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Cuando la fiesta de 15 años se volvió popular

La fiesta de XV años tiene dos posibles orígenes: la época prehispánica y las cortes europeas. Esta celebración se popularizó en los barrios capitalinos de México en los años 50 y se ha ido transformando y enriqueciendo con las costumbres de cada lugar
26/05/2018
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Texto: Nayeli Reyes

Diseño web: Miguel Ángel Garnica


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Suenan trompetas, el resto de los instrumentos musicales levantan la voz en el disco de acetato comprado para la ocasión. La aguja del tocadiscos danza con la marcha triunfal. Avanzan a la pista de baile 14 damas y 14 chambelanes, detrás de ellos aparece la niña que cumple 15 años con vestido larguísimo, flotante.

Esta escena era común en la década de los 60 en las calles chilangas. Si las posibilidades económicas eran buenas se cambiaba el acetato por una orquesta; los sándwiches o el mole por pomposas comidas de tres tiempos; la cerveza y el pulquito por whisky o brandy. Incluso se rentaba una carroza con forma de calabaza para transportar a la señorita y en vez de chambelanes había verdaderos cadetes militares.

La historiadora Mayavel Saborío explica que, aunque se suele asociar el origen de esta celebración a un pasado prehispánico —cuando los mexicas realizaban un rito para explicar a las jóvenes las responsabilidades propias de su edad— a su parecer ésta se relaciona más con las presentaciones de las mujeres en las cortes europeas.
“Se organizaban bailes de presentación o de debutantes para las señoritas de la ‘alta sociedad’ en varios países de América Latina, como los organizados en Europa y Estados Unidos”, escribe Saborío; luego, a mediados de los 50 estos bailes llegaron a los barrios populares, cayeron en desuso en los grupos sociales que inicialmente los realizaban y se nutrieron de elementos culturales de América,  incluso de la gala estadounidense "sweet sixteen”.

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Ofrecer un ramo de flores a la Virgen María después de la misa y dar a la festejada una última muñeca son tradiciones mexicanas extendidas por Latinoamérica. La costumbre de cambiar de zapatos durante la fiesta proviene de Puerto Rico. Foto: Archivo Casasola

En el libro Quinceañera, Armando Ramírez reúne a un par de voces banqueteras de los 80 en un mercado del Centro Histórico: “¿Y sí le va a hacer su fiestecita de 15 años a su Cecilia o no?”, dice una mujer transpirando chisme, “¡Cómo no, comadre! Ese gustito sí me lo voy a dar. Ora que tengo botellas de whisky escocés y unos dólares ¡me canso!”, contesta la fayuquera, quien por su oficio habita una de las mejores vecindades del barrio.

Cualquier lugar podía ser el escenario del rito de paso: la niña comienza a ser vista como una mujer. La antropóloga Lorena Favier explica que elementos como el vals, el zapato de tacón y la corona son símbolos relacionados con otro paso: el ascenso socio-económico: “aquella noche, metafóricamente, la quinceañera, su familia y sus invitados acceden a otra categoría social: la de la aristocracia”.

Tiempo de vals 

“Imagínate en traje negro, en un salón, con corbata y guantes blancos, se veía hermoso”, cuenta Raúl Molina, quien fue chambelán por primera vez en los 60. Su bigote se mueve pulcramente al compás de su boca al recordar, es un hombre de 71 años, hace poco dejó su retiro como chambelán para bailar otra vez, ahora con su nieta.
Durante cerca de 20 años Raúl enseñó coreografías a jóvenes para la famosa fiesta. Aprendió con la práctica, su afición al baile lo llevó a especializarse en los valses y a compartir sus conocimientos sólo por el gusto de colaborar, aunque a veces llegó a cobrar hasta 200 pesos, por la insistencia de los beneficiados.

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Ser chambelán implicaba un contrato verbal serio con los padres. Algunas veces las personas se negaban por los gastos requeridos para el baile.
 
Con el tiempo las damas fueron menos usuales en la pista de baile: “las quinceañeras ya no querían a las 14 damas porque a veces lucían más...había una más guapa”, relata Raúl. A su parecer ahora poco “valsea”: “ahora es una música romántica que la bailan como vals… se rompió la tradición de poner el vals”.

