La reforma política presentada por el presidente Calderón representa un avance en algunos aspectos, como la segunda vuelta electoral (que debería extenderse a todos los cargos de elección popular), las candidaturas independientes e iniciativas ciudadanas. Pero estas iniciativas también presentan algunos puntos delicados: la reelección, la iniciativa preferente por parte del Ejecutivo y la posibilidad del Poder Judicial de presentar iniciativas ante el Congreso.
Respecto a la reelección, cabe precisar el hecho de que en en México ésta ya existe, aunque con excepción del Ejecutivo federal y no de manera consecutiva. Más allá de resultar novedosa, esta propuesta representa retos y riesgos para la democracia. si bien existe una campaña en los medios de comunicación a favor de la reelección, es necesario hacernos algunas preguntas: ¿debe ir la reelección acompañada por la revocación del mandato?, ¿no sería ésta una mejor manera de "empoderar a la ciudadanía" frente a quienes ejercen cargos de elección popular en beneficio propio?
Aunque para ser electo a un cargo de elección popular no se requieren estudios especializados, hay quienes opinan que la reelección constituiría un perfecto mecanismo para "profesionalizar" la función legislativa. Sin embargo, ante la ausencia de formación y capacitación para su ejercicio, cualquier argumento que abogue por la "profesionalización" sin capacitación resulta falaz. Qué ocurriría con aquellos políticos que se convierten literalmente en caciques de "sus" distritos o municipios y que durante el ejercicio del cargo se conducen con la dádiva que les permite establecer el "trampolín" perfecto para su perpetuación en el cargo. ¿Es esto realmente lo que se pretende con la reelección? Éste es uno de los peligros a los que se enfrenta nuestra democracia, de ahí la importancia de que la reelección —inclusive si no es consecutiva— vaya acompañada con la de la revocación.
Si lo que realmente se busca es "premiar" a quienes ejercen cargos de elección popular, podría implementarse un mecanismo más efectivo y con menos margen de error para otorgar dicho "premio" a través de una evaluación seria del desempeño del servicio público. Dicho mecanismo podría ser implementado por algún órgano autónomo de control y para otorgar al servidor público la calidad de candidato "reelegible" por trabajo y resultados comprobados.
La iniciativas "preferentes" por parte del titular del Ejecutivo federal y la capacidad del Poder Judicial de presentar iniciativas resultan debatibles, pues significaría la supeditación del Legislativo —donde reside la soberanía popular y los contrapesos del gobierno—. Estas propuestas le arrebatan al Legislativo una facultad que en principio debe serle exclusiva. Resulta útil precisar que el Poder Judicial emite actos materialmente legislativos, equiparables a los de cualquier ley, con la salvedad de que no siguen el proceso legislativo. Dichos actos son las denominadas "jurisprudencias" y constituyen en sí mismas una forma de legislación.
En relación a la iniciativa "preferente" del titular del Ejecutivo, resulta una manera innegable de fortalecerlo, sobre todo en épocas recientes en las que ha existido conflicto entre éste y el Poder Legislativo. Sin embargo, esta propuesta cuya mira es dotarlo de un mayor campo de acción y favorecer la perpetración de el mismo presidencialismo contra el que se lucho durante 70 años.
No cabe duda que esta reforma política constituye la única propuesta de reforma importante al régimen político desde aquellos debates sobre la mal llamada "Reforma del Estado", que pretendían precisamente eso: una reforma política profunda y de gran calado, dado a la aparente decadencia del régimen presidencialista, por lo que se hablaba de migrar a modelos parlamentarios, haciéndose mención de "jefes de Gabinete", entre otras figuras a fines con todo régimen parlamentario.
El presidencialismo aún da y dará para más y por eso la importancia de "empoderar a la ciudadanía". Qué mejor manera que la revocación del mandato para dotar a la ciudadanía de un instrumento más poderoso que el sufragio, auténtico contrapeso que, con las candidaturas independientes e iniciativas ciudadanas resultan la vía idónea para la democratización del país, eso sin mencionar figuras como el referéndum y el plebiscito que de momento parecen no estar incluidas en la agenda.
Entrémosle la tema de la revocación con el mismo entusiasmo de la reeeleción. Así se dotará a la ciudadanía de un empoderamiento real que cumpla con el anhelo de toda democracia: la entrega del gobierno a los ciudadanos.
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Estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAM
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