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Encuentran microfibras de plástico en el agua

No importa si bebes agua de la llave o embotellada, los residuos de plástico salen de todos lugares: los encontraron en el agua del edificio de la Torre Trump, en Estados Unidos y también en África
06/09/2017
20:25
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Texto:  Dan Morrison y Christopher Tyree/Orb Media 

Está en todas partes: el producto más duradero, insidioso e íntimo del mundo.
 
El plástico envuelve nuestras comidas y agiliza nuestros automóviles. Viste a las personas que están a la moda en el centro de la ciudad y a los escaladores en el Monte Everest. Exfolia y aísla. Transporta las aguas residuales y permite la entrega de sangre humana.
 
Miremos en nuestra casa, –nuestros armarios, nuestro refrigerador, nuestro baño y nuestra cama– y contemos los artículos plásticos. ¿Cuántos llegamos a contar antes de darnos por vencidos?
 
Y eso es solamente lo que puede observarse a simple vista.
 
Más allá de los envases y las cajas de pastillas, las bolsas y los biberones, hay un reino de plástico invisible: pequeñas fibras, fragmentos y subproductos químicos que se infiltran en todos los aspectos de la vida cotidiana.
 
El plástico está en el aire a nuestro alrededor, ahora mismo.
 
Flota como el polen en la luz del sol. Es espeso en los ríos y océanos. Está en los mariscos en la sal y en millones de animales silvestres.
 
Y, según la investigación exclusiva de Orb Media, el plástico ha contaminado las muestras de agua de grifo de todo el mundo.
 
Las fibras de plástico microscópicas salen de los grifos de lugares tan distantes como Nueva York y Nueva Delhi para el consumo de personas, mascotas y ganado.
 
"Esto debería tener sentido para nosotros”, Muhammad Yunus, galardonado con el Premio Nobel de la Paz y fundador del Banco Grameen, le comentó a Orb. “Sabíamos que este plástico vuelve a nosotros a través de nuestra cadena alimenticia. Ahora vemos que vuelve a nosotros a través de nuestra agua potable. ¿Tenemos una salida?”.
 
Esta contaminación previamente desconocida desafía la riqueza y la geografía: el número de fibras plásticas encontradas en el agua de grifo del restaurante Trump, de la Torre Trump en Manhattan, no fue diferente de la que se encontró en las muestras de Beirut, Líbano; y Kampala, Uganda.
 
Orb incluso encontró fibras plásticas en el agua embotellada de las principales marcas estadounidenses, y en hogares que usan filtros de ósmosis inversa. Basándonos en nuestros resultados, una persona que bebe dos litros de agua al día, o bebidas como café, té y refresco, puede ingerir ocho fibras de plástico, el equivalente a más de 2,900 al año.
 
"Vemos que la soga se está apretando más y más alrededor de nuestro cuello", dijo Yunus, quien planea una iniciativa contra los desechos de plástico a finales de este año. "Hemos sido advertidos antes sobre la amenaza del plástico para la vida y el planeta. Pero no me di cuenta del riesgo que corre nuestra vida hasta que se presentaron estas nuevas conclusiones de las investigaciones".
 
Los científicos sospechan que el plástico puede emanar toxinas una vez dentro del cuerpo humano. En estudios con animales, "se hizo evidente muy pronto que el plástico liberaría esos productos químicos y que en realidad, las condiciones en el intestino facilitarían una liberación realmente rápida", dijo Richard Thompson, decano asociado de investigación en la Universidad de Plymouth en el Reino Unido, en una entrevista.
 
"Cuando pensamos en los plásticos", dijo Thompson, " el beneficio que aportan está completamente separado de todo el daño que causan".
 
El plástico invisible está dentro de nuestro organismo. Dentro de nuestros bebés.
 
Dentro de la reina de Inglaterra.
 
"La reina Isabel probablemente ha ingerido una buena cantidad de plástico, al igual que [el príncipe] Charles, y toda clase de personas", dijo Mark Browne, un eco-toxicólogo de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia. "Cualquiera que sea el material que pongamos en el mercado estoy seguro de que llega a los seres humanos y la vida silvestre, y ese es el problema".
 