A principios del siglo XX entre las élites urbanas ya se realizaban estos festejos “para presentar ante la sociedad a la joven núbil y casadera”, asevera la antropóloga Cristina Oehmichen Bazán.
Aunque Raúl fue chambelán de quien después se convirtió en su esposa, piensa que esta conmemoración no tiene como propósito pactar el futuro matrimonio de la joven, sino que es por el gusto de festejar a la hija: “por si no sales de blanco por lo menos los 15 años... en alguna ocasión me tocó que fui a unos 15 años, la presentación y al mismo tiempo dieron la mano”, relata.  

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La quinceañera bailaba varias veces: durante su presentación con una marcha triunfal, el vals con su padre, el familiar, el tradicional (usualmente compuesto por  Johann Strauss), así como algún baile adicional (regional, tropical, mambo, danzón, charleston, cha cha cha o tango). Foto: cortesía

“Cecilia va a cumplir quince años dentro de unos meses…Cecilia, lo sabe, está en edad de merecer”, escribe Armando Ramírez en su novela, y Male, uno de sus personajes, lo dice de forma más franca: “ya sienten cosquillas en el itacate…ya te vi pinche Cecilia bien que sientes la comezón en el fufurufo”.

Esta edad también es significativa para organismos como la Organización Iberoamericana de la Juventud: cataloga como personas jóvenes a quienes se encuentran entre los 15 y 29 años. De acuerdo con datos del Inegi, en el 2014 en México el 62.3 por ciento de las mujeres inició su vida sexual en este periodo. Para el 2015 el 55.3 por ciento de las mujeres en este rango eran solteras y el 40.1 por ciento estaban unidas o casadas.

“Sólo se cumplen 15 años una vez” 

“¡Qué recuerdos tan bonitos!”, exclama Eugenia Navarrete, después de quitarle el polvo a su álbum de fotografías y, de paso, a sus historias, “era como lo esperado, no importaba el nivel social que fuera, eran los quince años, algo había que hacer”.

En los años 80 su cumpleaños especial no comenzó con la serenata de mariachis dedicada por su papá la noche anterior, sino seis meses atrás, cuando su familia trabajaba unida en preparativos: arreglar la casa de sus abuelitos, el lugar donde llegaban todas las ocasiones especiales, hacer las invitaciones, los adornos que eran hechos a mano…

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Una quinceañera posa con sus chambelanes en Paseo de la Reforma para recrear la famosa foto de "Los Beatles”. Foto: Enrique Ordóñez. Cuartoscuro.

Eugenia forma parte de la galería de quinceañeras que adorna las paredes de las salas mexicanas, después de la misa de acción de gracias se acostumbraba ir a un estudio fotográfico a hacerse eterna en un gran cuadro. Ahora los escenarios han cambiado un poco, algunas adolescentes prefieren ir a pasear en limusina y luego retratarse en el Ángel de la Independencia, el Monumento a la Revolución o algunos parques, antes de la recepción.  

Para Eugenia esa fue una reunión familiar muy especial: “ver el esfuerzo de mi papá, bailar con él...ahorita que lo perdimos...para mí era un orgullo bailar el vals con él, siempre fue un orgullo...mi papá mecánico, yo siempre lo presentaba con un gusto enorme”.

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Uno de los momentos más importantes del festejo es el discurso del padre, con el cual presenta a su hija y le dedica sus bendiciones. Foto: cortesía.

Cuando creció, Eugenia aprendió costura y una de sus grandes satisfacciones fue hacer los vestidos de gala de sus hijas. Celebraron en su departamento, “tú les das lo mejor que puedes darles”, afirma con orgullo. “Para muchos padres esta festividad significa dar a las hijas aquello que ellos no pudieron tener”, escribe Mayavel Saborío.
 
Aunque Eugenia también pretendía ataviar a sus sobrinas, ellas tenían otros planes: “chasco que me llevo, casi me infarto al saber que no quieren, pero es que es la nueva forma de pensar...tienen en parte razón”.

