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| Una travesía intentar abordar el Suburbano |
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Sara Pantoja
El Universal Viernes 09 de mayo de 2008 |
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sara.pantoja@eluniversal.com.mx La curiosidad mató a la necesidad; aunque no serán usuarios cotidianos, doña Gloria y don José ayer se tomaron el día para ser los primeros en abordar el Tren Suburbano en su primer día de demostración. Ellos salieron de su casa en la colonia La Patera, zona marginada de la delegación Gustavo A. Madero. Eran las 11 de la mañana y se dirigieron hacia el metro Buenavista, pero al salir, en la reja de la estación encontraron el letrero que decía que boletos para el periodo de demostración se repartirán sólo en Lechería. Como son jubilados y tienen “todo el tiempo del mundo para pasear”, volvieron a subir al tomaron de nuevo el Metro. Transbordaron hasta Politécnico, subieron a un autobús que los dejó sobre la carretera y luego a otra combi que los bajó cerca de la estación. Incluso, todavía caminaron unas cuadras para llegar al Centro de Transferencia Multimodal (Cetram) Lechería. Pasaban las tres de la tarde y recibieron su “vale por un viaje gratis”. No eran vecinos de municipios mexiquenses con acceso privilegiado. Tampoco eran de los transportistas de distintas rutas que alimentarán al tren; mucho menos del grupo selecto de las autoridades que previo al arranque tuvieron convivio con comida y bebida. “Nomás almorzamos tardecito, pero bien surtiditos en la casa y ya en el camino compramos un tentenpié”: una bolsa de chicharrones con chile, enseñó doña Gloria. La reja se abrió. La pareja de 70 y 79 años de edad, respectivamente, caminó entre la gente. Lentos y sin ayuda de personal de seguridad, subieron las escaleras provisionales de metal, aún con las cintas de “precaución”. Una puerta del vagón se cerró. Caminaron a la otra cuando ya sonaba la alarma, pero se detuvieron porque una mujer embarazada tropezó y cayó. Por fin, a las 16:10 horas abordaron el tren y éste avanzó. Confort antes que rapidez Muchos de los 150 pasajeros que, aproximadamente, subieron a ese tren no midieron su rapidez o eficacia, sino los asientos cómodos o el aire acondicionado. “¿No va borracho el chofer?”, “Mira, no vibra como el Metro”, “No se ven bien las estaciones, las tienen que poner más grandes”, “¿Y dónde están los baños?”, se escuchaba. Hubo quién se mareó y se tuvo que sentar; sobraban lugares y así aguantaron porque no hubo paradas intermedias. Por la ventanas se veían puentes vehiculares y peatonales inconclusos, automóviles oxidados, terrenos baldíos, cascajo y trabajadores escondiéndose del sol. Emocionada y con lentes oscuros, Rosy Juárez, fue a ver si sus paisanos españoles hacen los trenes igual que en Madrid. En el camino opinó: “¡Qué guay!”. Aunque no con las mismas palabras, Gloria y José dijero que “estuvo bien, pero todavía le faltan muchas cosas”, dijo él mientras atravesaban los torniquetes en Buenavista tras 28 minutos de viaje.
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