El problema es que el plástico domina nuestro mundo. Seguimos creando más, y seguimos desechándolo de manera incorrecta.
 
Existen abundantes pruebas de que el plástico puede considerarse un residuo peligroso y que es una amenaza para la vida silvestre. Los productos químicos utilizados en el plástico se han vinculado a una lista de enfermedades, incluido el cáncer.
 
Las fibras plásticas se agregan a una lista alarmante de contaminantes que amenazan el abastecimiento de agua del mundo, incluidos los productos químicos que afectan al sistema endocrino.
 
Pero los gobiernos no han examinado lo que el plástico en el agua potable, la comida y el aire podría significar para el bienestar humano.
 
"No se puede hacer una determinación de que esto es un problema real hasta que se entienda cómo afecta al organismo humano", dijo Albert Appleton, excomisionado del agua de la ciudad de Nueva York, en una entrevista. ¿Se bioacumula? ¿Afecta la formación celular? ¿Es un portador para transmitir patógenos dañinos? Si se descompone, ¿cuáles son sus productos de descomposición?".
 
La investigación de Orb "plantea más preguntas de las que responde", dijo Appleton. El gobierno de los Estados Unidos no regula las partículas de plástico en el agua potable.
 
"La investigación sobre la salud humana está todavía en sus primeros pasos", dijo Lincoln Fok, un científico ambiental en la Universidad de Educación de Hong Kong.
 
Sherri Ann Mason, pionera en la investigación de microplásticos, supervisó el estudio de Orb, que incluyó más de 150 muestras del agua de grifo de cinco continentes. La investigadora Mary Kosuth examinó las muestras en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Minnesota.
 
"Tenemos suficiente información a partir de la observación de la vida silvestre", dijo Mason, presidente del departamento de geología y ciencias ambientales de la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia. "Si está afectando a la vida silvestre, ¿cómo pensamos que no nos va a afectar a nosotros de alguna manera?".
 
Las fibras en el agua de grifo son un descubrimiento y un marcador –un signo visceral de hasta qué punto el plástico ha penetrado en la vida y en la anatomía humana. No podemos ver las moléculas de cadena larga de contaminantes como los productos químicos polifluoroalquílicos, incluso si residen en más del 98 por ciento de la población. Pero cuando las fibras se filtran en un laboratorio y se agrandan con un microscopio, la contaminación se vuelve real.
 
"Hay varias vías en las que se podría estar expuesto a plásticos o productos químicos asociados a los plásticos", dijo Tamara Galloway, una eco-toxicóloga de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido. "La vía principal sería a través de la comida o el agua."
 
"Lo que no sabemos es qué implicación podría tener para la salud humana."
 
Las fábricas del mundo producen más de 300 millones de toneladas de plástico cada año: ese es el peso equivalente a 46 Grandes Pirámides de Guiza cada 12 meses.
 
Más del 40 por ciento de ese plástico –contenedores, bolsas plásticas de supermercado, pajitas–  es usado una vez para luego ser desechado. Eso es el equivalente a 18 Grandes Pirámides lanzadas a la basura. O al río.
 
Pero el plástico se niega a desaparecer
 
Tómese casi cualquier cosa fabricada antes de la década de los cuarenta, desde una antigua hacha china hasta un motor de vapor escocés, y déjeselo en un campo abierto en alguna parte. A través de las estaciones y los años, el metal se oxidará y se escamará, la madera se desmoronará y se pudrirá, y estos artículos de uso humano volverán a la tierra.
 
El plástico es todo lo contrario. El frágil tenedor que usamos en el almuerzo puede romperse pero, a falta de fuego, no será destruido. Mientras el hierro y el acero se convierten en óxido, la única concesión del plástico es fragmentarse en trozos cada vez más pequeños de sí mismo hasta alcanzar un tamaño microscópico, un contaminante que persistirá durante miles de años.
 
Este estado pernicioso y omnipresencia son lo que ha llevado a algunos expertos a considerar la contaminación por plásticos como un reto comparable al cambio climático.
 
Los científicos estiman que billones de piezas de plástico están bloqueadas en el casquete polar ártico que se está derritiendo, y que un billón más flota en la superficie del océano. 
 
