En los panteones de la ciudad de México hay muertos de los que ni en su día se acuerdan. Las tumbas lucen abandonadas y cruces rotas contrastan con los sepulcros arreglados con flores frescas.
Los visitantes a estos lugares aseguran que “olvidarse de las tumbas de sus seres queridos es un proceso natural”, otros dicen que las actividades de la vida cotidiana son la razón del distanciamiento, aunque la mayoría coincide en que “con llevarlos en el corazón, basta”.
Irene Suárez Flores y su familia acostumbraban acudir al cementerio a visitar los restos de su abuela, pero “por mucha razones” dejaron de hacerlo desde hace casi un año.
La tumba de Alondra
El olvido también se nota en la tumba de Alondra, una niña de nueve años. Del pequeño sepulcro sólo se ve la cruz que dice su nombre y la fecha en que falleció: 22 de febrero de 1992.
Ayer, cuando regresaron al panteón civil de San Lorenzo Tezonco, en la delegación Iztapalapa, la hierba crecida y los hoyos de exhumaciones que no fueron tapados, les complicó ubicar la tumba de la menor.
Pasaron más de dos horas hasta que por fil un panteonero les ayudó a ubicar el sepulcro y a limpiarlo para destapar la estructura donde descansan los restos de la niña que yace allí.
La tradición del 2 de noviembre marca que hay que poner ofrendas y visitar a los muertos en el panteón porque es el día en que los espíritus regresan a la tierra de los vivos.
Los estragos del tiempo
Sin embargo, no todos lo hacen. Los mismo tumbas de niños que de adultos resienten los estragos del tiempo, y han sido sepultadas por la hierba, la tierra y la basura que deja el olvido.
“La gente se olvida de sus muertos, es de lo más natural”, aseguró Irene Suárez, quien en compañía de su hermana Esther y su prima Dinora Manzano colocaban flor de Cempasúchil en la tumba de su abuela.
Felisa Romero llegó después de dos años a visitar la tumba de su padre, “lo bueno es que todavía tiene la estructura por eso la encontré rápido, porque hay otras que ya no la tienen”.
La razón es que se mudó a Toluca, estado de México, y la distancia le complica visitar el panteón con más regularidad, “pero hoy es un día que se tiene el tiempo suficiente”, dice.
Según los panteoneros, mucha gente sólo visita a sus muertos el 2 de noviembre, cuando es el día del padre, la madre o el cumpleaños de la persona fallecida.
Pero a otros ni en esas fechas se les recuerda, así lo indican las tumbas y cruces rotas.
A lo lejos dos hombres y un niño, que se negaron a dar sus nombres, batallaban por encontrar la tumba de su abuelo.
“Nos dijeron que es en la fila 41”, decía uno de ellos muy seguro. Mientras el otro respondía “pero ya buscamos por todos lados compadre, y nada”.
Rastrean tumbas
Por segundo día consecutivo, habían tratado de encontrar el sepulcro de don Rafael, pero esta vez tampoco tuvieron éxito. “Ya preguntamos en las oficinas y según los registros no lo han exhumado, entonces por aquí deben de estar”, dijo uno.
Un grupo de niños equipados con palas, tijeras y picos ayudan a encontrar tumbas.
“Les ofrecemos encontrar a sus ser querido y el deshierbe para que ellos nada más pongan las flores”, explicó Enrique Brito, un joven de 16 años, que además estudia la preparatoria.
El costo varía entre los 30 y los cien pesos, “depende de la suciedad que tenga el lugar”.