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| Legalizan unión transexuales |
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TEXTOALBERTO CUENCA FOTO LUIS OLIVARES
El Universal Domingo 18 de mayo de 2008 |
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En medio de la expectación y ‘flashazos’ de decenas de cámaras, Diana y Mario concretan el primer matrimonio civil de esta naturaleza en la ciudad de México
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alejandro.cuenca@eluniversal.com.mx En tono solemne, absolutamente concentrado, el juez vigésimo de lo civil, Gustavo Lugo Monroy, preguntó a la pareja si era su voluntad unirse en matrimonio civil. Como ya lo había anunciado, el impartidor de justicia casaría a los novios con sus nombres originales, no con los que ellos usan como pareja transexual, con la finalidad de que la boda cumpliera con todos los requisitos de ley y el matrimonio fuera legítimo. Así, el juez dirigió la vista a Diana y sosteniéndole la mirada le cuestionó: “José Mauricio Guerrero Sandoval, ¿es voluntad de usted unirse en matrimonio a María del Socorro Sánchez Pérez?”. Diana, obviamente respondió con un “sí”, aderezado con una voz dulce y con una risa coqueta que se acentuaba tras el vestido blanco de pronunciado escote. Después, el juez le dirigió la misma atención a Mario, a quien le hizo similar pregunta. “María del Socorro Sánchez Pérez, ¿es voluntad de usted unirse en matrimonio a José Mauricio Guerrero Sandoval?”. Mario afirmó de inmediato, con su voz ronca y un rostro cuya barba no escondía las mejillas sonrosadas. Se concretaba de esta manera el primer matrimonio civil de una pareja transexual en la ciudad de México, en medio de la expectación, de los flashazos y las luces de decenas de cámaras, que captaban el beso de los recién casados, el brindis y la tradicional mordida al pastel que donó la Cámara Nacional de la Industria Panificadora. Ellos, Diana y Mario, se lucían, era su momento. Unidos en un abrazo giraban traviesos sobre su eje, para que ninguna cámara de televisión y fotográfica se quedara sin la imagen amorosa. El juez había pronunciado ya su discurso para declararlos unidos en legítimo matrimonio, con todos los derechos y todas las obligaciones. Antes de celebrar la boda, Lugo Monroy dijo y así lo hizo, que no usaría la epístola de Melchor Ocampo, aquella usada por jueces de antaño para definir al hombre como el de los dotes sexuales, el del valor y la fuerza, y a la mujer como la abnegada, la compasiva y la obediente. Por el contrario, les dijo que este era un día muy importante “porque contrae matrimonio una pareja como ustedes, que se conocieron, tuvieron amistad, afecto, pero principalmente amor”, les expresó este juez, el mismo que en su momento casó a Vicente Fox y a Marta Sahagún. Mario escuchaba absolutamente conmovido, con lágrimas en los ojos y la boca seca. Después diría que no se la creía, pues ya tiene 55 años y pensaba que nunca se iba a casar. Los preparativos Pero ayer todo estaba dispuesto para la boda de esta pareja transexual. A Diana, su madrina Roshell —también transexual—, la había comenzado a peinar y maquillar desde las 9 de la mañana; el salón del centro comunitario que se ubica en la unidad habitacional Villa Panamericana, fue decorado para la ceremonia con globos multicolores y con posters con la foto de Diana y Mario, en los que se leía: “El amor no discrimina”. Durante la boda y la posterior celebración, la pareja se colocó sobre los hombros una banda multicolor, símbolo del movimiento lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero (LGBT). Ayer a la pareja también le quedó claro que se han convertido en bandera y símbolo de un movimiento que pugnará por el reconocimiento legal de las personas que decidan cambiar de sexo y así de su identidad. Después de una luna de miel en Miami que será patrocinada por un canal de televisión en aquella ciudad, radicarán en Hidalgo, en donde antes de verse como símbolo del LGTB, esta pareja tiene una preocupación mucho mayor, la de hacerse llegar un sustento. Mario ya está jubilado y hasta ahorita ambos sobreviven con la pensión de él. “Si tenemos 100 pesos diarios, con eso comemos”, explicaba Diana, de 45 años de edad y una carrera de ingeniero mecánico. Ella buscará empleo y si no es aquí será en Canadá, en donde confiaba en que no habrá discriminación “porque allá estos pasos ya se han dado”, señaló. Con todos los retos que tienen por delante, los ánimos llegaron ayer de amigos y familiares. El papá de Diana, a punto del llanto, se sentía orgulloso “de mi hijo... bueno, mi hija”, decía, mientras de entre los asistentes alguien le gritaba a la pareja: “¡Felicidades por atreverse!”.
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