En un video captado por la cámara de seguridad que se encuentra a las puertas del domicilio del arzobispo primado emérito, Norberto Rivera Carrera, al cual el columnista tuvo acceso, se aprecian claramente los movimientos de los tres agresores que el domingo pasado intentaron penetrar en la residencia del prelado, ubicada en la colonia Florida.

El video cuadra con los datos publicados el martes pasado en este espacio, pero sobre todo parece cuestionar la versión que indica que un grupo de sicarios del Estado de México habrían sido enviados a ultimar al arzobispo, dada a conocer ayer por mi compañero de páginas Carlos Loret de Mola.

1.— Un hombre finge hablar por teléfono y se detiene a unos pasos de la puerta.

2.— Un segundo agresor, con saco gris y un sobre amarillo en la mano, toca el timbre.

3.— Cuando la puerta se abre, el sujeto del traje gris la empuja hacia adentro. El hombre del teléfono, y un tercer personaje vestido con chaleco, quien lleva un arma en la mano, se precipitan sobre la puerta. De acuerdo con el video, este personaje es el único que va armado.

4.— Dos de los agresores salen huyendo unos segundos después de haber entrado. El hombre del chaleco aparece poco después, y arrastrándose por la banqueta se dirige a un vehículo que lo espera.

5.— Un escolta vestido de civil sale del domicilio e intenta abrir fuego contra el vehículo que escapa. Sin embargo, su arma, al parecer, se encasquilla.

Según los dictámenes periciales realizados por la procuraduría capitalina, solo dos armas se accionaron durante los hechos. La 9 mm del escolta que falleció al impedir el ingreso de los intrusos —el agente caminó hacia atrás, desenfundó y e hizo fuego mientras intentaba guarecerse detrás de un vehículo estacionado en el patio, lo cual, desgraciadamente, no consiguió— y una .380 que se presume portaba el agresor al que el escolta hirió, y quien horas más tarde fue abandonado en la entrada del IMSS de Lomas Verdes (dio positivo en la prueba de rodizonato).

Fuentes que participan en la investigación me hacen notar tres cosas: el hecho de que tres presuntos sicarios portaran solamente un arma no cuadra con un intento de ejecución; el calibre .380 no suele ser empleado por profesionales del crimen organizado debido a su escasa capacidad de penetración (ni siquiera se le considera de uso reservado); y el hecho de que con tan limitado armamento los agresores se hubieran atrevido a ingresar a la casa del prelado, si es que iban con el plan de asesinarlo.

Aunque las autoridades no descartan aún ninguna línea, la hipótesis de la ejecución, me informan, parece de momento tambaleante. La mayor parte de las ejecuciones ocurren, por lo demás, en la calle, donde es más fácil que los atacantes encuentren vías de escape.

Por el contrario, en la colonia del arzobispo, y en otras de la Ciudad de México que se ubican en el mismo nivel socioeconómico, el modus operandi de los asaltos a casa-habitación se aproxima al de los intrusos de la colonia Florida.

Estos suelen presentarse con el pretexto de entregar un sobre, un paquete, un pastel, unas rosas. En algunas ocasiones se disfrazan con uniformes de mensajería e incluso se hacen pasar por elementos de cuerpos privados de vigilancia. El grupo suele estar formado por tres personas que someten a los vigilantes o a la servidumbre, y en unos minutos guardan en mochilas o en las fundas de las almohadas los objetos de valor que encuentran a su paso.

Ayer fue asaltada de un modo parecido la casa que habita en Cuajimalpa el ex senador zacatecano David Monreal, hermano del ex delegado en Cuauhtémoc, y actual presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Ricardo Monreal Ávila.

Tres sujetos con el uniforme de la empresa de seguridad privada contratada para dar seguridad al fraccionamiento donde habita Monreal se acercaron a la caseta de vigilancia, pidieron permiso para entrar al baño y sometieron al guardia.

Uno de ellos se quedó en la caseta y permitió el paso de un Audi gris. Los dos cómplices restantes se dirigieron a pie a la casa del ex senador, llamaron a la puerta, amarraron a la empleada doméstica (al parecer la familia no se hallaba en el domicilio) y la cubrieron con las cobijas de una cama.

Se llevaron “dinero con un monto indeterminado, joyas y diversos objetos de valor, como celulares, laptops y adornos de la casa”. Luego salieron del fraccionamiento a bordo del Audi. Ya no portaban, entonces, los uniformes de seguridad. En la calle, tres de ellos descendieron del vehículo y caminaron con rumbos diferentes. El Audi se dirigió a Huixquilucan.

Aunque los funcionarios consultados no se animaron a decirlo con todas sus letras, me queda la impresión de que, o los agresores del escolta del arzobispo eran sicarios amateurs, o se terminará concluyendo que solo se trató de un intento robo.

@hdemauleon demauleon@hotmail.com

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