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Renato Leduc y Leonora Carrington

En las fabulillas de Leduc danzan versos al ritmo de su sentido del humor, su malicia y la genialidad de su pluma. Nada de moralejas como las de Esopo o La Fontaine
23/05/2018
00:24
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La nueva edición de XV Fabulillas de animales, niños y espantos de Renato Leduc, ilustradas con viñetas de Leonora Carrington, se debe a una hazaña de José Luis Martínez S., quien, desde su encierro monacal imaginario, busca y encuentra joyas como ésta: el único libro realizado por el poeta y la pintora. Tan único, que fue el autor del soneto Tiempo quien pagó la edición de 300 ejemplares en 1957. Hace más de 60 años.

El prólogo de José Luis Martínez S. nos da el contexto, la historia y las circunstancias, en Europa, que se dieron para que Renato y Leonora se conocieran y se casaran en Portugal el 26 de mayo de 1941. En el trayecto, nos lleva a París y al trabajo de Leduc, pero también a su fascinación por la calle, el barrio latino, los cafés, el cabaret, el baile y su amistad entrañable con las prostitutas. Por otro lado, revisitamos la vida de Leonora desde niña, su huida de Inglaterra para estudiar arte en París, donde conoce a Max Ernst y se enamoran hasta el delirio, igual de excéntricos que Paul Éluard y Gala o que Peggy Guggenheim, que después se casaría con el pintor alemán. Luego, el movimiento surrealista, el sufrimiento de Leonora cuando los nazis se llevan a Max, la pesadilla del hospital psiquiátrico en Santander y el encuentro con el poeta y periodista mexicano que se casa con ella en 1941 para llevársela a Nueva York y después a México.

Entre múltiples fuentes consultadas para su texto, el periodista y editor rescata valiosos testimonios como los de la conversación de Leduc con José Ramón Garmabella, la inolvidable entrevista que Silvia Cherem le hizo a la pintora o fragmentos de la novela biográfica Leonora, de Elena Poniatowska. Además integra dos cartas de amor.

En una de ellas se lee:

Te amo atrozmente, este lugar es horrible sin ti, y aquí me la paso toda la mañana. Detesto Nueva York. Te amo y tengo ganas de acostarme contigo, tengo ganas de abrazarte y lamerte. Se hace tarde y no vienes, no le temo a nada, por amor de Dios o de Satán (más bien por amor de Satán). Regresa PRONTO PRONTO, RENATO. TENGO GANAS DE TI Y ME VUELVO LOCA SIN TI. VEN PRONTO. Estoy angustiada, te necesito. ¿Tienes idea de cuánto te necesito? No voy a dejar de escribir hasta que regreses (…)

Leonora y Renato, de dos mundos totalmente distintos, solicitan el divorcio en 1944 cuando él tenía 46 o 48 años y ella 28. Pero la amistad perdura. Y la prueba es este libro donde sí se entienden y expresan otra forma del amor, en el diálogo de la palabra y la imagen.

En las fabulillas de Leduc danzan versos al ritmo de su sentido del humor, su malicia y la genialidad de su pluma. Nada de moralejas como las de Esopo o La Fontaine. Aquí aparecen elefantes, focas, cisnes, jirafas, sátiros cabrones, una iguana, una vaca… Y “El Coyote”, ese que aúlla en un dibujo de Leonora en la portada del libro:

Ulises de los áridos potreros/ fecundo en trucos y en desleales tretas./ Salteador de gallinas y corderos,/ trovador de misántropos ascetas…

Yo te debo y te ofrezco este homenaje,/ Señor de la rapiña… y del vagabundaje.

En un fragmento de su “Canción de Cuna, para adormecer niños muy despiertos”, leemos:

El pescado grande se come al pez chico/ y al pobre pendejo le devora el rico.

El banquero tiene las nalgas enjutas/ de tanto mecerlas en muelle sillón./ Duérmete mi niño… ahí vienen las putas/ a darte la teta o el biberón.

Con este rescate invaluable (Vaso Roto Ediciones), se enriquece el acervo artístico en el que grandes pasiones han dejado su huella al óleo, la tinta, la fotografía, la correspondencia, o la poesía. Diego y Frida, Atl y Nahui, Modotti y Weston, las cartas de Gilberto Owen a Clementina Otero o las de Antonieta a Rodríguez Lozano… forman parte de ese legado.

 

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