df@eluniversal.com.mxEn la base de la Ruta 14, en la avenida Amador Salazar, en Santa Martha Acatitla, espera su turno para salir la unidad 0140883, con vidrios polarizados, escobas entre los asientos, y reggaetón para acompañar el viaje. Su destino será la base en el Metro Portales.
Los vidrios oscurecidos apenas dejan ver las calles por las que circula. Pero el chofer ve menos que los pasajeros porque es bajo de estatura y su asiento hace que el volante le quede a la altura del rostro.
Tiene que alzar la cara para ver las estrechas calles de la colonia Santa María Aztahuacán, por donde serpentea esquivando peatones y autos, haciendo sonar el claxon para abrirse camino. A esa altura, el chofer, cuyo nombre se desconoce porque no hay tarjetón a la vista, no puede ver los topes que hacen brincar a los pasajeros.
El viaje entre calles no es muy diferente a subirse una monataña rusa.
La unidad sale de la calle Lázaro Cárdenas, junto a la Vocacional 7, para incorporarse al tercer carril de la calzada Ermita Iztapalapa, y no a la lateral, como debiera hacerlo según el Reglamento de Tránsito Metropolitano. En el cruce de la calle 37 y Ermita, un camellón separa la lateral de los carriles centrales por donde debe ir. Prefiere la vía de alta velocidad, donde sube y baja a personas que le hacen la parada sobre el camellón.
El conductor hace un alto afuera de la estación UAM–I de la línea 8 del Metro, en el cruce de Ermita y la avenida San Lorenzo; sorprende al chofer manejando a exceso de velocidad. Por el espejo retrovisor ve una patrulla atras de su micro. Es mucho arriesgue pasarse el alto. Prefiere esperar, pero lo hace sobre el paso cebra de los peatones.
Aceleran para ganar pasaje
Hasta ese punto no han subido más de 15 pasajeros, y el calor ya es insoportable. En la calle 5 de Mayo, a unas cuadras de la sede delegacional de Iztapalapa, detiene el micro frente a una tiendita: es tiempo de mandar al chalán por los refrescos.
Al cabo de dos minutos, vuelve el ayudante, que no pasará de los trece años, con un par de refrescos en lata, ante la mirada indignada de los pasajeros. La marcha continúa después de un par de chasquidos de lata.
En el cruce de la calle 6 y eje 3 Sur, a la altura de la estación Escuadrón 201, el chofer decide no perderse ningún pasaje del otro lado del eje, en la avenida Agustín Yañez. A la derecha hay otro microbús del mismo ramal que aguarda con igual impaciencia el cambio de luces.
Los motores rujen, el rojo se hace verde y en dos segundos las unidades están del otro lado. Se ignora la velocidad, puesto que el tacómetro no funciona. El microbús 0140883 volantea para rebasar y gana la improvisada carrera. Su premio: tres pasajeros.
Otra luz roja se le aparece en el cruce de la calle Albert y la avenida Plutarco Elías Calles, a unas cuadras del Metro Portales, y esta vez no hay patrullas detrás, así que se pasa el alto. Dobla en la calle Emperadores para incorporarse a Tlalpan. Son tres cuadras con topes, uno de los cuales alcanza a distinguir cuando se encuentra a centímetros de él. Frena de súbito y más de dos pasajeros apenas tienen tiempo de sujetarse.
Al incorporarse a Tlalpan hay dos pasajeros dispuestos a llegar hasta el metro Portales. Seis cuadras con el acelerador a fondo por carriles centrales. Ya no hay pasaje qué ganar, ahora hay que llegar lo más pronto posible para ganarse una vuelta más.
En un solo viaje, el chofer de la unidad 0140180 violó las fracciones I, II, III, IV, y VII del Reglamento de Tránsito Metropolitano, lo que equivale a una sanción de 260 días de salario mínimo. Es decir, habría tenido que pagar una multa de 13 mil 507 pesos.