Ella explica que los presupuestos requeridos han aumentado mucho, ella, por ejemplo, gastó al menos 25 mil pesos en cada fiesta de sus dos hijas. Los salones para eventos sociales se han vuelto inaccesibles para algunos y tan sólo el vestido puede costar hasta 30 mil pesos. Ahora las jóvenes son más conscientes de ello y prefieren algo más acorde con sus gustos.
De acuerdo con Julia Domínguez, quien en la década de los 90 celebró la gran ocasión a su única hija, antes sólo se buscaban padrinos de velación y el resto de los gastos era a cuenta de la familia, por lo que debían ahorrar desde dos años antes para cumplir la ilusión de la joven. 
    
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A Eugenia le habría gustado poder grabar en video aquella ocasión, uno de sus recuerdos más bonitos.

 
Un año más 

Dayra Moreno cumplió 15 años en enero de este 2018, al principio soñaba con irse a un crucero, “como que no soy mucho de fiestas y de estarme poniendo vestidos, entonces no me emocionaba la idea”, cuenta. Sin embargo, su familia fue muy insistente, además, una amiga le habló de la gran experiencia y finalmente accedió a la celebración.    
Ella duda si ahora se siente diferente: “en cierto modo como que mi mamá ya me deja más responsabilidades, aunque no sea una gran edad, pero como tengo una hermana más pequeña pues ya me deja más responsabilidades”, dice.

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Una limusina llevó a Dayra a dar una vuelta a la ciudad con sus amigos, luego al salón donde bailó un vals clásico, canciones modernas con su primo, su mejor amiga y su hermana, así como un vals sorpresa con su papá.

“Yo pienso que es como una edad más (15 años), o sea, no pienso nada de que es como de ya ser mujer y todo eso, pero creo que nada más es un cumplir otro año más de vida”, expresa al contrario Lucero Martínez, quien está por llegar a esa mítica edad y ya tiene en la espalda la identidad de mochilera, desea conocer Italia cuando cumpla 18: “desde chiquita a mí me ha llamado la atención explorar o viajar por el mundo”.

Afirman que los 15 años sólo se viven una vez, pero para mujeres como Luisa Villerías no es así: en su 50 aniversario su familia  recreó para ella  la tradicional fiesta, cerca de 50 invitadas con vestidos ampones fueron a una reunión que costó cien mil pesos: “me gustan mucho los vestidos, las princesas, los bailes, decidimos que podía ser divertido”, explica.

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En la invitación de Ana Luisa se pidió a las mujeres que usaran vestidos de quinceañeras. Cerca de 50 personas acudieron con este atuendo. Foto: cortesía.
  
Algunas invitadas nunca habían tenido la experiencia y le agradecieron a Luisa la oportunidad, “revivimos momentos de nuestra juventud, fue un momento libre, feliz, ahí no importaba la edad, si estábamos gorditas o no, ahí simplemente éramos las princesas”, relata.

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Luisa bailó con sus hijos, con su esposo, así como un vals con damas y chambelanes. Foto: cortesía.

Para ella fue un buen momento: “mucha gente piensa que a los cincuenta ya eres una persona mayor y no es cierto, estás en la plenitud de la vida y puedes ser tan joven como tú quieras… me sentí de 15 años exactamente, mi corazón lo tengo joven, me sentí otra vez una quinceañera, una princesa”.

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Un paseo de cuatro horas en limusina puede costar de 3 a 9 mil pesos. En algunas de estas celebraciones es costumbre entregar a la quinceañera su “último juguete” y también ser coronada. Foto: cortesía.  

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Quinceañera en la década de los 80. Foto: cortesía

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En 1994 se lanzó al mercado Barbie, Quinceañera Teresa. Foto: ebay

Fotografía antigua: Archivo Gustavo Casasola
Fuentes: Favier, Lorena (2011), “La fiesta de quince años: etnografía de un ritual de paso moderno, un rito por y para las mujeres” en Decires. Oehmichen, Cristina (2005), Identidad, género y relaciones interétnicas, México: UNAM.  Ramírez, Armando (1985), Quinceañera, México: Debolsillo. Saborío, Mayavel (2010), “La quinceañera, un fenómeno de transculturación e interculturalidad” en Decires.
 
 

 

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