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“Bullying”: guerra, entre mujeres

La Codhem advierte de un aumento en la violencia verbal, psicológica, social y física en distintos niveles, tanto en ambientes laborales como educativos
Sábado 15 de agosto de 2009 TERESA MONTAÑO teresa.montano@eluniversal.com.mx | El Universal
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TOLUCA, México.— La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (Codhem), alertó sobre un importante aumento de los casos de bullying entre mujeres dentro de los centros educativos mexiquenses, lo que establece claramente el nivel de violencia que se ha alcanzado en las aulas.

Este tipo de violencia de mujeres como una forma de ejercer “el poder” sobre otras, —principalmente entre adolescentes de secundaria y preparatoria— se caracteriza por la práctica de medidas de “segregación” orientadas a doblar psicológicamente a las víctimas, además de lanzar difamaciones y actos abiertos de menosprecio, indicó Antonia Lagunas Ruiz, especialista del organismo en el ámbito de la psicología.

Destacó que el bullying es una forma de “violencia” en distintos niveles, que se observa tanto en ambientes laborales como educativos y consiste en agresiones verbales, psicológicas, sociales y físicas en los casos más extremos, aunque en el caso del bullying femenil se trata de agre- siones veladas cuyo objetivo es la segregación social.

De acuerdo con especialistas de la Codhem, existen dos formas básicas ya identificadas del bullying escolar: el primero es el directo que se da sobre todo entre niños de educación básica y que consiste en agresiones físicas como golpes, patadas o palizas de uno o varios niños hacia otro; mientras que el bullying indirecto es más frecuente entre adolescentes de secundaria y preparatoria y se caracteriza por una violencia que incluye la ridiculización, los rumores difamatorios y el hostigamiento abierto con acciones humillantes hacia la víctima. Aseguró que en el fenómeno del acoso escolar, las agresiones que se presentan entre adolescentes varones son principalmente físicas y verbales, mientras que las mujeres recurren en mayor medida a la “ley del hielo”.

Comentó que principalmente los jóvenes que sufren el divorcio de sus padres o violencia intrafamiliar, sienten la necesidad de llamar la atención en su escuela, e incurren en salidas falsas como el alcohol y la agresión, para dominar a sus compañeros a través del acoso, las peleas y los conflictos.

Aída Lizeth es una chica de segundo grado de secundaria que en la actualidad se encuentra en tratamiento psicológico al haber sido víctima de bullying escolar.

Jamás pensó siquiera que su tez blanca, pelo negro, rizos largos y ojos grandes, así como su éxito en algunas asignaturas —química y física—, se convirtieran para ella, más que en cualidades aliadas, en sus peores defectos dentro del aula. La discriminación hacia Aída surgió casi imperceptiblemente en la clase de educación física cuando nadie, absolutamente, dice, quería ser su compañera para hacer los ejercicios que ponía el instructor.

Luego, el “extraño” distanciamiento de sus compañeras en la clase de deporte, pasó a la hora del recreo, cuando una a una “sus amigas” la fueron abandonando sin mediar explicación alguna.

Del distanciamiento, relata, pasaron a los “chismes sin fundamento”… que “era una pu... que me acosté con tal chavo, que era amante de tal maestro, que era una sidosa, que era una presumida, que olía mal y finalmente me convertí en la apestada de la clase”, cuenta con cierta amargura.

Aurora, su madre, asegura que el proceso de bullying al que estuvo sometida su hija por tres meses consecutivos, simplemente la dobló, ya no se le veía sonreir.

De la tristeza y el llanto fácil, pasó a la depresión casi directamente y con muchas dudas y preguntas que nadie de su familia sabía cómo responder.

Las quejas en la dirección jamás dieron resultado y las amenazas directas de Aurora contra la chica “responsable de todo”, tampoco. La única salida al final fue cambiarla de escuela y empezar de nuevo, dice.

 

 



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