Si bien se desconoce el volumen de plástico menos flotante que se esconde bajo las olas, un estudio realizado en 2015 encontró plástico en los intestinos del 28 por ciento de los peces en un mercado indonesio. En California, el 25 por ciento de los peces y el 33 por ciento de los moluscos incluidos en la muestra contenían plástico.
 
Y no son solo los océanos. El agua dulce también está plagada, tanto con artículos de desecho más grandes como con microplásticos –pequeños fragmentos y fibras sintéticas retorcidas.
 
Los cinco Grandes Lagos conectados en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá forman la mayor masa de agua dulce de la Tierra. Los microplásticos son tan densos en algunas aguas de los Grandes Lagos –y enredados dentro de los peces de los Grandes Lagos– como lo son en los océanos.
 
Es una infestación global. El lago Victoria, en el este de África, también tiene plástico suspendido en sus aguas. En un estudio reciente se encontraron partículas y fibras de polietileno, poliuretano, poliéster y caucho de silicona en el interior del 20 por ciento de los peces del Lago Victoria.
 
Los investigadores temen que las partículas de plástico en los mariscos puedan contribuir a las enfermedades humanas al liberar las toxinas absorbidas por el agua contaminada y al secretar sus propios ingredientes químicos.
 
Para algunas personas cuyos medios de subsistencia dependen de la vida marina, la idea de que haya plástico en el pescado les inspira temor y negación.
* * *
Es un día auspicioso en un asentamiento de ladrillo de ocupantes no autorizados en las afueras del puerto de Muara Angke en Indonesia. El pueblo ha sido bendecido con un nuevo bebé; un banquete de pollo, camarones y  arroz hierve en el fuego. La bebé envuelta de un día nació en un taxi de camino al hospital; la madre bromea con nombrarla "Mercedes".
 
La celebración de hoy es cortesía de la abuela de la bebé recién nacida, Kaniyah, una empresaria de 50 años de edad quien ha ido de desbullar moluscos hace 20 años a vender mariscos cocidos a restaurantes locales. Los hombres cocinan los mejillones al vapor en tambores metálicos al salir de los botes; luego arrojan los mejillones calientes sobre lonas para que una media docena de trabajadores empiecen a desbullarlos en medio de una neblina de vapor.
 
"Los mejillones nos han dado una forma de comer", dice Kaniyah, observando cómo estos  se cocinan fuera de su cómoda casa con techo de hojalata. Pero  se le pone rígida la espalda cuando la plática se torna hacia los microplásticos.
 
"He estado aquí por mucho tiempo, y nunca he oído hablar de mejillones que coman plásticos", dice Kaniyah, quien usa solo un nombre. "¿Puede una persona morir de eso? Es preocupante”.
 
Ocho mil kilómetros al oeste a través del Océano Índico, el pescador James Nsereko, de 60 años de edad, se gana humildemente la vida de las aguas del lago Victoria en Uganda.
 
El viento ecuatorial y la oleada parecida a la de los océanos hacen que remar sea difícil, y las redes arrastran una cantidad igual tanto de desecho como de tilapia en la mayoría de las noches. "Hace veinte años no había materiales plásticos como hoy", dice. "Hoy en día es demasiado".
 
Pero, ¿plástico en los peces? ¿Plástico en el agua potable?
 
"Nunca hemos encontrado nada de eso", dice. A doscientos metros de distancia, frente a una choza prefabricada de planchas de acero degradado, se encuentra un grifo alimentado por una planta junto al lago que suministra agua tratada con cloro a 7,000 personas.
 
La muestra de medio litro de agua proveniente de ese grifo que Orb examinó, la primera parada de agua de la estación de bombeo cercana, produjo cuatro fibras plásticas.
 
Con todo y eso, las muestras de agua de ese pueblo podrían haber estado peor.
 
Una muestra del edificio del Capitolio de los Estados Unidos, sede de ambas cámaras del Congreso, produjo 16 fibras, al igual que una proveniente de la sede de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.
 
