sara.pantoja@eluniversal.com.mxCinco años trabajó en una empresa constructora. Durante ese tiempo, Nayeli Martínez nunca tuvo vacaciones ni tiempo ni dinero. Su puesto era de secretaria ejecutiva bilingüe, pero hacía más que eso: nómina, cotizaciones, compras, contaduría, manejo de caja chica; correteaba a los proveedores y arreglaba urgencias.
En septiembre pasado le informaron que se acababa el último proyecto de la constructora, que no había ni una obra más y que no podrían mantener al personal. Era un proceso que ella vio pasar decenas de veces por su oficina, así que negoció su “renuncia voluntaria” y obtuvo una cantidad mayor de lo que la empresa le ofreció. “Como el dinero en las manos te hace cosquillas y se te va como agua” guardó su liquidación en el banco, tomó unos días de descanso y comenzó la búsqueda de empleo.
Nayeli estuvo a punto de administrar una tienda Oxxo, pero se dio cuenta que estaría aún más “esclavizada” que antes. Tampoco tendría tiempo para ver a su hija de siete años que le rogaba que ya no trabajara tanto. “Ya ni ganas me dieron de ir a dejar solicitudes, siempre te salen con que nosotros te hablamos y nada”.
Sus padres, que años atrás habían manejado un negocio de comida en la delegación Magdalena Contreras le sugirieron retomar el proyecto en el propio garaje de su casa.
En el último fin de semana de octubre pintó paredes, rescató muebles viejos, compró cuatro mesas de plástico con sus respectivas sillas, manteles, floreros, cafetera, fue al centro a comprar vajilla y cubiertos. Invirtió 10% de su liquidación y con el pensamiento de “en nombre sea de Dios, vamos a ver qué pasa”, abrió el negocio. Su primer cliente le pidió “algo que me quite el hambre” y hasta la fecha continúa comiendo en el lugar. El primer día vendió tres comidas, pero la cifra se ha incrementado con gente que trabaja en oficinas y escuelas de alrededor.
En el negocio ella atiende las mesas y su mamá cocina, mientras que, cuando pueden, sus hermanas le ayudan. “Esto está difícil, pero la gente no puede dejar de comer”, considera y confía: “Vamos arrancando, no me desespero, si te desesperas ya bailaste y más ahorita en estos tiempos”.
El próximo fin de semana, su negocio de comida cumplirá un mes de abierto.