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Una historia extraña de la Condesa

31/08/2017
02:02
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La madrugada del miércoles 23 de agosto la atención de varios vecinos de la Avenida Baja California, en la colonia Condesa, es atraída por el ruido de un impacto. Los curiosos advierten que un vehículo negro, al parecer un Crown Victoria, acaba de embestir la puerta de un domicilio.

Uno de ellos toma el teléfono y reporta al 911 lo que está ocurriendo: del vehículo negro, y de una camioneta del mismo color que lo acompaña, bajan diez o doce hombres que rápidamente se introducen en la casa.

Pasados un par de minutos, los sujetos regresan a la calle cargando objetos diversos. Colocan lo sustraído en la camioneta negra, y también en la cajuela del Ford que han empleado para embestir la puerta.

Uno de los testigos, mientras tanto, le narra a la operadora lo que está ocurriendo.

Arriba al lugar una unidad de la Secretaría de Seguridad Pública. Al pasar frente al domicilio, disminuye la velocidad. Los tripulantes observan los acontecimientos, y prefieren seguir circulando por Baja California.

Los asaltantes, si es que se trató de un asalto, abordan con calma —“sin aparente prisa”, me escribe un testigo— sus vehículos. La camioneta negra dobla a la izquierda, rumbo al Viaducto.

El Ford permanece unos minutos más en el lugar, como esperando a alguien. Aparece entonces una segunda patrulla, que se estaciona a unos metros del Ford.

Aunque el testigo que marcó al 911 le ha dado a la operadora la descripción del vehículo, la patrulla permite que el Ford se aleje.

“Los están dejando ir”, informa el testigo a la operadora.

Tres o cuatro patrullas, con las torretas encendidas, aparecen, una tras otra, en el domicilio. Cuatro miembros del grupo que embistió la casa aún se encuentran ahí, en la banqueta.

“No intentaron correr ni esconderse —relata el testigo—, sólo permanecieron tranquilos en la esquina, a unos cuantos metros de la entrada del domicilio. Le señalé a la operadora que ellos también habían entrado y salido de la casa, y formaban parte del grupo de asaltantes”.

Los policías descendieron de las patrullas y comenzaron a hablar con ellos.

“En ese momento pensé que al menos una parte del grupo sería detenida”, prosigue el testigo, pero no fue así.

La conversación fue breve. Uno de los cuatro sospechosos atravesó la calle y abordó una camioneta gris que estaba estacionada en la otra esquina. Le dio vuelta a la manzana, se acercó a donde estaban los otros en sentido contrario, y “ante la complacencia de los elementos de la policía ahí presentes, el último grupo de asaltantes subió al vehículo y procedió a retirarse”.

El episodio duró diez minutos y fue descrito, prácticamente segundo a segundo, a la operadora del 911.

—¿Qué le comentaba la operadora mientras usted describía lo que estaba ocurriendo? —pregunto.

—Solo atinaba a responderme que las unidades ya tenían conocimiento de todo lo que estaba señalando.

Cuando no quedaba ya ningún sospechoso en el lugar de los hechos, los oficiales de la SSP empuñaron sus linternas y escudriñaron el piso y los alrededores, como buscando algo.

La llamada al 911 fue grabada por las autoridades. Ahí quedaron registrados los números de las patrullas que acudieron al llamado; en las cámaras de vigilancia de la zona deben estar también los datos de los vehículos que participaron en los hechos.

Los vecinos afirman que el domicilio atacado fue teatro de un asesinato cometido hace tres años. En efecto, en julio de 2014, un hombre que entró a robar al domicilio fue sorprendido en el piso superior por la policía. Se enfrentó a tiros con los agentes, y fue abatido. Una de estas tardes visité el domicilio. No había nadie. Nadie abrió. Pregunté por ahí. Me dijeron que un herrero acababa de arreglar la puerta que el auto había embestido. Un vecino señaló que “a veces se ve luz” y que en ocasiones “alguien viene a barrer”.

La procuraduría capitalina extendió a los vecinos el número de folio con el que su denuncia quedó registrada.

Manejé por ahí de noche. La casa estaba a oscuras.

 

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