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| Fusión de tradiciones adorna otro aniversario de Juan Diego |
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Rebeca Jiménez
El Universal Lunes 10 de diciembre de 2007 |
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df@eluniversal.com.mx CUAUTITLÁN, Méx.— La humedad que guardan los muros de la casa prehispánica donde vivió hace más de 476 años Juan Diego Cuautlatoatzin se deposita sobre los cristales con los que encriptaron los muros de esta centenaria construcción, ubicada en El Cerrito, en este municipio. Cientos de personas visitaron ayer la casa de Juan Diego, obra catalogada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como una edificación del siglo XVI, construida con técnicas y materiales prehispánicos, como el adobe. El INAH y el pueblo de Cuautitlán, bajo la coordinación del extinto cronista municipal Alberto Fragoso Castañares, diseñaron y edificaron un museo de sitio en el lugar donde habitó Juan Diego y donde documentan las cinco apariciones de la virgen de Guadalupe del 9 al 12 de diciembre de 1531. El indio del Tepeyac fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 31 de julio del 2002. En el museo de sitio de la casa de Juan Diego hay vestigios arqueológicos de una recámara, un temazcal, un tlecuylly (fogón de una bodega), una pileta de agua y los restos de la primera ermita erigida en este lugar durante el siglo XVI. En 1963 se registraron los primeros descubrimientos de la casa de Juan Diego, de acuerdo con documentos del INAH. En el lugar también se encontraron sellos prehispánicos, orejeras, cajetes, figurillas zoomorfas, copas pulqueras, ollas, puntas de flecha y un collar de jade de una posible ofrenda. Estos vestigios están en resguardo de la familia Fragoso y se exhibirán en breve en este museo de sito, informó Alejandro Torales López. Música y danzas prehispánicas fueron el comienzo de los festejos del día de Juan Diego Coautlatoatzin en El Cerrito, protagonizadas por grupos como Mayahuel, quienes con teponaztle y caracoles rindieron homenaje al indio del Tepeyac. Más tarde, el obispo de Cuautitlán, Guillermo Ortiz Mondragón celebró una misa con diversas obras sacras interpretadas por las voces del coro Agnus Dei. El acto contó con la preasencia de cientos de cuautitlenses. En El Cerrito la afluencia no fue la misma registrada en unos años anteriores. En esos tiempos, Cuatitlán se paralizaba para festejar a Juan Diego; esta vez fueron pocos los fieles quienes recordaron al indio del Tepeyac.
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