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| Policías contra policías |
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MIGUEL ÁNGEL SERRANO
El Universal Viernes 30 de noviembre de 2007 |
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Cuatro horas de tensión entre elementos de la SSP y judiciales por una extorsión; un agente murió
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miguel.serrano@eluniversal.xom.mx Un helicóptero del Grupo Cóndores de la SSP-DF sobrevoló la avenida Coyoacán para iluminar la zona de conflicto, donde la tensión incrementó sus niveles al máximo pues decenas de policías uniformados y agentes judiciales se apuntaron con sus armas de cargo, unos a otros, esperando el mínimo error que desencade- naría una tragedia. Entre el tumulto, una camioneta Caravan blanca, sin placas y con vidrios polarizados rotos —casi negros—, con más de 40 impactos de bala y seis tripulantes heridos a bordo, fue custodiada celosamente por las policías capitalinas, la Secretaría de Seguridad Pública y la Procuraduría General de Justicia, enemigas en ese momento. Todo inició cuando tres agentes pertenecientes a la PGJDF, en compañía de dos madrinas, salieron presuntamente a las calles durante la madrugada del jueves para extorsionar. Sus primeras víctimas: tres jóvenes de entre 20 a 25 años de edad, quienes salían de una discoteca. Sorprendidos, fueron obligados a subir a un segundo vehículo, pues los agresores viajaban en la camioneta. Paseados por calles de la ciudad, frenaron su marcha en eje 8 Sur José María Rico y Universidad. El objetivo: pedir 10 mil pesos a las familias por cada víctima, acusándola de secuestro. “Los chavitos son delincuentes, señor, antes que los clavemos al reclusorio, afloje 10 mil pesos y así la libra, le ayudamos, ¿cómo ve?”, dijo uno de los policías vía telefónica a Juan Carlos Bussey, padre de una de las víctimas. A sabiendas de que su hijo Ricardo, de 23años de edad, no es un delincuente, frenó su automóvil en Miguel Ángel de Quevedo y Universidad, pues tenía la firme intención de mediar con los judiciales. En ese momento, la patrulla P5901 de la SSP-DF pasaba por el lugar. El padre de familia de 60 años de edad, pidió ayuda y explicó lo sucedido. Una segunda llamada vía celular cambió el punto de reunión; ahora se trataba de la calle Popocatépetl. Orlando Moreno Mendoza, jefe del sector Xotepingo, viajaba en la patrulla y definió el operativo para sorprender a los delincuentes en ese lugar y poder lograr su detención. A las 03:00 horas, varias patrullas arribaron al lugar para sorprender a los delincuentes a bordo de la camioneta Caravan blanca. “Baja el cristal, muéstrame una credencial, rápido”, dijo uno de los uniformados con el arma empuñada, parado frente a la puerta del chofer. La tensión creció, pues no se identificaron; “ni madres”, dijo el copiloto. El acelerador tocó fondo y avanzaron aprisa, no sin antes mostrar las armas de fuego desde la ventanilla del copiloto para disparar en repetidas ocasiones hacia los uniformados. La persecución se transformó en balacera; el fuego cruzado inició entre la calle Rodríguez Saro y avenida Coyoacán; finalmente concluyó frente a las instalaciones de la PGJDF ubicadas en avenida Coyoacán casi esquina con José María Rico. Decenas de judiciales salieron a apoyar a sus compañeros al escuchar los disparos, mientras la avenida se llenaba de patrullas, ambulancias del ERUM y unidades del Semefo. Cerca de 100 uniformados con las armas desenfundadas se enfrascaron a palabras con los judiciales, pues éstos evitaron la detención de sus compañeros con una valla humana para introducirlos a la Procuraduría, mientras otro agente retiraba toda evidencia. De las palabras y ofensas pasaron a los golpes; un uniformado con una metralleta apuntó a la cabeza a uno de los involucrados, de nombre Jorge Acosta Licona. Los ánimos se calmaron cuando jefes de la SSP-DF ordenaron tranquilidad a sus elementos. Las ambulancias llevaron a tres heridos: Juan José Acosta, con tres impactos en la espalda, presunto cómplice; y José Gabriel Jiménez Muñoz, taxista de oficio, con un disparo en el pecho. El tercero, Ricardo López Rosales, reconocido como judicial, fue trasladado a Xoco con heridas en la espalda y cráneo, que luego le causaron la muerte. Los dos judiciales heridos quedaron en calidad de detenidos, mientras Ricardo Bussey, de 23 años, fue trasladado con tres impactos a un hospital privado. Los otros dos jóvenes resultaron ilesos.
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