Culpable de cococidio en primer grado

La semana pasada ocurrió una de las cosas más extrañas en mi vida como escritor. No la primera, pues hubo ya ocasiones en que tuve que cargar con las consecuencias de irritar gente. Cuando criticar al PRI todavía era un deporte de alto riesgo, cometí una novela que se tradujo en amenazas terroríficas. Criticar una puesta en escena me causó una sesión de coces y gargajos. Referirme a una primera dama Romano me causó ser dado de baja en “Radio Educación”. Por criticar aspectos de la UNAM hay quien me declaró su “enemigo”, y me ha costado…

Minucias

No toda locura es negativa; no toda cordura es positiva.

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A través de la lectura de ciertos autores, literalmente leemos el alma de sus personajes.

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La envidia es fuente de crueldad.

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Hay música que más que escuchar, la miras.

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Qué paradoja: vestir elegantemente a los muertos para luego cremarlos o meterlos bajo tierra.

Las booktubers y su Efecto Scherezada

Son una legión. Quizá no muy grande, pero legión al fin. Gustan de la lectura, del aroma a libro nuevo más que del antiguo (si bien hay notabilísimas excepciones), y han saltado a la fama pública —determinada por su presencia en las redes sociales— con sus merecimientos no sólo en tanto asiduos a la letra impresa sino también capaces de incitar el hambre por un libro, o dos, o muchos, o todos.

El nuevo Cruz Azul, enésima edición

Llegó Pedro Caixinha y despidió al futbolista que se autodenominó el símbolo de Cruz Azul de los últimos tiempos, el de los fracasos constantes y el que siempre daba la cara cuando fueron eliminados. Se va Christian Giménez en medio de las mismas formas rudimentarias con las que han manejado a un equipo que cada seis meses ve la esperanza en nuevos personajes, que ilusiona a los siempre golpeados aficionados y que con modelos arcaicos intentan tapar la suciedad de años.

México, deporte y ¿malinchismo?

México es este territorio en donde se le dice que no a pocas cosas, el país que —sin problema alguno— abre brazos y puertas a todo lo que ingresa. Somos un mercado estratégico, comercialmente hablando. Lo que llega del exterior nos enamora rápido; con muy poco nos deslumbran, al punto de dejar de consumir lo nacional, caminando —sin darnos cuenta— al malinchismo.

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