Ellas ignoran que pueden señalar abusos
Rafael Montes
El Universal

Sábado 08 de marzo de 2008

Campaña en transporte busca incentivar quejas

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Fue en la línea 3 del Metro. Cerca de las diez de la noche. En el andén, poca gente. Estaba sola, volvía de la escuela.

Justo en el momento en que el tren apareció, un hombre se le acercó, la tomó de la cintura, le susurró al oído que no gritara, un objeto filoso la sometía por la espalda, la empujó al fondo del vagón.

El ataque tardó lo que dura el trayecto de la estación Hidalgo a la de Guerrero.

Los pasajeros la observaban, pero se quedaron inmóviles. En un tambaleo del tren, ella logró zafarse de su acosador, se coló entre la gente, dio un paso largo y alcanzó a salir del vagón. Temió que el cuchillo la alcanzara, pero al cerrarse la puerta, vio el reflejo del nombre de la estación: Guerrero. Su atacante se quedó adentro y ella calló la vejación. Estaba muerta de miedo.

A pesar que el Instituto de la Juventud del Distrito Federal ha promovido durante cinco meses la campaña “Respétame. Fuera manos. Acoso cero”, que busca incentivar las denuncias de acoso sexual en el transporte público, la mayoría de las entrevistadas desconocen que pueden hacerlo.

“Es algo que pasa y ya”, comenta Yuryko Díaz, de 17 años, quien a diario viaja en los vagones destinados exclusivamente para las mujeres.

Cuando viajaba en los vagones que se comparten con los hombres, recueda Yuryko, “una señora empezó a gritar, pero toda la gente la vio feo. ‘Ya señora, pásele’, le dijeron”.

Pero hay quienes como Casandra Hernández, de 18 años, que prefiere viajar en vagones donde hay hombres, pues “luego son más amables”.

La campaña “Acoso Cero” forma parte del programa “Viajemos seguras” que promueve el Instituto de las Mujeres del DF, y que a través de volantes y pulseras, que se reparten a jóvenes de 14 a 21 años, se explica que el acoso es castigado con penas de tres a seis años de cárcel a quienes cometan este delito.

Mariana Sánchez, de 16 años, nunca ha sufrido acoso en un transporte público, pero valiente, dice que no le daría miedo denunciar, “no es justo que a nosotras, que no hacemos nada, nos empiecen a manosear”.

“A veces se baja la persona o no hay a quién recurrir, son demasiados trámites o representa una pérdida de tiempo”, dice Leticia Lagunas, de 30 años, al explicar por qué no denunció cuando le tocaron las piernas en el Metro en “horas pico”.



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