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Milpa Alta, un rincón “olvidado” de la capital

Como en cualquier estado de la República, los letreros en sus calles dicen “México” para indicar la salida de su territorio y llegar a cualquier otra delegación del DF
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Video Milpa Alta, zona de marginación.
Los habitantes de la demarcación hablan sobre los padecimientos de esta zona, a pesar de todo, los lugareños no dejan sus tradicionales fiestas que han adquirido reconocimiento internacional

Viernes 22 de enero de 2010 TEXTO SARA PANTOJA sara.pantoja@eluniversal.com.mx | El Universal
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Como en cualquier estado de la República, los letreros en sus calles dicen “México” para indicar la salida de su territorio y llegar a cualquier otra delegación del DF.

Para ir de la cabecera de Milpa Alta, en el sur, al Centro Histórico de la ciudad de México en transporte público, se necesitan unas dos horas, y a veces hasta tres si hay algún bloqueo vial en la carretera que conecta con Xochimilco.

En ninguno de los 12 pueblos de la llamada “hermosa provincia del DF” hay cine, teatro, centro comercial ni supermercado; mucho menos un hotel.

En cambio, tienen unas 700 festividades al año, una economía basada en la siembra del nopal y uno de los últimos rincones donde se habla la lengua náhuatl en la capital del país.

Es la más despoblada de las 16 delegaciones. En 2005, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que tenía poco más de 115 mil habitantes. También registra el índice más bajo de delincuencia: de enero a septiembre de 2009 ocupó el último lugar en la tasa delictiva por delegación, según la Procuraduría de Justicia del DF.

Esto contrasta con el dato de que es la delegación con el analfabetismo más alto: 5.6% de sus pobladores mayores de 15 años no saben leer ni escribir.

Sus índices de alcoholismo y violencia familiar también son de los más altos en todo el DF. “Aquí tenemos mucho ese problema por las costumbres. Las mujeres se dedican al hogar y a lo que diga el esposo, y éste tiene problemas con el alcohol”, cuenta una joven que da asesoría en una casa junto a la parroquia.

La vida con las festividades

Milpa Alta es una de las delegaciones donde más se conservan las celebraciones religiosas. Datos oficiales indican que en todo el año hay unas 700 festividades patronales, casi dos por día.

Ello explica la existencia de los “mayordomos”, quienes año con año exigen presupuesto al jefe delegacional para organizar la fiesta del pueblo; 50 mil pesos para cada mayordomía es una cantidad recientemente exigida por pobladores.

Entre los milpaltenses hay quienes lamentan que a la gente le importe más la realización de una fiesta tradicional, que contar con un lugar con ofertas interesantes de cine, teatro y música.

“Bueno fuera que hubiera eso. Aquí para ir al cine hay que tomar un micro que hace dos horas a Villa Coapa, o un poquito menos a Tláhuac. Nos queda más cerca ir a Chalco”, cuenta Yereny Ramírez, de 17 años de edad.

En esos centros comerciales es donde ella, como muchos jóvenes, compran ropa y zapatos, o buscan diversión. Otros, dice, se van a fiestas que organizan los amigos en sus casas o en los bailes del pueblo. “A veces traen a bandas conocidas y la gente baja de los pueblos”.

—¿Dónde se divierten los chavos, a dónde van cuando salen de la escuela?

—A las canchas de básquet o de futbol. Hay un deportivo y creo que se puede jugar frontón —dice Yereny.

Tampoco hay discotecas, bares o antros. Lo más parecido son los depósitos de cerveza, algunos hasta clandestinos, donde se toma y se escucha música.

Rincón para el habla antigua

En los pueblos de Milpa Alta la lengua indígena más hablada es el náhuatl; luego están el otomí, el mixteco y otras cuyas comunidades lingüísticas no llegan al centenar de personas.

Inocencio Morales, profesor de náhuatl, es uno de los mayores impulsores de la enseñanza y conservación de esta lengua indígena. Con la autoridad que tiene, asegura que los jefes delegacionales no han mostrado un verdadero impulso para preservarla.

Habitantes del barrio de Santa Ana Tlacotenco cuentan que esta zona es una de las pocas en donde todavía se puede escuchar a los pobladores conversar y hasta bromear en náhuatl.

Zona de conservación

Ubicada al sur de la ciudad, en los límites con los estados de México y Morelos, en Milpa Alta se conserva el más alto porcentaje de zona boscosa de la ciudad, 78%, que comparte con la delegación Tlalpan. Toda la demarcación es zona de reserva cológica, donde 95.5% corresponde a superficie rural; 3.5% a zonas para uso habitacional; 0.5% a equipamiento urbano y rural, y sólo 0.5% se considera mixta, según datos oficiales del gobierno delegacional.

Con estas características, la actividad económica principal es la siembra y cosecha del nopal. Sin embargo, en los años 50 lo que imperaba era el cuidado del maguey, de donde se obtenía el famoso pulque que le dio fama a la localidad, explica Francisco Chavira, ex jefe delegacional y cronista de la zona. Con la aparición de asentamientos irregulares y el aplanado de las calles, también cambió la actividad económica, y comenzaron con la siembra del nopal.

Por las calles y avenidas, particularmente en la zona alta, es común encontrar terrenos en donde se cultiva y se recolecta esa planta espinosa.

Salvador Sanchez, trabajador en un cuarto de hectárea —mejor conocido como “cuarterón”—, explica que luego de la recolecta en cajas, los comerciantes parten a la Central de Abasto en la madrugada. “Diario llevamos unas 30 cajas, les caben unos 100 nopales y nos las pagan como a 150 cuando hay poco nopal, pero cuando hay mucho, se abarata y nos pagan la caja a 15 o 20 pesos”.

La producción en Milpa Alta le ha dado el reconocimiento para organizar la Feria del Nopal, una de las más importantes del país. Como ésta, también se celebra la Feria del Mole en San Pedro Atocpan. Ambos productos han merecido reconocimientos a nivel mundial.

Escasa oferta educativa

La lejanía de Milpa Alta del centro de la ciudad ha relegado su oferta educativa. Menos de 10 planteles a nivel medio superior existen en los 12 pueblos, incluyendo una preparatoria del GDF.

A nivel superior las oportunidades son casi nulas. En los límites con el estado de México y Morelos existe un centro de investigación del IPN, y recientemente comenzó la construcción de un plantel de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Por eso los jóvenes ven limitadas las posibilidades de continuar sus estudios. Pocos son los que logran ingresar a la UNAM, y para ello se ven obligados a cambiar su lugar de residencia, o simplemente dependen de un autobús que proporciona la UNAM para quienes viven en el límite sur de la ciudad.

 



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