El agua de grifo de la Intendencia Municipal de Nueva York tenía 10 fibras; una muestra proveniente de la Torre Trump, propiedad insignia del presidente estadounidense Donald Trump, contenía dos. El agua recogida en el Club privado Sloane, en Londres, tenía seis fibras.
 
* * *
De las rutas que las fibras de plástico podrían seguir en el medio ambiente, los científicos han confirmado solo una, y es probable que las llevemos puestas.
 
Los tejidos sintéticos –lana, poliéster, licra y fibras de acrílico– desprenden fibras con cada lavado. Las estimaciones varían, de 1,900 fibras emitidas por una sola prenda a 700,000 por una lavada de 13 libras (6 kilogramos) de ropa.
 
En los EE.UU., las plantas de aguas residuales capturan entre 65 y 92 por ciento ; el resto se vierte en ríos y arroyos. Eso llega a una estimación conservadora de 64,000 libras de fibras plásticas arrojadas a los canales de agua públicos de los Estados Unidos diariamente que se hunden en el lodo o se unen a la corriente de cada río en camino al mar.
 
El profesor Mason sospecha que algunas de estas fibras son absorbidas por sistemas de agua en otras comunidades, donde evaden la filtración y son introducidas a los hogares.
 
"Quedan depositadas en un río y en algún lugar río abajo hay otra ciudad que conduce esa agua a una instalación de tratamiento de agua", dijo Mason. "Todos estamos río abajo de alguien".
 
La explicación de Mason podría funcionar para las ciudades que utilizan aguas residuales tratadas en sus suministros de agua potable. Pero, ¿qué pasa con las que no lo hacen?
 
La ciudad de Nueva York, con una población diurna de 10 millones de habitantes, posee su cuenca en el norte de las montañas de Catskill y prohíbe la mayoría de los proyectos de urbanización allí. Pero Orb encontró fibras en todas las muestras provenientes de Nueva York. ¿De dónde vienen?
 
Para una respuesta posible debemos mirar a los tejados del rival cultural de Nueva York, París, donde los investigadores tomaron en cuenta las fibras plásticas que habían caído de la atmósfera. Estimaron que la brisa y la lluvia depositan entre tres y diez toneladas de fibra sintética en la superficie de la ciudad cada año.
 
"Realmente pensamos que los lagos [y otras masas de agua] pueden ser contaminados por las aportaciones de contaminantes atmosféricos acumulados", dijo Johnny Gasperi, profesor de la Universidad Paris-Est Créteil. "Lo que observamos en París tiende a demostrar que hay una gran cantidad de fibras en las precipitaciones atmosféricas".
 
Los secadores podrían ser otro portador de fibras. Casi el 80 por ciento de los hogares en los Estados Unidos tiene un secador automático; las máquinas dejan escapar aire rico en fibras plásticas. Eso podría añadir sintéticos a la atmósfera en América del Norte, pero no en Europa, donde los secadores utilizan tecnología diferente y no son ventilados. (Olvidémonos de los países donde la mayoría de la ropa se cuelga al aire libre para ser secada al sol).
 
Cuando se le preguntó, a la luz de esto, cómo las fibras plásticas llegan al aire, Gasperi especuló, "Tal vez es probable que la abrasión de la ropa durante el día sea el mecanismo principal".
 
En otras palabras, el desgaste normal. De la misma manera que un gato pierde pelaje, la ropa  emite plástico. Las alfombras, la tapicería y otros tejidos sintéticos de trama apretada desprenden fibras. A partir de ahí, y esto es fuera de teorías, se dispersan en el viento, tal vez para rodear a la Tierra como ceniza volcánica o humo industrial.
 
Esto ayudaría a explicar cómo las fibras plásticas llegaron al agua de grifo de los distritos del Ecuador los cuales son abastecidos por arroyos de montaña. O cómo investigadores del Proyecto sin fines de lucro Rozalia encontraron fibras de plástico en la remota fuente del río Hudson en el estado de Nueva York.
 
"Lo que encontramos es que las microfibras están en todas partes", dijo la fundadora del proyecto Rachael Miller. "Están en las regiones alpinas donde no hay mucha gente, están en las regiones ligeramente pobladas, están adyacentes a la ciudad de Nueva York y se dirigen hacia el océano".
 
