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Aplicados no sólo en el trabajo
Mónica Archundia
El Universal

Martes 10 de julio de 2007



Es bueno para las matemáticas y en el Centro de Apoyo al Menor Trabajador de la Central de Abasto es considerado de los primeros de su clase. Durante la madrugada, José Luis, de 11 años, se alquila de diablero o lechuguero y por las tardes cursa el cuarto grado de primaria.

Cuando llegó a la ciudad con su familia procedente de Oaxaca, tenía ocho años; aquí aprendió a trabajar y pisó por primera vez una institución educativa, donde inició su enseñanza primaria y supo de lectura y escritura.

Todos los días, de dos a seis de la mañana, acompaña a su padre a la Central de Abasto donde realiza la limpieza de lechugas o carga la mercancía de los compradores.

Su trabajo es una gran aportación a la economía de su familia pues de lo que gana —entre 100 y 250 pesos diarios—, una parte lo entrega a su madre y con el resto se compra lo que necesite.

Para José Luis Gutiérrez, director de la institución de asistencia privada, el avance educativo de este pequeño ha sido enorme ya que no sólo ha dejado atrás el analfabetismo, sino que se ha convertido en un chico desenvuelto y destacado.

Margarita también estudia en uno de los salones del centro, ubicado en Prolongación Toltecas esquina Canal de Churubusco, colonia San José Aculco, donde las clases inician a la una de la tarde y terminan a las cinco.

Llegó de Veracruz y tiene 14 años. Sus padres venden verdura en la Central y ella se alquila como ayudante de cocina de ocho de la mañana a dos de la tarde por 200 pesos semanales.

Por eso llega tarde a sus clases, pero no la castigan porque en esta escuela los menores pueden ingresar en cualquier momento, inscribirse el día que quieran y abandonar los estudios cuando lo deseen.

“Nosotros somos lo último de lo último en cuestión educativa, el chico se puede integrar a la hora que llega, no hay cuota escolar ni uniformes”, explica Gutiérrez.

La enseñanza se encuentra certificada por la Secretaría de Educación Pública y es impartida en multiniveles (todas las materias de distintos grados educativos).

Sólo hay vacaciones en diciembre —15 días— y además de la enseñanza escolar, los 70 jóvenes inscritos participan en actividades deportivas del Centro y acceden a los servicios que ofrece, igual que lo hacen los 164 menores trabajadores que, como ellos, asisten de manera permanente a este lugar.

El director de la casa explica que durante 2006 fueron atendidos cerca de 600 muchachos, algunos de los cuales acudieron sólo a bañarse, lavar su ropa, leer, usar juegos de mesa, el gimnasio o participar en actividades deportivas.

Sin embargo, estos servicios son considerados por Gutiérrez como complementarios porque los pequeños “lo que buscan es cariño y atención”.

A este espacio la mayoría de los menores llega en total analfabetismo desde zonas marginadas de Michoacán, Puebla, Guerrero, México, Oaxaca y Querétaro.

Se emplean como carretilleros, limpiadores de verduras, diableros.

Hablan dialectos, son ingenuos y nobles, resultan hábiles con las manos y buenos para las matemáticas, afirma orgulloso Gutiérrez, quien con los años ha visto ingresar a 80 menores al bachillerato.

Para ellos, el Centro —con 15 años de trabajo— se ha convertido en refugio donde reciben además de educación una palabra halagadora, de esas que no están acostumbrados a escuchar.



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