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El enemigo de la muerte

27/10/2017
01:53
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El primer muerto del que tuvo noticia Elias Canetti había sido asesinado en una ciudad del Danubio: Rustschuk, en Bulgaria, donde nació. Según refiere en La lengua salvada, cuando caminaba con su madre a casa de su abuelo Arditti entre las casas de los turcos pudientes, las cuales se reconocían “por las estrechas rejas que colocaban ante las ventanas para custodiar a las mujeres”, su madre lo acercó a una de ellas, “me enseñó una celosía que había en lo alto y me dijo que, desde arriba, una turca miró a un búlgaro que pasaba. En aquel momento debió llegar el marido y la mató. No creo que yo hubiera comprendido antes realmente lo que era un muerto. Pero lo comprendí de la mano de mi madre en ese paseo. Le pregunté si la turca, a la que habían hallado en el suelo en un charco de sangre, ya no se levantaría nunca. ‘¡Nunca!’, dijo. ‘¡Nunca! Estaba muerta ¿entiendes?’ Yo la oía, pero no la entendía y volví a preguntar”.

No sólo lo marcó la muerte en el charco de sangre, sino también los celos del hombre que lo habían incitado al crimen; “los celos”, escribió, “se apoderaron de mí fácilmente”.

Recordaba asimismo que su padre le refirió que en Kronstadt había aprendido a cazar serpientes porque los campesinos, que las combatían por su abundancia, pagaban dos kreutzer por un saco de víboras muertas. Elias Canetti “temía que se hicieran las muertas y que de repente saltaran fuera del saco”. Aunque su padre le aseguraba que tenían que estar muertas, pues de lo contrario no le pagaban por ellas, “no creía que algo pudiera estar realmente muerto del todo”.

Canetti no conoció la muerte cuando se convenció de que moriría debido a que su prima Laurita lo empujó accidentalmente, mientras jugaban, a una caldera llena de agua hirviendo, sino una mañana en Manchester, en la que su padre entró a su cuarto y logró hacer hablar a su hermano menor, “‘Geogie’, dijo, ‘Canetti’, respondió el pequeño, two, mi padre, three, el pequeño, four, mi padre, ‘Burton’, el pequeño, Road, mi padre, West, el pequeño, ‘Didsbury’, mi padre, ‘Manchester’, el pequeño, England, mi padre, y yo, redundante y en voz muy alta, dije para finalizar: Europe. Así quedó nuevamente montada nuestra dirección. No hay palabras que haya retenido mejor: fueron las últimas palabras de mi padre”.

Su padre bajó a desayunar y poco después se oyeron gritos estridentes. “La institutriz se precipitó escaleras abajo y yo detrás de ella. Desde la puerta abierta del comedor pude ver a mi padre tendido en el suelo. Estaba estirado a todo lo largo entre la mesa y la chimenea. Su cara completamente blanca y la boca llena de espuma, mi madre arrodillada junto a él gritando: ‘¡Jacques, háblame, háblame, Jacques, Jacques, háblame!’”

Canetti no pudo asistir al entierro de su padre. Muchos años después escribiría: “Existen pocas cosas negativas que yo no haya dicho del hombre y de la humanidad. Y a pesar de todo me siento tan orgulloso de ambos que sólo odio realmente una cosa: su enemigo, la muerte”.

Cuando en 1970, su hermano Georg, que era médico y bacteriólogo, se enfermó gravemente, Elias Canetti empezó a escribir sus recuerdos de infancia “con la esperanza de que eso pudiera ayudarlo a recuperarse”. Esos escritos se convirtieron en La lengua salvada, el primer tomo de su autobiografía que, sin embargo, Georg no pudo ver porque murió en París en 1971. “Desgraciadamente”, recordaba Elias Canetti, “no pude mostrarle las primeras líneas. Murió antes. Pero ese libro le está dedicado y no existiría sin él”.

Entre los papeles de Canetti que resguarda la Biblioteca Nacional de Zürich hay una carpeta de ocho legajos con el título de Libro de los muertos, del que no hay edición en alemán, que solamente se ha publicado en español por Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores en 2010. Se trata de algunos de los apuntes que anotaba incesantemente con la idea de escribir un libro contra la muerte que nunca terminó. Recientemente, Galaxia Gutenberg ha publicado la traducción de una compilación más vasta de esos apuntes en un libro que pueden ser muchos libros posibles y que en algo revelan el método y el proceso creativo de Canetti: El libro contra la muerte. Finalmente confesaba que “desde hace muchos años nada me ha inquietado ni colmado tanto como el pensamiento de la muerte. El objetivo serio y concreto, la meta declarada y explícita de mi vida es conseguir la inmortalidad de los hombres. Hubo un tiempo en que quise prestar este objetivo al personaje central de una novela al que, para mis adentros, llamaba el ‘Enemigo de la Muerte’”.

Como muchos, Javier García Galiano (Perote, Veracruz, 1963) quiso ser futbolista, director de cine, músico y marinero, terminó estudiando Letras Modernas.

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