Sin embargo, incluso la explicación atmosférica no resuelve el rompecabezas.
 
Esto se debe a que millones de personas en todo el mundo obtienen su agua de manera subterránea –como los pozos domésticos en Yakarta y los manantiales naturales en Beirut. Encontramos plástico en el agua de ambas ciudades.
 
¿Son las fibras microscópicas de plástico, de tamaño inferior a una décima de milímetro, realmente lo suficientemente pequeñas para poder contaminar los pozos y los acuíferos poco profundos que solamente obtienen su agua por medio de la lluvia?
 
Nadie lo sabe.
 
* * *
Nos quedamos con 159 muestras de agua potable proveniente de todo el mundo, 83 por ciento de las cuales resultaron positivas a las fibras sintéticas, una gran cantidad de investigaciones que demuestran el alcance y los peligros de los desechos plásticos — y con un sinfín de incógnitas.
 
¿Qué sucede con las fibras que son inhaladas?
¿Son limpiadas por los pulmones como otros cuerpos extraños?
¿Qué pasa con los cientos de millones de personas que sufren de enfermedades respiratorias crónicas?
¿Expulsan las personas enfermas las fibras plásticas tan fácilmente como las personas sanas?
¿Pueden las fibras inhaladas complicar las enfermedades crónicas?
 
Si las fibras sintéticas están en el agua de grifo, también están en los alimentos —panes y masa, pasta, sopa y leche en fórmula para bebés— ya sea que vengan de la cocina o de los estantes de los supermercados. (Su restaurante local también podría estar sazonando sus comidas con fibras transportadas por el aire, además de las que se encuentran en el agua. Y hay estudios que demuestran que las fibras son frecuentes en la sal marina).
 
¿Se acumulan las fibras plásticas en el intestino humano, o pasan con la facilidad de una semilla de manzana? Los investigadores creen que algunas partículas de plástico consumidas con ostras y otros mariscos permanecen en el cuerpo humano. Si las fibras se acumulan, ¿son dañinas? Las fibras plásticas pueden contribuir a la inflamación, emigrar a otros órganos, o emanar toxinas en formas dañinas para la salud –o en formas que no son dañinas.
 
¿Y cómo se supone que lo sabría?
 
"No solo se trata de estar expuesto al plástico", dijo Mason. "Desde el momento en que un bebé nace hoy en día, ya ha sido expuesto a 300 productos químicos sintéticos. Si se trata de examinar la fuente certera de cualquier efecto sobre la salud humana que se vaya a experimentar a medida que se envejece, no hay manera de hacerlo.
 
¿Cómo se relaciona el plástico en los alimentos y el agua con otras amenazas relacionadas con el plástico, como las sustancias químicas que alteran el sistema endocrino –sustancias que alteran el sistema hormonal – en envolturas de alimentos, retardadores de fuego y pesticidas?
 
Un artículo reciente de la revista Lancet Diabetes & Endocrinology  estimó que los alteradores endocrinos costaron a los Estados unidos 340 mil millones de dólares estadounidenses, el 2.33 por ciento del producto interno bruto, en el año 2010 debido a factores como las discapacidades intelectuales de 43,000 niños expuestos a estos productos químicos; 33,000 casos de obesidad juvenil y 3,600 incidentes de cáncer testicular. A la Unión Europea le cuestan 217 mil millones, o 1.28 por ciento del PIB.
 
"La regulación química en los Estados Unidos no es algo muy espléndido", dijo Appleton, el excomisionado del agua.
 
¿Cuán grande es el peligro si, por ejemplo, las fibras plásticas del río Ganges absorben los alteradores endocrinos antes de infiltrarse en el agua potable de Nueva Delhi?
 
"Nunca hemos considerado ese riesgo antes", dijo Tamara Galloway, investigadora de la Universidad de Exeter.
 
Es un tiempo de creciente conciencia y creciente inquietud.
 
"Es malo; se oyen tantas cosas sobre el cáncer ", dijo Mercedes Noroña, de 61 años, después de enterarse de que una muestra de agua proveniente de su casa al sur de Quito tenía fibras de plástico. "Tal vez estoy exagerando, pero tengo miedo de las cosas que vienen en el agua".
 
