Se encuentra usted aquí

Se quedan en su casa, a pesar de los daños causados por el sismo

Aunque sus vecinos decidieron irse del edificio por las grietas e inclinación del inmueble, Maria Luisa y su familia se quedarán a vivir allí, porque es el único patrimonio que tienen
04/10/2017
00:00
-A +A
Texto: Elisa Villa 

 

El día del temblor, María Luisa y su familia se refugiaron en un jardín alejado de los edificios. Se quedaron un largo rato allí porque los rumores decían que venía una réplica y todos se asustaron. Desde hace 32 años, viven en un departamento de la Unidad Habitacional Piedra Blanca, de Cuautla, Morelos.

Después de un rato de incertidumbre, decidieron entrar al lugar y armaron maletas con ropa y cobijas. En menos de una hora estaban en casa de unos familiares y se quedaron ahí casi una semana.

El departamento de María Luisa no tiene seguro. Aunque el personal de Infonavit (los encargados de la construcción de Piedra Blanca hace más de 30 años) visitó la unidad, sólo atendieron a quienes todavía no terminan de pagar su casa. “Dicen que los que ya terminamos de pagar le correspondemos al gobierno, al fondo de desastres”.

De acuerdo con la agencia internacional Fitch Ratings, las finanzas de Morelos serán las más afectadas como consecuencia del sismo porque el estado cuenta con pocos recursos; a diferencia de otras entidades afectadas, como la Ciudad de México y Puebla, que tienen seguros y fondos contra desastres naturales.
 

El momento del sismo

Como todos los días, María Luisa preparaba la bandeja con las gelatinas que le vende a sus vecinos de Piedra Blanca.

Una de sus clientas dejó lo que estaba haciendo para ir a casa de María Luisa a comprar algunas. Ahí fue cuando sintieron que el piso se movía: “comenzamos a orar porque sí se sentía horrible cómo se balanceaba el edificio. Después se cayeron las cosas del librero, las bocinas, y nos espantamos más”, dice María Luisa.

María Luisa recuerda que durante el terremoto de 1985 “no se sintió tanto”, ni en intensidad ni en duración. Cuenta que vivía en una vecindad del centro de Cuautla y que tuvo tiempo de cerrar las llaves de gas y poner a sus pequeños hijos a salvo, pero que su casa no sufrió daños.

Esta vez, María Luisa reconoce que con el terremoto de hace unos días no les dio tiempo de bajar, a pesar de que viven en la segunda planta de su edificio. Su vecino del tercer piso “venía bajando las escaleras y vimos cómo lo rebotaba la pared. Y pues ya se quedó aquí con nosotros en la puerta. En mis casi 60 años no había sentido nada parecido”.
titulo_foto_2_piedra_blanca_50542034-min.jpg
 

“Diario salen camionetas cargadas de muebles”

El edificio donde vive María Luisa y su familia está deteriorado por la falta de mantenimiento y porque sus vecinos "están haciendo ventanas y puertas donde no deberían". Hace unos años hubo una fuga de agua en el tercer piso y su techo se agrietó.

Como María Luisa, hay 34 millones de mexicanos que aún residen en viviendas con algún tipo de rezago, según el último estudio Estado Actual de la Vivienda, del Centro de Investigación y Documentación de la Casa.

Con el sismo del 19 de septiembre aparecieron nuevas grietas y otras crecieron más. Ella cuenta que una brigada de Protección Civil acudió a la unidad habitacional dos días después del sismo pero que no revisaron todas las viviendas.

“No entraron a todas las casas. No revisaron departamento por departamento. Aquí no revisaron, sólo la de Anita (su hija), porque andaban apuradísimos. Eran las cuatro de la tarde, decían que andaban desde las siete de la mañana”, recuerda.

La brigada de Protección Civil hizo una evaluación visual de las pocas viviendas que visitó y dijo que las casas estaban habitables. Sin embargo, todos los días salen mudanzas de vecinos que por miedo tendrán que dejar atrás sus viviendas.

Aún cuando todas las personas afectadas por el sismo pudieran pagar una casa nueva, en México se requieren 7 millones de casas populares al año, de acuerdo con Jorge Wolpert Kuri, director general de la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI).
 

“Tratamos de mantenernos tranquilos”

María Luisa cuenta que puso una botella con la boquilla hacia abajo y sobre ella, una tapadera de lámina “si se llega a mover, hace ruido y ya sabemos que se está moviendo el piso”. Dice que el otro día vio en televisión cómo alguien enseñaba a hacer una alarma casera. En su unidad no hay alarma sísmica, así que ella y su familia se preparan en caso de sismo.

“De salud, estamos bien. Yo duermo bien y mi viejito creo que también”. No es lo mismo en el caso de sus pequeños nietos, quienes estaban con María Luisa el día que tembló. Uno de los niños, Mateo, se asusta cada vez que alguien golpea un mueble por error y este se mueve.

El departamento de Piedra Blanca y un pequeño terreno es lo único que María Luisa tiene. Hasta hace poco, sus planes eran construir una casita en el terreno para que ella y su esposo vivieran ahí mientras ponían en renta el departamento “pero ahorita la mayoría de la gente se está yendo y va a ser difícil que quieran rentar o comprar. Piedra Blanca va a ser la ciudad desolada, les grito y siento que hace eco”.

“La vecina del primer piso, debajo de mí, no está. Otra vecina se llevó sus cosas porque dice que se hundió el piso de su baño y que tiene más grietas. Mi vecina de enfrente dice que también se va a ir porque quitó el repellado y vio que su techo está desnivelado”, concluye.

 

Hace dos meses María Luisa Pérez compartió su historia con El Universal en el reportaje Con ceniza y papel, mexicanos crean material más resistente que el concreto, publicado el 12 de agosto

Comentarios

 

MÁS EN OPINIÓN