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Rescatan la escuela vagón

La Primaria Artículo 123 es una de las mejores del Estado de México a pesar de sólo contar con un vagón y dos salones de lámina. Un diseñador busca remodelarla
18/11/2017
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Texto: Elisa Villa Román
Fotos: Irvin Olivares

 

En una calle sin pavimentar, al lado de un río contaminado se encuentra una de las mejores primarias del Estado de México. Cada mañana los 67 alumnos de la Primaria Artículo 123 "Lic. Adolfo López Mateos” asisten a la última escuela-vagón del país, donde el profesor Mayolo Contreras prepara a sus alumnos desde hace cuatro décadas.

Pero los reconocimientos y apoyo de la sociedad a la primaria no le han ahorrado problemas. En julio de este año, las aguas del Río de los Remedios que está a escasos cien metros, se desbordaron. Durante una semana, profesores y padres de familia limpiaron la gruesa capa de lodo que quedó en el patio de la primaria.

“El agua no alcanzó a meterse al comedor escolar pero estuvo muy cerca. Nos habría afectado muchísimo porque ahí tenemos la comida de los niños”, recuerda el profesor Mayolo. 

En esa ocasión, el profesor señaló que necesitaban sanitizar la escuela con cal y cloro pues los niños no podrían volver a clases en esas condiciones. 

Al igual que la escuela vagón, la mitad de las primarias de México presentan algún tipo de rezago en su infraestructura, según el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.   
 

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Un nuevo vagón de clases

Hace un año, el diseñador Víctor Romero leyó un reportaje sobre esta primaria. Se enteró de que los alumnos tienen uno de los mejores niveles de aprovechamiento a pesar de que la escuela sólo es un vagón abandonado y dos salones improvisados tipo “gallinero” que comparten espacio con un comedor escolar y dos baños sencillos para todos.

“Se me ocurrió que podríamos ayudarlos, aunque  yo no tenía la menor idea de cómo era la escuela”, recuerda Víctor, quien desde hace cuatro años se dedica a diseñar muebles para oficinas y casas.
 

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“Cuando hablé con el profesor le pedí conocer la historia de la escuela y le dije que si había algo en lo que pudiera ayudar, lo haría”. Así, Víctor y su grupo de amigos llevaron cursos de psicología y nutrición a los niños. Pero querían hacer algo más.

En julio de 2017, Víctor inició una colecta para reunir fondos y con ellos hacer modificaciones en la escuela, como mejorar el alumbrado dentro de los salones o instalar una biblioteca.

El plan es que cuando termine la campaña, Víctor y su equipo reciban los fondos y se dediquen a remodelar el vagón en las vacaciones de diciembre, para que en enero los niños inicien el año con un nuevo salón de clases.
 

Aprender del fracaso

“Cuando conocí la escuela, pensé que podíamos hacer un proyecto en el que pudiéramos rediseñar la experiencia de los niños  y cómo aprenden en el vagón. Porque yo no quería nada más darles sillas o mesas nuevas, quiero que a los niños les guste el ambiente donde estudian”, dice.

En las vacaciones de verano, Víctor creó una campaña en la plataforma de fondeo colectivo KickStarter para que los niños iniciaran el ciclo escolar con nuevo salón.  
 

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Sin embargo,  no llegó a la meta establecida y tuvo que devolver el poco dinero que reunieron. Un mes después, ya iniciado el ciclo escolar, hizo  una nueva campaña, esta vez en la plataforma Donadora, donde se reunieron más de 60 mil de los 90 mil pesos que necesitaban para remodelar la escuela. Víctor comenta que con ese dinero podrán arrancar con las remodelaciones.
 

Aprender a bordo de un vagón

El profesor Mayolo inició su carrera en 1976, cuando el vagón recorría el estado de Tamaulipas. Ahí daba clases a hijos de ferrocarrileros como parte de un convenio entre la Secretaría de Educación Pública y los Ferrocarriles Nacionales de México. 

Una de las escuelas que nació de esa alianza es la Primaria Artículo 123, que viajó por el norte de México hasta que hace 24 años se quedó estacionada en Naucalpan y desde entonces es atendida por el profesor Mayolo.

Sus primeros alumnos eran niños que vivían con sus familias en otros vagones abandonados. Pero las noticias sobre el buen aprovechamiento de la primaria llegaron a oídos de familias de otras colonias, quienes prefieren inscribir a sus hijos aquí. 
 

