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Sargazo en el Caribe: ¿llegó para quedarse?

Los impactos económicos, sociales y ambientales del sargazo en el Caribe mexicano son graves. Si no se enfrenta de manera adecuada este problema, la industria turística y la economía nacional lo resentirán. La ciencia y la tecnología tienen la palabra
Sargazo en Quintana Roo
08/05/2019
04:41
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Hace unos días sobrevolé el litoral de Quintana Roo hasta unos 45 kilómetros de la costa. Lo que observé desde 3 mil metros de altura me sobrecogió: una miríada de franjas enormes de color ocre derivaba sobre la superficie azul del mar, alineadas en formaciones paralelas e interminables que se movían, inexorablemente, hacia la costa. Parecían imágenes salidas de una película de ciencia ficción.
 
Era la tan anunciada arribazón masiva de sargazo (Sargassum), una macroalga marina que desde hace algunos años llega, en volúmenes cada vez mayores, a las costas del océano Atlántico tropical y que queda atrapada en el mar Caribe y el Golfo de México. Un alga que muchos asociamos con el legendario Mar de los Sargazos, el que atrapaba a los navíos que en los siglos XVII y XVIII se aventuraban por el océano Atlántico septentrional. El de los Sargazos es el único mar que no baña a ninguna nación, un mar sin costas. Fue uno de los descubrimientos de Cristóbal Colón en su primer viaje a América y muchos escritores, desde Julio Verne hasta Horacio Quiroga, han dejado volar su imaginación por el Mar de los Sargazos. 

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El color ocre domina frente a las costas de Quintana Roo
 
Sin embargo, a este misterioso mar no le podemos echar la culpa de las arribazones masivas de sargazo que hoy azotan las playas de más de 20 países caribeños.

Estas macroalgas siempre han habitado los esteros y lagunas costeras del Caribe. Pero las primeras arribazones conocidas en México se dieron en 2011, y se repitieron en 2014 y 2015 como lo documentó la científica Brigitta van Tussenbroek del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM. Desde entonces, las arribazones se han repetido cada año, pero en 2018 rompieron todas las marcas. Según Alfredo Arellano, secretario de ecología y medio ambiente de Quintana Roo, entre junio y diciembre de ese año se recolectaron más de medio millón de toneladas de sargazo en las playas de siete municipios. Y todo parece indicar que en 2019 las arribazones podrían ser aún mayores, lo que resultaría un desastre para la industria turística de Quintana Roo y la Riviera Maya.

Hay varias hipótesis sobre porqué el sargazo se desarrolla tan descomunalmente y sobre cómo llega al Caribe. Brian Lapointe de Florida Atlantic University, uno de los científicos que más ha estudiado este fenómeno, cree que su crecimiento desmesurado se debe al exceso de nutrientes en aguas residuales urbanas y de fertilizantes agrícolas. En otras palabras, nuestros desechos vertidos a los ríos y al mar alimentan al sargazo, que ahora crece más y más rápido. 

El aumento de las concentraciones de dióxido de carbono (principal gas de efecto invernadero causante del cambio climático) en la atmosfera y su mayor absorción en el mar también pueden tener que ver con la proliferación anómala del sargazo. Es además posible que estas algas se alimenten de la exorbitante cantidad de nutrientes y fertilizantes que se vierten en el rio Amazonas y que son arrastrados hasta su desembocadura al mar en Brasil. Los cambios en las corrientes marinas del Atlántico, debido al calentamiento global, facilitarían además el desplazamiento del sargazo a donde hoy se acumula en grandes cantidades, como el Caribe mexicano. Aquí, de nuevo, el insaciable sargazo hallaría más alimento –nutrientes de las aguas negras de las ciudades y otros desechos– transformándose en el “super sargazo” que hoy invade las playas quintanarroenses.   

Son solo hipótesis y queda aún mucho por estudiar y conocer. Pero, cualesquiera que sean sus causas y origen geográfico, lo que queda claro, juzgando por lo que hemos visto en los últimos años, es que las arribazones de sargazo continuarán. Bien haríamos entonces en prepararnos adecuadamente para enfrentar los desafíos económicos, sociales y ambientales que acarrea su llegada.

La problemática es compleja. El sargazo no solo impacta a la industria turística del Caribe mexicano y a las miles de personas y familias que dependen de ella, sino que además amenaza a las pesquerías de la región. Sus efectos nocivos en el medio ambiente también pueden ser muy graves, desde el impacto en los arrecifes de coral y los manglares, como en la fauna marina (por ejemplo, en las tortugas que anidan en las playas). También conviene recordar que las palas mecánicas que rastrillan la arena de las playas para limpiarlas de sargazo afectan irremediablemente a los ecosistemas costeros y a las dunas.

No deja de sorprender que las autoridades de los tres ámbitos de gobierno y los hoteleros no hayan tomado medidas férreas en el asunto; sobre todo cuando la magnitud y los impactos de las arribazones de sargazo vienen anunciándose desde el 2015. Parecen paralizados. Se podrá argumentar que se han nombrado comisiones de estudio con la participación de las autoridades, el sector privado e institutos de investigación, o que se han diseñado estrategias multidisciplinarias. Pero la realidad demuestra que ninguna de estas medidas ha estado a la altura del desafío. 

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Playas llenas de sargazo en la costa quintanarroense

Siempre nos hemos preocupado a principios de abril, cuando el sargazo tiene presencia física en las playas y fastidia a los visitantes. Pero una vez desaparecen los turistas, escondemos la cabeza en la arena para el resto del año. Los problemas no se van ni se resuelven con solo pretender que no los vemos, esto lo saben hasta los avestruces. 
 
Estamos ante un reto mayúsculo que requiere voluntad política e inversiones serias a largo plazo. Urgen soluciones innovadoras para evitar que el sargazo llegue a la playa; soluciones que no impacten al medio marino. Ciertamente, una tarea para la ciencia y la tecnología que debe apoyar el Conacyt. Y todo eso solo será posible si las autoridades federales, estatales, municipales y el sector turístico dejan de pasarse la bolita unos a otros, si asumen su responsabilidad y si aportan conjuntamente los recursos financieros necesarios.
 
Parece que el super sargazo ha llegado al Caribe para quedarse. Más nos vale prepararnos inteligentemente si queremos enfrentar sus zarpazos.

Científico y ambientalista Twitter: @ovidalp

 

Ex director general del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en México (2003 a 2017)

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