Muchas personas le temen a esto. Según una encuesta reciente de Gallup, el 63 por ciento de los estadounidenses se preocupaba "muchísimo" acerca del agua potable contaminada, el mayor porcentaje desde el año 2001. 
 
Mientras que los científicos se enfocan en el trabajo metódico de descubrir los riesgos para la salud debido a la contaminación por plásticos microscópicos, otros  trabajan para obstruir el flujo del plástico hacia el ambiente y nuestro organismo.
 
La batalla no es placentera, pero está llena de energía.
 
* * *
 
La luz fluorescente es débil y el aire está manchado con humos suspendidos en el aire. El ventilador solitario no funciona. Nadie parece darse cuenta. Todos los ojos están en la máquina.
 
La máquina ocupa la pared manchada de este taller en Nueva Delhi, donde gruñe y emana humo como de un auto desvencijado de dibujos animados. Los trabajadores vierten en un extremo astillas de plástico negro trituradas, sobras de un proveedor de piezas de automóviles y luego esperan que se produzca la alquemia sucia.
 
Dentro del vientre de la máquina, las astillas se funden en un pudín nocivo que sale en zarcillos de ébano relucientes que se extienden sobre rodillos de acero, a través de una cacerola de agua, y en una amoladora que los corta en cilindros tibios y brillantes. Dentro de 24 horas estos materiales llegarán a otra pequeña fábrica en otra parte de esta enorme ciudad  para ser cocidos y formados en cajas de distribución eléctrica.
 
A la gerencia no le importa que se los visite, pero piden por favor que no se nombre a nadie.
 
Delhi recicla más de 1,800 toneladas de plástico por día. En todo el mundo, son las tiendas informales como estas –donde los títulos de propiedad, permisos y suministro eléctrico son de dudosa procedencia en el mejor de los casos– las que mantienen el planeta a salvo de una inundación de plásticos total.
 
Los ajustes son decididamente de baja tecnología, y no debido a las constituciones delicadas, sino que este es el punto culminante del plástico presente.
 
En el relleno sanitario de Kitezi, fuera de Kampala, los trabajadores atraviesan un mar de botellas de plástico verde que les llegan hasta la cintura, quitando las tapas y cortando las etiquetas. Dentro de una caseta oscura con maquinaria en pleno funcionamiento, las botellas son trituradas, lavadas y envasadas en bolsas de tamaño de ataúd para ser enviadas a China, donde un cliente las convertirá en zapatos y colchas. Esta empresa, una de cuatro en el vertedero, emplea a 40 personas, la mayoría mujeres.
 
Pero una vez que esas colchas lleguen al lavado, también contribuirán a la contaminación a causa de las fibras.
 
Y las botellas de soda están hechas de tereftalato de polietileno, o PET, el material más factible para los desechos plásticos, fácil de hacer, fácil de reciclar.
 
Para algunos polímeros, solo la aniquilación completa logrará acabar con ellos.
 
* * *
Debería ser otra tarde impresionante aquí en la playa de Dagupán, 100 millas al norte de Manila en Filipinas. La playa tiene una calidad de isla donde el tiempo no pasa –cielos azules, nubes lejanas, palmas que se mecen– el tipo de entorno que se utiliza para filmar comerciales de cerveza. Pero hoy el vertedero de la ciudad está en llamas.
 
Y el vertedero está en la playa. Lo ha estado durante 50 años. Es bastante grande ahora.
 
La mayoría de los residuos biodegradables del vertedero se han convertido desde hace mucho tiempo en estiércol y gas; lo que queda es una montaña de 42 mil toneladas que arroja constantemente plástico al océano. Grupos de recolectores de desechos se precipitan a través de la pila humeante de siete acres.
 
Esta escena apocalíptica pronto puede llegar a su fin. La alcaldesa, Belén Fernández, se ha asociado con una empresa estadounidense para construir una planta que convertirá los residuos de la ciudad en combustible para la flota pesquera de Dagupán y sus taxis de motocicleta.
 
