Cereso femenil alcanza saturación
Claudia Bolaños
El Universal

Sábado 08 de marzo de 2008

Piden apoyos para que presas aprendan mecánica o electricidad

claudia.bolanos@eluniversal.com.mx

Cada espacio de la cárcel de mujeres de la ciudad de México está ya ocupado; desde hace unas semanas los mil 608 camastros de los que disponía son insuficientes.

Ahora casi 80 mujeres deben acomodarse con alguna otra o en el piso, como sucede en los penales varoniles.

El Centro Femenil de Readaptación Social Santa Martha Acatitla se inauguró hace cuatro años y se le presentó como una de las prisiones más modernas no sólo del país, sino de América Latina.

Su diseño fue realizado con una visión de género, con el fin de separar a sus internas en primodelincuentes, reincidentes, peligrosas, indigentes, de la tercera edad, las que tienen a sus hijos menores de seis años de edad con ellas, sentenciadas y las que apenas son procesadas.

Pero todo quedó en buenos deseos porque el endurecimiento de penas hizo que su capacidad fuera insuficiente para dar cupo a las acusadas de dañar a la sociedad; a las que igual se robaron un celular de mil 500 pesos como en el caso de Karla; la que se peleó con la vecina como lo hizo Susana; o por ser una asesina serial de ancianas, como se acusa a Juana.

De ellas, se espera un cambio de conducta, pero pocos son los apoyos que reciben para regresar a la sociedad seguras y preparadas para ganarse la vida de manera lícita y ser independientes de aquellos que las metieron a la vida delincuencial y que generalmente fueron su propia pareja.

Sara Aldrete es una de las internas más sobresalientes, no sólo por la sentencia de más de 200 años que pesa en su contra por haber sido una presunta narcosatánica, sino por ser escritora, poeta y actriz en obras de teatro y por levantar la voz para protestar porque simplemente la vida en esta prisión “modelo” se demerita.

“No es cuestión del reclusorio, sino de los legisladores que deben ponerse alertas de nuestra situación.

“Realmente en el Día Internacional de la Mujer no hay mucho qué celebrar cuando en este lugar la Secretaría de Salud ni siquiera ha volteado para acá para revisar nuestro servicio médico, que está abandonado, donde no hay servicio de ginecología ni de pediatría. Y eso que decían que este lugar iba a ser diferente”, expresó.

Poco trabajo penintenciario

En las mesas de concreto al aire libre o al interior de las celdas, decenas de mujeres, cada quien por su lado, hacen trabajos manuales, como tarjetería española, muñecos de papel mache y artículos de rafia, sobre todo.

Esos productos son su esperanza para ganar unos cuantos pesos, ya sea para sus gastos o para sus hijos.

“Las mujeres siempre han demandado una atención diferenciada, pero por regla el sistema general se rige por temas de observancia iguales para todos, hombres y mujeres; pero cuesta trabajo realmente en la perspectiva sobre todo de algunas autoridades, darle un poquito de matiz a estas normatividades, para un mejor tratamiento y atención de la mujer en reclusión”, indica la directora de este centro femenil, Margarita Malo.

Se requiere apoyo para impulsar y fomentar actividades no propias del género, sino de otras que rompan con la idea de que las mujeres sólo puedan hacer manualidades y algunos otros trabajos tradicionalmente realizados por el sexo femenino.

Electricidad, ingeniería y mecánica son otras opciones de trabajo que buscan impulsar las autoridades en este año para las presas, con el fin de que tengan un oficio y se defiendan allá afuera.

Cada vez más jóvenes y más reincidentes son las internas de Santa Martha, las que no acaban de llegar, a veces hasta más de 20 en un día. Algunas han pasado por su entrada hasta siete veces.

“Nunca te olvidaré, María. Te quiero”, se lee en uno de los pasillos de esta prisión, lo que refleja parte de la necesidad de afecto de las reclusas.

Otras, en vez de considerarseles reincidentes, se han convertido en presas habituales que regresan en busca del ser amado, para estar al lado de la mujer que les dio el apoyo y cariño que no encontraron con sus esposos, concubinos, su familia y ni con sus hijos, porque las últimas estadísticas indicaban que 900 recibían visita y 600 no.

La mayoría van quedando en el abandono una vez que reciben sentencia, al conocerse que estarán en el encierro por años.

Otro punto que las desfavorece es que apenas hay tres juzgados especializados en mujeres, por lo que cientos son trasladadas, amontonadas en camionetas, a sus audiencias en los reclusorios Norte, Sur y Oriente.

“En los túneles tenemos que pasar por donde están internos que llegan a manosearnos, donde no hay sanitarios limpios y suficientes, y donde las que son mamás, tienen que cargar con todo y niño y esperar horas y horas, sin comer ni tener un lugar para sentarse”, narran algunas reclusas. “No tienen consideración, incluso cuando hay operativos, lo mismo cargan con teléfonos celulares que con consoladores, vibradores o dildos, como si este no fuera un lugar en donde muchas mujeres tienen años solas y olvidadas”.



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