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México68, la versión huichol y Pedro de Haro

06/12/2017
01:51
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Pedro Ramírez Vázquez solía decirle Pedro Diego. Su verdadero nombre era Pedro de Haro, marakame o chamán wixárika, autoridad moral del pueblo huichol que contribuyó a la creación del logotipo de los Juegos Olímpicos de México68. ¿Cómo llegó este hombre a las figuras que darían pie al diseño definitivo? Por el camino que permite a los grandes sabios ver soluciones: el sueño.

Sí, el origen del logotipo México68 que el arquitecto Ramírez Vázquez atribuye a manos huicholas según la grabación que dio pie a esta serie, tuvo lugar en el sueño del principal curador de la sala del Gran Nayar en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Cuando el presidente del Comité Organizador de los Juegos de la XIX Olimpiada y el museógrafo Alfonso Soto Soria recurrieron a él para pedirle una propuesta, don Pedro de Haro, el chamán cantador, se durmió aquella noche preguntando cómo lograr un símbolo que fuera recordado en el tiempo. Y el venado, guía sagrado de los wixáritari, lo llevó a ver las figuras durante el sueño, que es un ritual visionario de los iniciados. Al día siguiente, en cuanto abrió los ojos, buscó a un grupo de artesanos huicholes de Santa Catarina que trabajaban en el mercado de la Ciudadela y les dio instrucciones: “Escriban México68 con esos hilos …”. Ellos dibujaron los elementos sobre varias tablas de madera, las untaron con cera y pegaron los estambres de múltiples colores con las letras, los números, los aros olímpicos, además de aves, caracoles, conejos… El arquitecto quedó fascinado con el concepto huichol y entregó las tablas a los diseñadores.

Pedro de Haro murió en 2005 pero dos de las personas más cercanas a él narran la versión que les contó en vida. Son Ramón Longoria, abogado especialista en Derecho Agrario, contratado por la Unión de Comunidades Indígenas Huicholas en los años de lucha y el mejor amigo del personaje, quien asegura: “Soñó el diseño, así me lo dijo”. Y José Godoy, filósofo, activista por la paz y asistente del gran marakame durante 10 años. Platico con ellos, por separado, y coinciden.

¿Y Lance Wyman? Según estas versiones, fue después de las tablas cuando “a don Pedro le pidieron en el museo que ayudara a un joven diseñador recién llegado de Estados Unidos que sabía poco de México”.
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La vida de Pedro de Haro, legendaria en la sierra huichola, también la narra Fernando Benítez, quien lo entrevistó, en el Tomo II. Los Huicholes, de su obra Los indios de México. En resumen: Lideró la defensa de las tierras de San Sebastián Teponahuaxtlán, Jalisco (limítrofe con Nayarit) que grupos invasores de ganaderos les habían arrebatado a las comunidades. Durante viajes interminables a la Ciudad de México y con voluntad y resistencia férreas consiguió los títulos virreinales y una resolución presidencial para que les devolvieran lo suyo a los huicholes. Durante la lucha, acusado de disolución social, estuvo casi dos años en la cárcel, donde estudió Derecho, la Constitución, aprendió de memoria el Acta de Independencia, elaboró su propio amparo y finalmente salió con ayuda de Agustín Yáñez, que lo admiraba. En el pueblo wixárika se recuerdan sus ceremonias, su sabiduría, sus palabras: “Estamos ganando la batalla por la tierra, pero de nada nos sirve si no ganamos la batalla del hombre”.

De aquellas tablas de los artesanos de Santa Catarina se conservan 16, impecables y bellas, en el archivo de Pedro Ramírez Vázquez.

Y así es como la memoria wixárica irrumpe con su magia en esta historia que, 50 años después, comienza a reescribirse.

 

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