Mientras las películas de superhéroes desbordan la cartelera, con lo que tenían guardado productoras como Marvel: vengadores oscuros (literalmente), guardianes del (des)orden y de galaxias que no quisieran su ayuda, personajes con poderes ilimitados, mutantes, seres impensables con poderes desmedidos, hombres de acero, insectos (des)afortunados, mujeres maravillosas y brujas perversas, seres de cielo, mar y tierra; caballeros oscuros, luminosos y perversos más un largo etcétera, la tv veleidosa como siempre, últimamente se ha metido al terreno de las series.

Sin embargo, series que marcaron pautas llegaron al agotamiento y por consecuencia al fracaso de la repetición de tramas (ejemplo, X Files que, en su arranque hace años fueron originalidad pura, y hoy son pura banalidad repetida hasta el hartazgo). Sin embargo, alejadas, la mayoría, del terreno de lo fantástico o la acción descomunal, hay otras aventuras que con los pies en la tierra resbaladiza de los gustos, tratan de ofrecer un panorama que enganche, diferente y original.

Buenos ejemplos son las dos temporadas de Fargo, propositivas, arriesgadas y originales en el terreno de lo que puede ser considerado neo thriller. Las pautas tomadas para su realización muchas veces rayan en lo genial que sale costando tres dólares para redondear la historia en los terrenos de lo inesperado. Otras series como la chilena Prófugos (dos temporadas), se detienen en el impacto de la emoción y se agotan rápidamente, sin mantener en vilo al espectador hasta sus últimas consecuencias como por ejemplo en Breaking Bad.

Muchas son series que llevan al nudo a la garganta o al vértigo de lo que nadie espera, como en las dos temporadas de la argentina Epitafios, construidas como un intrincado juego mental nada predecible. En cambio hay otras más recientes como Superviviente designado, en donde la trama pone a un miembro del gabinete de EU (Keifer Sutherland) como un emergente presidente de EU tras un ataque terrorista al Capitolio, que tienen que lidiar casi contra el destino, sus habilidades para gobernar y su astucia y sagacidad para dar con el terrorista.

Pero se le atraviesan tantos problemas domésticos, seguidos de conatos de guerra, chantajes, lanzamientos de misiles, bombas sucias, muertes inesperadas, apagones, defunciones y traiciones a la vuelta de la esquina de cada episodio, que el terrorista más buscado por el FBI puede tomarse vacaciones casi en sus narices y su captura ni tienen para cuando.

Otras como el reciente estreno de la chilena Bala loca, se devoran en sus 10 capítulos sin desperdicio, que se inician con la investigación peligrosa de un periodista ex farandulero, confinado a una silla de ruedas, metido en asuntos de política, corrupción y derechos humanos, adicto al alcohol, la cocaína y otros gustos desviados para su crew, en donde no se sabe cuándo les puedan meter un balazo para que se estén quietos.

Uno no las tiene que buscar con paciencia zen sino que aparecen inesperadamente en la programación de Netflix que ofrece algunas con resolución de 4K. Sólo hay que tener la función en la pantalla de, mínimo, 50 pulgadas y la correspondiente barra de sonido, para sentir casi la emoción en la piel de las estas historias.

pepenavar60gmail.com

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