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| Sigilosa huida por la puerta de atrás |
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El Universal Martes 15 de abril de 2008 |
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Con la figura erguida, sin pestañear y chocando los talones como lo hacen los militares, Patricia Muñoz se plantó en medio de la sala de espera para decir a los presentes en tono solemne, pero como si trajera integrado un altavoz: “El director Ernesto Prieto se acaba de ir por la puerta trasera”. Así, la secretaria del director del Registro Público de la Propiedad daba por terminada la espera, que sumaba ya 45 minutos, para conocer su versión de la denuncia de fraude que investiga la PGJDF en la institución a su cargo desde la semana pasada. Su secretaria afirmó que el director llegó a los elevadores sin que nadie lo viera, para perderse después entre decenas de personas que hacen trámites en los pisos que están debajo de su oficina del sexto piso. En la ventanilla 22, ubicada en el pasillo principal, la vida o los trámites siguen su curso frente a una mujer amable de unos 35 años de edad, que siempre está ocupada porque cuando la fila se acaba, alguno de los gestores se acerca para hablar del clima o de que “los lunes siempre hay más gente”. Afuera y dentro del inmueble todo es papeleo, todo es duda de dónde, en qué departamento o qué ventanilla se resuelve algún trámite, pero casi siempre ante la cara de interrogación surge el gestor, o el coyote dispuesto a ayudar, como el señor de unos 55 años de edad, vestido en tono beige que por 50 pesos ayuda a llenar los datos de una papeleta a una mujer que sonríe aliviada, como si le ayudaran a cargar la pesada cruz. A un lado está José, hombre que suma su tercera visita porque en su casa se ha presentado un matrimonio con un título de propiedad que él no vendió. Solicitó copias que confirmen que sigue como dueño de la vivienda con un ladrillo de papeles apilados desde 1971. Frente a la ventanilla 22, y de hecho cerca de cualquier oficina concurrida, se encuentran los coyotes. Todos se conocen, todos se saludan, hasta mandan por los refrescos al uniformado “porque ahora le toca a él”, pero eso sí, cuando ven los flashes de la cámara salen seis de ellos que piden desalojar al fotógrafo, porque “de arriba nos ordenan que no se tomen fotos”, comentó Jesús Chavarría Lara. —¿Y por qué no sacan a los coyotes? —Bueno, ahí no nos metemos—, respondió otro uniformado.
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