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El ciclo pasado, la primaria tenía 49 alumnos de primero a quinto grado. Este año tienen 67 y ya cuentan con sexto año

América “N” es una de las nuevas alumnas de sexto. Cuenta que sus  papás escogieron esta primaria porque “aprendemos bien aquí y el profesor sí nos enseña bien”. A América le gustan las ciencias y el español. Dice que aprende con las actividades que hacen en equipo

El profesor explica que aquí los niños trabajan de manera colaborativa, pues los de primer y segundo año aprenden lo mismo, pero con distinto nivel de dificultad. Para lograrlo “ponemos un niño monitor que apoye a los demás y eso nos ha dado buen aprovechamiento”, dice.

Doña Mari, madre de un niño de primer grado, dice que es común que los niños sepan más de lo que el plan de estudios les pide, pues “aprenden lo que ven los niños más grandes y se les pega”.
 

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Por ello, en 2013, la escuela obtuvo el segundo lugar en calidad educativa en el Estado de México. Mayolo ganó un premio de 5 mil pesos por ser un profesor destacado. Aunque tardaron mucho tiempo en entregárselo, la difusión en medios y el apoyo del público presionó a las autoridades y Mayolo al fin lo recibió.

Una asociación apoyó a la escuela con dos salones tipo “gallinero”, construidos con láminas y pintados de color azul. Uno de ellos  funciona como comedor escolar y a veces como salón de clases cuando hace mucho frío o está lloviendo y los niños que no tienen salón no pueden tomar clases en el patio

“Pero nos hace falta un salón más. Es nuestra prioridad, porque yo tengo que estar moviéndome todos los días para dejarle el espacio a los alumnos para su alimentación. 

En tiempo de frío, ¿a dónde los voy a meter?”, dice el profesor. “Si alguien nos quiere echar la mano en ese aspecto, lo agradeceríamos mucho”, reitera.
 

Mejores salones, mejores alumnos

Los alumnos que estudian escuelas con mejores condiciones de infraestructura se sienten más interesados por asistir a clase, según el estudio “Infraestructura Escolar y Aprendizajes en la Educación Básica Latinoamericana”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En él se analizaron las conexiones entre la infraestructura escolar con los resultados de los alumnos en las pruebas de conocimientos. 

A pesar de que el apoyo familiar y el clima escolar influyen en qué tanto aprende un alumno, la infraestructura de la escuela también impacta en la educación, aún más que los años de experiencia del profesor, de acuerdo con el mismo estudio.

En ese sentido, Víctor opina “si podemos mejorar el lugar donde uno estudia, se pueden lograr cosas más padres pero para el niño. Es como si estuvieras en tu cuarto, si lo tienes desordenado o con vidrios rotos, o el foco no prende bien, pues lógicamente no te la pasas a gusto”.
 

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Aunque asegura que su proyecto “no tiene la intención ni el fundamento de mejorar la educación como tal”, confía en que puede crear un mejor lugar para estudiar, lo que  “seguramente les dará más motivación o les van a dar más ganas de seguir estudiando”.

El estudio del BID concluye diciendo que las deficiencias en la infraestructura escolar empeoran porque en la mayoría de los casos, las carencias también se viven en los hogares de los niños, minimizando la capacidad de la escuela para compensarlas. 
 

El camino por recorrer

A pesar de las carencias, los niños de la escuela-vagón sueñan con seguir estudiando. América “N”, por ejemplo, dice que quiere ser maestra como el profesor Mayolo “porque nos enseña bien y aprendemos cosas de él”, dice.

Uno de sus compañeros, Ángel “N”, ha estudiado toda la primaria con el profesor Mayolo. Sus materia favorita es matemáticas y aunque todavía no sabe a qué secundaria ir, dice que quiere ser ingeniero en sistemas automotrices o arquitecto. “Quiero ser como un mecánico que arma autos, pero también quiero armar mi propia casa”.
  
En el futuro, Víctor espera desarrollar proyectos altruistas “no sólo para escuelas, sino para mejorar las condiciones de vida de quien sea.  Creo que el diseño debe mejorar la calidad de vida de las personas”, opina. 
 

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Víctor y el profesor Mayolo dicen que cualquiera puede ayudar. Por ejemplo, hay quien apoyará con mano de obra cuando inicien las remodelaciones, también hay personas que tienen ferreterías y donarán material. 

“Todos podemos contribuir a mejorar la sociedad, si no es con este proyecto, puede ser con otro, pero todos podemos hacer algo”, concluye Víctor.
 

 
Isis M. García Martínez

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