El proceso se llama "pirólisis". El plástico es calentado en una cámara sellada, donde se descompone en gases ricos en hidrocarburos que se condensan en combustible diesel líquido. Es una reacción anaeróbica; no se escapa el humo.
 
"Para serle franco, al principio no queríamos hacerlo", dijo Jill Boughton, la experta en la basura cuya empresa, Waste to Worth Innovations, construirá la planta. "Dagupán solo genera alrededor de 30 toneladas de basura al día, lo cual no es mucho. Es muy difícil hacer que los números funcionen".
 
Pero Fernández, quien ha invertido los esfuerzos de su alcaldía en la eliminación del vertedero, le insistió a Boughton, y ella cedió. "Nos dimos cuenta de que Waste to Worth no se trataba solo de grandes ciudades y de una gran cantidad de basura", dijo Boughton. "Dagupán es nuestro prototipo de la ciudad pequeña. Si podemos conseguir que funcione aquí, puedo decirle que podemos conseguir que funcione en cualquier lugar".
 
Si la ciudad de Dagupán al principio parecía demasiado pequeña para los inversores en el mercado de recuperación de energía a partir de residuos, considérense los reactores de traspatio diseñados por Noble Banadda.
 
No son libres de humo.
 
Banadda, presidente del departamento de ingeniería agrícola y de sistemas biológicos de la Universidad de Makerere en Kampala, ha creado un reactor de leña de bajo costo hecho de tambores de acero para convertir el plástico en diesel de bajo contenido de azufre. "Nuestro objetivo era diseñar estufas, estufas a pequeña escala, para que las personas en los centros urbanos, especialmente las personas pobres, pudieran montar negocios en los que recogen plásticos y los derriten", dijo. "El proceso de fabricación de plásticos será revertido para volver al diesel".
 
Algunos pueden estar en desacuerdo con el uso de árboles para hacer diesel, pero la madera es más barata que la electricidad en Uganda, y los árboles son renovables. El reactor de Banadda está apenas comenzando. Durante una demostración en un taller rural, la temperatura interna no era constante a 550 grados centígrados. Como resultado, la mayor parte del plástico de prueba se convirtió en cera de parafina, con solo una onza de diesel. El reactor es a su vez una marca del ingenio de las bases, y de cuánto más hay por lograr.
 
Kampala hace su parte, y Davos también. En el Foro Económico Mundial de este año, los participantes promovieron iniciativas como la "Economía Circular" que estimula a los diseñadores y fabricantes a reducir el número de plásticos utilizados en envases y etiquetas, aumentando así la probabilidad de que se reciclen y se conviertan en ganancias.
 
 
Si parece que el énfasis está en reducir los nuevos desechos plásticos, en lugar de eliminar las millones de toneladas que ya están en el medio ambiente, es porque los planes para hacerlo son, hasta ahora, de pequeña escala y están sujetos a desacuerdos entre ingenieros y defensores. Ellos se enfocan en los residuos de plástico en la superficie del océano, pero aún no abordan el plástico en el fondo del océano.
* * *
Ni un ejército de recicladores intrépidos ni un auge en plantas de recuperación de energía a partir de residuos hará algo con respecto a los productos químicos relacionados con el plástico, o las fibras que entran en el agua potable del mundo. Ese es el trabajo de unos cuantos laboratorios de todo el mundo.
 
Las industrias del petróleo, la química y los plásticos han refinado sus productos durante décadas: el plástico es fantástico en la preservación de alimentos y bebidas, aumenta la eficiencia del combustible en los automóviles y salva vidas al aliviar el sufrimiento en forma de equipo médico estéril. El plástico también puede tener dificultades en mantener sus productos químicos contenidos. Las chaquetas de lana son cálidas y ligeras, pero arrojan sorprendentes volúmenes de fibra.
 
El reto es crear nuevas sustancias con las cualidades de funcionamiento de los plásticos actuales. Hay mucho que hacer. Los bioplásticos, polímeros biodegradables hechos de fuentes vegetales como el almidón de maíz y la raíz de tapioca, en lugar de petróleo, son una alternativa emergente.
 
