tener contacto temprano con figuras del sector, entre ellos el desprestigiado dirigente del sindicato del sector, Carlos Romero Deschamps, quien gusta de trasladarse en aviones ejecutivos o en yates propiedad del gremio, o facilitarlos para el uso de su hija y sus mascotas.

El señor Romero Deschamps es invitado regular a fiestas de la familia González Anaya. En septiembre de 2015 acudió a una de ellas, durante la cual sostuvo una larga plática con González Anaya, entonces director del IMSS, teniendo como telón de fondo los rumores de que el director de Pemex, Emilio Lozoya, sería prontamente removido.

Cinco meses después González Anaya asumió la dirección de la empresa, donde pese a su bien ganada fama de experto en el tema de pensiones, no ha podido o no ha querido afectar las condiciones contractuales de privilegio que benefician a los trabajadores representados por su dirigente sindical, aficionado también a portar relojes valuados en decenas de miles de dólares.

Considerado desde hace ocho años una estrella emergente en la aristocracia del sector financiero mexicano, González Anaya ha tenido un camino alentado por sucesivos secretarios de Hacienda, lo mismo Francisco Gil Díaz que el citado Carstens y Luis Videgaray. Y desde luego, en dos momento diferentes (bajo las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nito), por José Antonio Meade, actual titular de la dependencia.

Meade ha comentado en privado que González Anaya es “el hombre más inteligente que conozco”, y éste le ha correspondido al describirlo como “mi mejor amigo (…) un modelo para muchos funcionarios que ahí la llevamos”. En cualquiera de las dos rutas que parecen presentársele hoy a Meade, la candidatura presidencial del PRI o Banco de México, aquél será seguramente su sucesor en Hacienda.

Ambos están en el núcleo duro de un sector que parece tener sus propias reglas, más allá del partido que gobierne al país, de ahí que sus integrantes hayan tenido puestos encumbrados lo mismo con Acción Nacional que con el PRI.

Si bien su círculo cercano lo llama Pepe Toño, lo que parecería aludir a un hombre afable y ligero de carácter, el estilo público del señor González Anaya se asemeja más al hermético ex secretario de Hacienda y actual canciller, Luis Videgaray, con quien comparte alma máter, el prestigiado y exclusivo Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Videgaray (como Meade, desde entonces amigos cercanos) estudiaron en paralelo licenciaturas en la UNAM y en la ITAM. El primero llegó al MIT (por sus siglas en inglés) para lograr su doctorado. González en cambio, entró ahí desde la licenciatura, en Economía e Ingeniería, para obtener luego la maestría y el doctorado en Economía en otra casa académica de renombre, Harvard.

Un dato poco consignado en el currículo oficial de González Anaya es que en 1990, a los 23 años, colaboró en la Dirección de Análisis Económico en Los Pinos, cuyo ocupante era Carlos Salina de Gortari, quien con las vueltas de la vida acabaría siendo su concuño, pues está casado con Gabriela Gerard Rivero, hermana de Ana Paula Gerard, segunda esposa del ex presidente.
 

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Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.

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