sara.pantoja@eluniversal.com.mxEntre los alumnos de educación básica en el Distrito Federal, 30% padecen obesidad, lo que es “una epidemia que tiene casi igual relevancia que la que tenemos con la influenza”, aseguró Luis Ignacio Sánchez Gómez, administrador federal de Servicios Educativos en el DF de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Cifras de la dependencia federal indican que hay alrededor de un millón y medio de estudiantes en ese nivel educativo.
Datos de una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública revelan que todos los días los niños permanecen tres horas sentados frente a la televisión, muchas veces comiendo y sin actividad física alguna, agregó el funcionario.
En entrevista, dijo que también se detectó que en un día normal de clases, hacia las 10 de la mañana los menores ya ingirieron alimentos hasta tres veces. “Antes de salir de casa las mamás les dan algo de comer; al llegar al plantel se les da el desayuno escolar, y más tarde salen a recreo y comen su lunch.
“Tenemos un problema serio, muy importante de obesidad en las escuelas y hay que trabajarlo. La obesidad en los niños es un problema endémico al que hay que entrarle de fondo. Hay que tomar decisiones”, reiteró.
Antojos dentro y fuera
El funcionario de la SEP aceptó que sobre los productos que se venden en cooperativas —como tacos de guisado y sopas instantáneas—, las autoridades deben cuidar que tengan los contenidos alimenticios apropiados, y generar dinámicas de activación física “mucho más agresivas”.
Sánchez Gómez dijo que “nosotros podemos ir cuidando esa parte, pero tenemos a los niños cuatro horas de las 24 del día. Tenemos que hacer que todos los actores sociales que participan en la alimentación de los niños estemos en la misma sintonía”.
El funcionario sugirió a los jefes delegacionales en el DF revisar los puestos ambulantes de comida que se instalan en los alrededores de las escuelas.
En una visita por planteles escolares, se observó que en puestos ambulantes se venden chicharrones y papas fritas con chile, tamales en torta y atole, tortas, sándwiches, hot cakes y hot dogs, refrescos, palomitas, chocolates, sopas instantáneas, galletas y dulces con alto contenido de azúcar y saborizantes. En el menor de los casos se observó la venta de fruta picada y yogur.
“El problema es que lo que consumen los niños afuera de las escuelas tiene altos contenidos calóricos y se dan en una diversidad de productos. Somos muy antojadizos, a todos se nos antojan los chicharrones, los guisados, pero no corresponden con la dieta que deben tener, sobre todo con el desgaste físico que deberían tener los niños en el desarrollo”, dijo el funcionario.
Necesario, promover actividad
Luis Ignacio Sánchez Gómez sugirió a las madres poner más cuidado en la alimentación de sus hijos, y motivar en ellos una mayor activación física a través de la realización de ejercicio diario.
Las autoridades ya trabajan en una campaña de “recreos activos” que consiste en pintar en los patios “aviones” y demás juegos que utilizan los niños para que se muevan, “en vez de que estén sentados comiendo”.
Lo más importante, dijo, “es que todos los actores que estamos involucrados con la formación de los niños tenemos que ir caminando en la misma línea, en términos de alimentación, de activación física y de actividades que tendrían que estar haciendo los niños para evitar que siga creciendo el sobrepeso”.