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Una gestión marcada por pugnas con el Presidente
Alberto Cuenca
El Universal

Lunes 17 de septiembre de 2007

‘Plantón’ de maestros desata descalificaciones

Han pasado tan sólo nueve meses de que inició este sexenio y la administración de Marcelo Ebrard se encuentra enfrascada en una batalla política con el gobierno de Felipe Calderón, expresada en constantes descalificaciones y ataques entre funcionarios.

El inicio de ambos gobiernos se caracterizó por una sana distancia, como en algún momento lo expresó Ebrard, pero a partir de mayo la presencia de los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) frente a las oficinas del ISSSTE, pareció servir como pretexto para empezar con los dimes y diretes.

Funcionarios federales como Miguel Ángel Yunes, director del ISSSTE, y Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo, exigieron en distintos momentos al gobierno del DF aplicar la ley y retirar a los mentores de la vía pública. Los señalamientos arreciaron cuando los manifestantes intentaron construir en plena calle estructuras hechas de tabique y cemento.

La reacción del gobierno de la ciudad no se hizo esperar. El propio Marcelo Ebrard se encargó de responder a cada uno de los funcionarios y primero lo hizo con Miguel Ángel Yunes, a quien el 5 de junio pasado le dijo, a través de una declaración, que “hay quienes quieren sacar los conflictos usando la fuerza, pero yo no creo en esa opción; veo al director del ISSSTE muy nervioso”, expresó.

Después, el 14 de junio, el mandatario capitalino fue aún más severo con Lozano, a quien le mandó decir: “Que se dedique a su trabajo y que estudie la ley del Distrito Federal, que no sea ignorante”.

La réplica vino ese mismo día, con una carta de cuatro cuartillas que Lozano Alarcón le dirigió al jefe de Gobierno y en la cual le recordó que todo funcionario público se compromete a guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen.

Entre una declaración y otra también intervino el secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, quien el 5 de junio dijo que en la capital del país debían encenderse los focos amarillos en materia de seguridad.

En medio de las pugnas, el jefe de Gobierno aclaró durante ese mes que no debatiría con los subordinados de Felipe Calderón, y que si algo debía decirse era con el titular del Ejecutivo federal.

Pareció que el Presidente le tomó la palabra a Marcelo Ebrard, porque el 25 y 27 de junio dijo que es necesario colaborar para resolver problemas como el agua y el drenaje en la ciudad, tema que también ha utilizado el director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), José Luis Luege, para asegurar que la ciudad enfrenta un severo riesgo hidráulico.

Ebrard ha rechazado categórico que exista ese riesgo y ha dicho que el GDF ha tenido que actuar sin apoyo federal para, por ejemplo, iniciar la construcción de plantas de bombeo de aguas negras.

Un momento clave de la confrontación ocurrió el 25 de junio, cuando Felipe Calderón se reunió con los gobernadores perredistas, menos con Ebrard, a quien el Presidente le hizo un exhorto para dejar a un lado las diferencias y trabajar en unidad.

Un día después el jefe de Gobierno dijo que recibirá presiones “para tomarse la foto” en Los Pinos y acusó que los llamados al diálogo tienen un trasfondo político. Ha dicho en diferentes ocasiones que no se tomará esa foto porque ello implicaría dejar a un lado principios y dignidad.



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