“Me dijeron que me echara la culpa”

El Universal

Miércoles 22 de octubre de 2008



L a última vez que se supo de Carlos Fernández Sánchez, el conductor del convoy del Metro que chocó contra otro en 1975, fue cuando denunció en EL UNIVERSAL las amenazas de que fue víctima tras la tragedia.

“Unos desconocidos me subieron a una camioneta a empujones y me taparon los ojos. En el vehículo hablaban todos al mismo tiempo, pero uno de ellos se impuso y me dijo: ‘Tú lo único que tienes qué decir es que eres el único culpable y que te arrojaste del convoy, recuerda que es por tu bien; si no, ya sabes”.

Preso en el Reclusorio Norte, dormitorio 08 zona III, luego de un breve paso por Lecumberri, hablaba el 26 de agosto de 1977 de las inconsistencias de su proceso; se decía chivo expiatorio y clamaba por justicia.

“Pude escapar en el primer momento, pero no lo hice porque no me sentía culpable. Además, es mentira que me haya aventado de la cabina, si lo primero que hice fue ayudar a los heridos, que entre fierros retorcidos reclamaban auxilio”, dijo al diario en una entrevista en la que se le cuestionó sobre cómo había podido sobrevivir si la cabina prácticamente se había desintegrado con el impacto, cómo pudo aún ayudar a otros heridos.

“Incluso solicité a la cajera de la estación Viaducto que me permitiera hablar por teléfono para avisar lo sucedido”, dijo.

Fernández Sánchez había escuchado su sentencia dos días antes, y había exigido un proceso justo, negándose a firmar la condena, según reseñan las crónicas de entonces.

“No firmo porque soy inocente de toda culpa, además no está presente mi abogado defensor, (Jesús) Zamora Pierce, debido a que no le notificaron este careo”, dijo desde la rejilla de prácticas aquella tarde. “Esto es injusto”, exclamó varias veces, según consignaron los reporteros, “mi juicio está plagado de anomalías; tan es así que desde que ingresé a Lecumberri estoy trabajando y eso no está en mi expediente”.

Después de esa entrevista, en la que el periodista reseña la estricta vigilancia que las autoridades del Reclusorio imponían a cuanto hablaba y decía el hombre, no existe información adicional de su caso.

Un libro, que el mismo Fernández aseguró que redactaría para hablar de la verdad sobre la tragedia del Metro, nunca llegó a publicarse... si es que pudo escribirlo.



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