Las cajas de muerto más baratas son conocidas por quienes se dedican a venderlas, como “las tecateras”, debido a que la lámina con la que están fabricadas es tan delgada como la que emplean las latas de cerveza.
Hay paquetes de hasta 3 mil pesos para enterrar a un difunto, y ante la crisis, ha crecido la demanda de las tecateras.
Juan Ortega, encargado de la Embalsamadora Grosmman, narra que en muchas funerarias se “engancha” al cliente ofreciendo el féretro, traslado y arreglo de documentación en el panteón, a tal precio. Sin embargo, cuando los deudos observan la calidad, piden casi siempre algo mejor.
Los ataúdes reutilizados o también conocidos como catafálticos, son otra de las opciones para este tiempo de crisis.
Se trata de cajas que se usan para aquellos que serán cremados. El cadáver sólo permanece en él unas cuantas horas para ser velado, pero luego es reutilizado. Así el precio se reduce, pero no siempre se le informa al cliente que se trata de un producto que ya fue usado y fumigado, como lo marca la norma.
También, la modernidad ha alcanzado muchas mentalidades, por lo que la incineración es ahora la principal demanda. “De los servicios que nosotros damos, el 90% ya es de cremaciones, pues ya casi no hay espacio en los panteones, y es algo muy práctico”, indica Juan Ortega.
Discriminados
Camisetas del equipo de futbol favorito, son una de las solicitudes más comunes que se reciben en esta embalsamadora, para el arreglo de un difunto que era aficionados al balonpié.
El colocarle el banderín del equipo sobre el féretro, completan el cuadro.
Hay otros a los que se les visten sus mejores ropas, y otros más que por olvido, no se les cubre más que con la tela del mismo ataúd, porque la familia no les llevó nada que vestir. Entre el recuento de la Embalsamadora Grossman, resalta el caso de un homosexual-travesti, quien gustaba llevar el pelo largo y rubio.
Al morir, su familia no respetó su apariencia física femenina, y pidió a los embalsamadores que le cortaran el cabello y se lo pintaran de negro.
La finalidad era que no pareciera una mujer. Caso contrario fue el de una familia oaxaqueña, que al morir su pariente homosexual, le consiguieron un vestido de novia.
El ropaje blanco y el velo acompañaron al difunto de regreso, a su pueblo natal, en donde se aprecia la homosexualidad.