El gigante de los muebles Ikea, por su parte, se ha comprometido a utilizar 10 mil millones de libras de un plástico llamado AirCarbon (Carbón de aire) que se fabrica de las emisiones cosechadas de los gases de efecto invernadero. AirCarbon, que se producirá en formas tanto biodegradables como no biodegradables, "va a cambiar el juego completamente", dijo Joe Burkhart de KI, un fabricante de muebles de oficina en los Estados Unidos.
 
Plástico a partir de raíces, plástico a partir del gas. Estos enfoques dan vista a un futuro innovador y menos tóxico. Bold Threads, en California, y Spiber, en Japón, están utilizando las proteínas hechas de la seda de araña para crear nuevas fibras que ellos esperan demostrarán ser más durables y tener menos probabilidad de desprenderse en el aire, comparadas a las sintéticas.
 
En el presente, las soluciones caseras están atacando la contaminación causada por fibras.
 
La empresa Wexco vende un filtro económico para máquinas de lavado que captura fibras de hasta 160 micras de tamaño, aproximadamente seis milésimas de pulgada. (Los filtros utilizados en las muestras de agua de Orb se filtraron hasta 2.5 micras). La marca Patagonia pronto introducirá una bolsa de filtro para contener las fibras de las prendas sintéticas durante el lavado. Y el Proyecto Rozalia ha creado la bola Cora, que captura hasta un 35 por ciento de las fibras microscópicas en un solo ciclo de lavado. El tiempo y las pruebas independientes indicarán cuál de ellas es más efectiva.
 
Las municipalidades están apenas empezando a comprender su papel en la contaminación a causa de fibras. Ralentizar el proceso de tratamiento de aguas residuales permitiría a las instalaciones capturar más fibras de plástico, dijo Kartik Chandran, ingeniero medioambiental de la Universidad de Columbia. Pero él dijo que esto probablemente requeriría la construcción de instalaciones de tratamiento adicionales y aumentaría los costos de capital.
* * *
Nadie espera que los productos del hogar dejen plástico o químicos relacionados al plástico en su organismo. Ninguna marca o fabricante pide permiso para ponerlos allí. Los reguladores, la industria y los investigadores independientes toman decisiones lentas y a veces contradictorias sobre qué cantidad de un contaminante dado puede ser segura. Ese retraso puede ser costoso: en el momento en que los Estados Unidos eliminaron el uso del ignirretardante PDBE en la electrónica, ropa para bebés y muebles, la exposición a esta sustancia química ya había recortado 11 millones de puntos de inteligencia de las capacidades intelectuales de decenas de miles de niños estadounidenses, a un costo de 266 mil millones de dólares  y con un inconmensurable daño.
 
Los primeros estudios acerca de los efectos sobre la salud de los plásticos microscópicos en los seres humanos están apenas comenzando ahora; no se sabe cuándo los gobiernos podrían establecer un umbral seguro. Aún más lejos están los estudios de la exposición humana a partículas de plástico a escala nanométrica, de plástico medido en las millonésimas de milímetro.
 
En 1986, K. Eric Drexler, un visionario en el campo de la nanotecnología, postuló el "Problema de la gelatina gris", un escenario futuro en el que los pequeños robots se autorreproducen con tanta rapidez y consumen tantos recursos que llegan a consumir la mayor parte de la vida terrestre. El escenario hipotético de Drexler recibió nueva luz en un conocido ensayo del año 2000 escrito por el científico informático Bill Joy que describía el peligro de una investigación desbocada en genética, nanotecnología y robótica.
 
Pero ¿qué pasa si no necesitamos supercomputadoras y robots que se autorreproducen para destruir el planeta? Las plagas gemelas de la contaminación por plásticos y el cambio climático demuestran que todo lo que podría necesitarse es petróleo barato, una buena química, el aumento del nivel de vida y la ambición por ganancias maravillosas de los negocios. La historia de la Edad del Plástico no termina bien.
 
"Dado que el problema del plástico fue creado exclusivamente por la indiferencia de los seres humanos, este problema puede solucionarse prestándole atención", Muhammad Yunus, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2006, le comentó a Orb. "Ahora lo que necesitamos es la determinación para hacerlo antes de que sea demasiado tarde".
 
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